Los nuevos radares de la DGT
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La Mirada Crítica

Los nuevos radares de la DGT. Una cuestión de credibilidad

Años tras año, cuando llegan las vacaciones de Semana Santa, la DGT (Dirección General de Tráfico) siempre guarda alguna sorpresa para los conductores, con independencia de las llamadas a la prudencia.

Este año viene en forma de pequeños radares con tecnología láser, muy difíciles de detectar visualmente por su tamaño y de gran versatilidad. Pueden ir a bordo de las motocicletas de la Guardia Civil de Tráfico e instalarse fácilmente en los guardarraíles o sobre un trípode.


Manuel Reyes

De la misma forma que unos grandes almacenes publicitan la llegada de la primavera con rebajas y otros tipos de gangas, la DGT (Dirección General de Tráfico) asimismo aprovecha todos los años el inicio de esta bonita estación para difundir alguna noticia de gran calado que afecta a los conductores o, mejor dicho,  a sus bolsillos.

La sombra de la sanción vuelve a sobrevolar amenazadora sobre las cabezas de los automovilistas. Coincidiendo con la operación Semana Santa, Tráfico va a estrenar unos innovadores cinemómetros de gran versatilidad a la hora de instalarlos, pequeño tamaño y grandes prestaciones tecnológicas.

Parece ser que la DGT pretende con estos dispositivos parar al infractor y comunicarle en el acto la sanción para evitar la picaresca con los puntos del carné.

La primera pregunta que surge es si estos cinemómetros van a hacer mediciones en contra de la marcha, lo que supone fotografiar de frente, con lo cual el derecho a la intimidad una vez más por los suelos. Pero la pregunta principal es lo que se pretende.

Según la DGT, evitar la siniestralidad derivada de los excesos de velocidad. Un argumento que no sirve para una gran mayoría de conductores o contribuyentes, que solo ven afán recaudatorio en este tipo de medidas, una perversa forma más de recaudar, de hacer caja. Evidentemente las intenciones van por ahí. La DGT tiene un grave problema de credibilidad, lo mismo que la Administración.

Cuando se comprueba en qué puntos de un trazado se coloca un control de velocidad móvil, los resultados son los mismos. En una recta sin peligro y, a ser posible, cuesta abajo o en un tramo de autovía con una absurda limitación a 100 km/h durante algunos kilómetros, únicamente justificada por una curva un poco complicada al inicio de dicho tramo.

En este último supuesto pillan al conductor respetuoso con los límites, que no quiere problemas de multas, pero ha cometido el pecado de llevar activado el regulador de velocidad a 120 km/h. Estos conductores que viajan a velocidad legal constante tienen en la monotonía un gran factor de riesgo. La monotonía invita a relajarse, a bajar la guardia, constituyendo la antesala de la somnolencia.

El grave problema de credibilidad de la DGT es casi inherente a la propia institución. Campañas de mal gusto o polémicos directores generales han contribuido a ello. Ahora llegan a la conclusión de que hay que extremar la vigilancia en las carreteras convencionales, escenario donde se producen ocho de cada diez accidentes. Un hecho ya constatable cuando era Director General Pere Navarro, quien aún así se dedicó a sembrar de radares fijos toda la red de autovías del Estado.

Otro Director General, Miguel María Muñoz Medina, se hizo famoso por: “Mi objetivo son 0 accidentes”. Pretender 0 accidentes es jugar a ser Dios y olvidarse totalmente del factor humano. Cosa bien distinta es poner todos los recursos necesarios  para reducir al máximo la siniestralidad y, sobre todo, minimizar sus consecuencias. El actual Director, Gregorio Serrano, que sorprendió en su día a propios y extraños por su gran experiencia en el manejo de las redes sociales, ha secundado al Ministro del Interior,  Juan Ignacio Zoido, en la presentación en vísperas de Semana Santa de la llamada Patrulla Integral.

El Ministro Zoido se siente totalmente orgulloso de este innovador modelo de vigilancia en carretera, denominado Patrulla Integral. Según el ministro , la Guardia Civil de Tráfico es la única policía europea que lleva la moto equipada con etilómetro portátil, lector de drogas portátil y cinemómetro láser ligero. Todo un equipo de campaña que proporciona mucha flexibilidad en los controles de velocidad. Habría que preguntar qué opina de todo esto la sufrida y abnegada Guardia Civil de Tráfico.

Este orgullo del ministro es similar al que suscitó en su día el radar aerotransportado Pegasus, una tecnología en la que también España era pionera en Europa. Preferiría que España fuera pionera o ejemplo en otras cuestiones. Bienvenida la labor de vigilancia, que ya realizaban los helicópteros de la DGT antes de transportar a Pegasus,  para multar al irresponsable que adelanta sin visibilidad, con línea continua. Sin embargo no tiene mucho sentido utilizar un helicóptero para sancionar a un conductor que circula a 105 km/h en una carretera de la red secundaria sin apenas tráfico y con velocidad limitada a 90 km/h.

Si tanta importancia tiene en algunos accidentes de tráfico concretos recibir asistencia sanitaria durante los primeros 20 minutos, igual habría que plantearse dar otro tipo de empleo al helicóptero.

La Administración, a modo de hermano mayor, debería dar ejemplo al administrado, el hermano menor. Para exigir, hay que exigirse.

Desgraciadamente no es así. Desde esta misma sección ya se alertó de los peligros que oculta la red viaria con las fuertes lluvias caídas. Cuando se seca el asfalto y desaparece el agua de las balsas, emerge otro gran problema, el de los baches, en ocasiones socavones. Los baches se han convertido en una familiar deficiencia por su abundancia. 

Abunda lo que debiera ser accidental. Estos socavones resultan especialmente peligrosos para los neumáticos con perfiles bajos, actualmente muy en boga, porque al tener menos balón es más fácil que hagan tope y se produzcan abultamientos en los flancos.

Al finalizar la presentación del nuevo modelo de vigilancia en carretera, el Ministro Zoido hizo hincapié en seguir trabajando para hacer más seguras las carreteras. Para el ministro hacer más seguras las carreteras es poner más radares y aumentar la presión sobre el automovilista. Si se utilizara a la Guardia Civil de Tráfico para perseguir y neutralizar las conductas extremadamente peligrosas e insolidarias de algunos conductores en vez de hacer de meros recaudadores, el panorama cambiaría radicalmente. Como dije anteriormente, es una cuestión de credibilidad.

Lo verdaderamente lamentable es esta labor recaudadora que se encomienda a la Agrupación de Tráfico del benemérito cuerpo, que se ha ganado a pulso y merecidamente ese reconocimiento y prestigio que goza por parte de la sociedad española.  

Los agentes también sufren cuando comprueban el poco o nulo caso que hacen a sus informes, en los que señalan algún tipo de deficiencia en la red viaria. Lo mismo que me contaba hace lustros un jefe provincial de tráfico, muy profesional y celoso de su trabajo.  

Pasaban informes a Obras Públicas que caían en saco roto o iban directamente a la papelera. Considerando  que la conservación de la red de carreteras no es competencia de Interior ni de la DGT, sino una responsabilidad compartida entre Fomento, las Autonomías, las Diputaciones y los Ayuntamientos, quien verdaderamente tiene que ponerse las pilas es la Administración en general.

Y, mientras tanto, menos propaganda en fechas clave y menos presión al automovilista. El automovilista, aparte de ser un señor que conduce un vehículo, es un contribuyente que paga impuestos y un ciudadano que tiene sus derechos.


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