Los viajes del Papa

Ya Navarro Valls salió en defensa de Juan Pablo II cuando se levantaban críticas a sus viajes. Afirmó que mientras los famosos viajan con un numeroso séquito e incontables maletas, y se llevan desde el cocinero a la peluquera alojándose en hoteles lujosos, este Papa se acomodaba en precarios alojamientos de instituciones religiosas, a veces sin agua caliente ni aire condicionado y se sometía a sus horarios altamente madrugadores, a una comida pobre y con un equipaje mínimo. Sus jornadas agotadoras dejaban para el arrastre a Navarro Valls que necesitaba días para recuperarse de la maratoniana evangelización.

Lo mismo puede decirse de Benedicto XVI, cuyos frutos en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney no se han hecho esperar: los dos principales seminarios cuentan desde entonces con 15 jóvenes más, a la vez que no pocos han decidido convertirse a la religión católica.

 

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