Una pareja rota, un asesinato y muchas mentiras: la serie de Netflix que juega con tu mente
Una historia contada por dos voces
Inspirada en la novela homónima de Alice Feeney, la serie se estructura a través de las versiones enfrentadas de sus protagonistas: Anna, una reportera marcada por un pasado trágico, y Jack, un sheriff local con secretos enterrados. Cuando ambos vuelven a coincidir por un caso de asesinato en un pueblo aparentemente tranquilo, los recuerdos, las tensiones y las sospechas resurgen con fuerza.
El guion juega con la subjetividad. Cada personaje tiene su propia interpretación de los hechos, lo que obliga al espectador a tomar partido y a cuestionarse continuamente qué es real y qué es manipulación emocional.
Relaciones en el centro del suspense
Más allá del crimen, lo que sostiene la tensión es la relación entre Anna y Jack. La narrativa se apoya en sus silencios, en lo que callan más que en lo que dicen. Las heridas sin cerrar, los errores del pasado y una atracción todavía latente convierten cada escena en un duelo emocional.
El pequeño pueblo donde transcurre la historia actúa como un personaje más: opresivo, lleno de miradas inquisitivas y rumores. En este entorno asfixiante, el espectador se convierte en testigo de una espiral de desconfianza que pone a prueba todas las lealtades.
Un formato breve, una intensidad sostenida
Con solo seis episodios de unos 45 minutos, Él y ella mantiene un ritmo constante sin perder profundidad. Cada capítulo ofrece nuevas pistas, pero también desmonta certezas previas. El uso de flashbacks añade capas de complejidad, mostrando a los personajes en diferentes momentos de su vida y revelando detalles que alteran el significado de lo que vemos en el presente.
La interpretación de Bernthal destaca por su intensidad contenida, mientras que Thompson imprime a Anna una mezcla de fragilidad y firmeza que resulta hipnótica. Su química en pantalla sostiene la tensión emocional sin necesidad de artificios.
Un final que divide opiniones
El desenlace no es complaciente. Dos giros inesperados en los últimos episodios reordenan todo lo anterior y pueden resultar divisivos para quienes esperaban una resolución más clásica. Sin embargo, esa ambigüedad es coherente con el planteamiento de la serie: en esta historia, todos tienen algo que ocultar.
Él y ella no inventa nada nuevo, pero acierta al priorizar lo emocional sobre lo sensacional. El crimen es solo el detonante; lo realmente perturbador es descubrir cómo las personas más cercanas pueden convertirse en extraños cuando la verdad sale a la luz.
