La voz del lector

Vigilia de San José

Esta fiesta la estableció para la Iglesia universal

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Organizada por la Delegación de Familia y Vida con la Asociación Evangelium Vitae, por segundo año consecutivo se celebró, en Valladolid,  una Vigilia de San José en la Basílica de la Gran Promesa el 30 de abril,  víspera de San José Obrero. 

Esta fiesta la estableció para la Iglesia universal, el Beato Pío IX en 1847, y, en 1955, el Papa Pío XII  fijó su memoria litúrgica el 1 de mayo, coincidiendo con el Día Mundial del Trabajo ( esta celebración la instituyó, en 1889,  la Segunda Internacional Socialista en París). 

El Papa León XIII, en su encíclia social Quamquam pluries, resaltó el papel del trabajo en la vida de San José y su ejemplo para los trabajadores. El Año pasado, toda la Iglesia celebró el Año de San José, declarado por le Papa Francisco en su Decreto 'Patris Corde´ para conmemorar los 150 años del decreto Quemadmodum Deus, del papa Pío IX, que declaraba a san José como patrono de la Iglesia. 

Oficiada la Santa Misa por el Rector del Santuario, don Julio de Pablos, en su Homilía resaltó el valor del trabajo en su aspecto social y como camino de santidad. Tras poner en valor incluso las tareas humildes, dijo, entre otras cosas, que “ el trabajo es un medio para cooperar con Dios para la obra de la Creación, y dignifica al hombre”; que “San José trabajaba con sus manos para que María y su hijo tuvieran un sustento”. Resaltó la importancia del “trabajo ofrecido constantemente al Señor, cauce de santificación de nuestra vida”, y pidió por los que no tienen trabajo .  Exclamó: “¡Cómo agrada a Dios el trabajo por amor a Dios!”. Precedió a la Santa Misa, el rezo del Santo Rosario, en una de cuyas moniciones se pidió “por los empresarios, para que sepan cultivar un espíritu de familia con sus trabajadores y les apoyen y ayuden en sus necesidades personales y familiares”.

En el Exordio, un padre de familia numerosa expresó: “San José es ejemplo de vida de familia como esposo fiel y padre amoroso,  y un referente inigualable en el mundo del trabajo; debemos implorar su protección para la Iglesia, para la familia, para los trabajadores…”. Se fijó en la importancia de la presencia del padre en la maduración afectiva de los hijos,  que  “el niño se relacione con él y sienta que le quiere”; también, en el tema educativo, pues “sus criterios religiosos y morales le darán, al hijo,  convicciones que le guiarán en la vida” . En las Preces, una madre de familia pidió “que se reconozcan y valoren las capacidades que Dios ha dado al varón para amar y dar seguridad a la esposa y a los hijos”. En las ofrendas, se presentó un gran ramo de claveles como símbolo del amor del hombre a su mujer, “en la que descansa el corazón de su marido”.

 

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