Vivir

“El demonio existe. Yo me lo encuentro con frecuencia”

La estatua del Ángel caído del parque de El Retiro está levantada a 666 metros sobre el nivel del mar.
photo_cameraLa estatua del Ángel caído del parque de El Retiro está levantada a 666 metros sobre el nivel del mar.

Día de Muertos. Tres ex exorcistas españoles cuentan que el demonio está muy vivo. Y coleando. Crece su influencia en la sociedad, también en España. En la mayoría de los casos, personas que sufren han buscado soluciones extraordinarias confiando en el poder de la magia, la cartomancia, el reiki y los amuletos, y se han encontrado con una sombra espesa que lo oscurece todo mucho más. Aunque las posesiones se cuentan con los dedos de una mano en cada diócesis, infestaciones, obsesiones, vejaciones y maleficios están al orden del día más de lo que vemos en el metro. No es una película de terror. Son historias reales que pasan cerca de nosotros y las cuentan las personas que han visto y han oído al diablo, y no lo pueden olvidar.

Extrarradio de una gran ciudad. Urbanización de clase alta o súper alta. Misa de 11.00, un bautizo en la parroquia, gente que va, que entra, que se santigua, que reza. Un pobre en la puerta. En los despachos parroquiales hemos quedado justo a la hora del Ángelus con un sacerdote que tiene mil frentes sacramentales abiertos, muchas personas que quieren abrirle el alma y un poco de prisa. Le he pedido que me hable del demonio. Así, en general.

Llega con el Apocalipsis de san Juan debajo del brazo y en su garito hay muchos libros, muchas imágenes de la Virgen, un bote grande de agua bendita aterrizado desde Tierra Santa, y un bol de madera lleno de lacasitos de colores.

Justo en este despacho, unos años atrás. Lo cuenta con los ojos abiertos y casi susurrando. “Vino un padre con su hija, una chica muy maja que frecuenta la parroquia habitualmente. Quería que les bendijera agua exorcizada, y cuando estábamos en ello, la chica entró en trance. Empezó a increparme a mí, y a decir unas blasfemias que te mueres contra la Virgen. Claramente no era ella la que daba esos gritos desgarradores. Gracias a Dios, en ese momento no había mucha gente por esta zona, sino imagínese el numerito…  Después descubrimos que el demonio le había poseído por un maleficio al que estuvo expuesta de pequeña. Su madre estuvo cerca de una secta satánica. Cuando se fue al ver el percal, los de dentro hicieron un ritual para que sus hijos tuvieran algo de esto. De momento, dos de sus hijos, que se sepa, han padecido las consecuencias”.

Luego, la vida de la parroquia sigue. Este sacerdote confiesa, celebra la Eucaristía, habla con feligreses, hace cuentas, enciende las velas, le pone flores a María, atiende a los pobres, predica el Evangelio, reza sus cosas, y, cuando llega el final de la jornada, apaga las luces, cierra la verja, se va a su casa, y hasta el día siguiente. Consolar a quienes sufren la influencia del demonio es una tarea más. Extraordinariamente ordinaria, u ordinariamente extraordinaria, como, “cada sacramento que se vive en este templo”.

Pongamos que este señor de unos 50 se llama Jesús. En 2013 fue nombrado exorcista, pero lleva ya tiempo sin ejercer ese ministerio sacerdotal. ¿Por qué? Por agotamiento. Pero casi todos los días escucha campanas: “Esta semana me ha llegado la carta de una señora que me cuenta su caso. Se trata de una mujer que tenía una vida muy metida en Dios y, por una serie de circunstancias, terminó haciendo yoga. Notaba ella que esos estiramientos le hacían bien físico, y se aficionó de tal manera que su maestro le invitó a dar un paso más: formarse para ayudar a otras personas. Avanzó en esa línea, y hasta montó su tenderete. Conforme va andando ese camino, ella cuenta que empezó a separarse de Dios, y eso que poco antes se había planteado entrar en una congregación religiosa. Por unas cosas y por otras, relata, fue perdiendo su fe. Dejó de ir a Misa, de recibir los sacramentos, y todo de manera insensible y sutil. Poco después empezó a notar cosas raras en su casa: se le fundían bombillas, se apagaba la tele sin que nadie la tocara, y percibía bajo techo la presencia de algo espeso. Nada de esto sucede por casualidad”.

-¿Qué tiene que ver el yoga con el demonio?-pregunto.

Con don de lenguas, Jesús argumenta por qué “nada de esto sucede por casualidad”: “Hay un yoga más físico, de estiramientos, pero también otros niveles de yoga. En cualquier caso, nada es aséptico. No podemos olvidar que las posturas que se plantean en el yoga remiten a deidades hindúes. De alguna manera, imitarlas es una manera de invocarlas. Y no son benéficas. Muchas veces son oscuras. Cuando uno invoca, esas llamadas se concretan en respuestas. Independientemente de que uno lo note o no, o de la intención que tenga. Es igual que si una persona recita un padrenuestro, diez avemarías, y un gloria cinco veces mientras pasa cuentas, está rezando el rosario, aunque no quiera”.“Una espiritualidad sin Dios”

Con voz paciente. Con retales de la Piedad de Miguel Ángel a sus espaldas. Y con una agenda humeante como para dedicarme una hora de reloj, prosigue: “El reiki, así como muchas medicinas alternativas, buscan la energía de unirse con la tierra con un planteamiento muy new age. En el sustrato de estas prácticas que idolatran a la Madre Tierra, o como la llamen, se cree que todo es Dios, luego nada es Dios. Se diluye completamente la idea cristiana de un Dios personal con el que uno puede trabar amistad y un trato que le despierta a la Vida. Estas expresiones difunden una espiritualidad sin Dios. Digamos que trascienden lo puramente material y se meten en un mundo sobrenatural donde Dios no está. La tendencia es buscar algo que no comprometa, donde nuestros criterios sean los que mandan, y se disfraza todo de algo espiritual para tranquilizar la conciencia. La propuesta es que cada uno vaya a lo suyo en busca de la máxima comodidad interior, pero no hay nada que sostenga esa realidad, porque se produce un vaciamiento interior y una paz solamente exterior en una especie de confort espiritual que, en el fondo, termina por cargarse a Dios”. 

Suena un portazo metálico en la capilla. Respingo.

Continúa el sacerdote: “Muchas personas que vienen aquí me cuentan que han creído más en maestros que fuman como carreteros y plantean cuestiones no edificantes desde el punto de vista moral que en el Dios de todas sus vidas. Yo les explico que, si para llegar a ver la luz del final del túnel hay que pasar por comportamientos inmorales, algo no funciona”. “Me encuentro con personas que acuden a sanadores o limpiadores que tienen altares con todas sus estampas, hasta de la Virgen del Pilar, que se dedican a invocar a un magma de cosas en apariencia de no oscuridad. Y todas remiten al mismo: al enemigo”.

Jesús me cuenta que “la presencia del demonio en las calles no es solo la ouija, el espiritismo, o las sectas satánicas, que sí, que existen, que se mueven, que actúan, y cada vez más”. Él habla de prácticas que “ensombrecen la vida, le dan un tono oscuro, provocan un debilitamiento interior, y todo eso puede arraigar más o menos. Si esa persona no se da cuenta o no va a un sacerdote para encauzar su problema, está avocada a vivir secuestrada en una situación que le deja muy poco margen de libertad”.

“La presencia del demonio en las calles no es solo la ouija, el espiritismo, o las sectas satánicas, que sí, que existen, que se mueven, que actúan, y cada vez más”

Desde 2013 hasta este noviembre, Jesús constata que crecen los casos de influencia demoniaca en el asfalto de la España urbana y la España rural. “Este mes, en un colegio de ideario católico de esta zona, una niña animó a sus compañeros de clase a hacer una especie de ouija, pero más leve. Insisto: cuando se invocan espíritus no llega precisamente el Arcángel san Gabriel… Si estas cosas pasan en un colegio así, ¿qué no ocurrirá en otros?”. Entre corchetes, Jesús comenta: “Todo esto que te cuento le parecerán cosas de friki. Lo sé. Es lo que nos pasa a muchos sacerdotes cuando hablamos de estas cuestiones. Es lo que hay”.

Tirando de hemeroteca reciente, el presbítero destaca algunos casos aparecidos en las páginas de sucesos: “Un hombre que descuartiza a una joven y esconde la cabeza en un matorral. Cuando le detienen e inspeccionan su casa, encuentran objetos esotéricos. ¿Eso qué es? ¡Lo que es! A primeros de octubre: frente al Hospital de La Paz, en Madrid, unos vecinos denuncian follón en un piso. ¿Qué pasaba? Que seis personas estaban haciendo un ritual satánico sacrificando gallinas y cabras. ¿Eso qué es? ¿Un divertimento? ¡No! Y hablo de lo que sale en los periódicos…”.  

Jesús me cuenta que “esta misma semana han venido a verme tres personas con casos parecidos. Cuando me cuentan, les pregunto si han tenido contacto con cosas esotéricas. Y se les viene a la cabeza alguna que otra acción más bien rarita. ¿Cómo no va a estar afectada tu vida, hija de mi corazón?”.

En este despacho, este señor ha visto a mucha gente sufrir, y a personas “con una mala suerte increíble, y lo que dan de sí cosas como los posos de café, las flores de Bach o las pócimas, que parecen de película. Acuden a brujos para salir, y se encuentran con complicaciones todavía mayores”.

En estas cuatro paredes hay historias para no dormir: la de quien descubrió un muñeco de vudú enterrado en su jardín; los retratos familiares con una mancha de aceite en los rostros, el jarrón con un paño de sangre y vísceras de animal, “y la casa que he bendecido tres o cuatro veces ya, porque siguen pasando cosas”. No son posesiones, “que son más raras”. Sus protagonistas no son personas que repudian lo sagrado, hablan lenguas desconocidas, y revelan secretos que no pueden saber por medios normales. “Pero sufren severamente no sabe usted cuánto”.sm2 (1)

8 años, 200 actuacionesJuan vive en una ciudad castellana. Ha sido exorcista durante más de ocho años y en ese tiempo ha podido actuar 200 veces: “Solo unas 20 fueron posesiones”.

-¿Su experiencia también es que crecen los casos de influencia diabólica?

-¡Muchísimo! Internet ha abierto la veda y la acción del demonio es tremenda y caótica.

Juan ha vivido en primera persona historias fuertes. Por ejemplo, esta que le tocó asistir en otra diócesis cercana. “Un matrimonio casado por lo civil llevó a sus hijos a la parroquia, porque la madre, que es muy religiosa, quería que hicieran la Primera Comunión. El sacerdote les explicó la confesión, y la Eucaristía, y entonces el padre de las criaturas empezó a hacer cosas raras y abandonó la sacristía. ¿Qué pasa? Fuimos recomponiendo la situación. Resulta que este señor estuvo en la cárcel y allí conectó con una secta satánica. Al salir, participó en una orgía que incluyó un sacrificio humano y canibalismo. Aquel día se consagraron el demonio. Y, claro, estaba poseído. Después de tres o cuatro exorcismos, después de comprobar con estos ojos cómo le abrasaba el agua bendita, después de más de una escena de terror, después de un intento de homicidio con un cuchillo, el hombre se desplomó, ya limpio, y se puso delante del sagrario y le pidió perdón a Dios por todo lo que le había ofendido”.

De sus ocho años largos ha aquilatado una conclusión: “El pecado más grave es el de la superstición, que consiste en poner a algo o a alguien por encima de Dios”. Y en remediar esos males sigue ahora empeñado, ya sin ser exorcista, “porque las personas que me conocen me llaman, y sigo haciendo liberaciones por teléfono. Una o dos, cada día. Son muy eficaces. Es terrible cómo responden los demonios...”. Aprovechando la línea directa, casi en susurros, el sacerdote invoca a la Santísima Trinidad, a la Virgen –“él nunca la llama María, no puede, solo a veces, cuando se le ordena con insistencia. Él la llama “esa Señora, cuando no la insulta de forma grosera”-; a san José, “terror de los demonios”; a santos que han sufrido mucho la acción del diablo, como san Pío, santa Faustina Kowalska o san Antonio María Claret. E invoco a las jerarquías angélicas, porque el maligno tiene un asco tremendo a san Miguel”.

“El pecado más grave es el de la superstición, que consiste en poner a algo o a alguien por encima de Dios”.

-¿Y funciona?

-La omnipotencia de Dios es total. Y el poder de los sacerdotes, mucho mayor del que nos pensamos.

Juan me dice que no ha pasado miedo en su vida. “Debe ser que he recibido ese carisma de parte de Dios. Otras personas que han participado conmigo en estas sanaciones han temblado como flanes”.

Más cosas que ha descubierto este sacerdote en este tiempo: “La cantidad de bien que se hace bendiciendo a la gente e imponiendo las manos”, y la existencia de un demonio mudo que obliga a algunos penitentes a no abrir la boca hasta el fondo en la confesión. “Cuando el sacerdote note que hay renuencia para manifestar sus pecados, que diga: ‘En el nombre de Jesús, yo te mando, espíritu inmundo, que te marches de esta criatura de Dios’”.

Juan también ha descubierto “la relación entre algunas enfermedades y la influencia demoníaca”, y ha conocido a “personas buenísimas que sufren mucho por estas cuestiones, pero ofrecen a Dios esta situación para ayudarle a salvar almas. El demonio se aprovecha también de gente estupenda”.

Así termina nuestra conversación telefónica: “Te voy a dar esta bendición, que te vendrá muy bien, en contra del demonio: ‘Que Dios Padre todopoderoso, que Dios Hijo Redentor y Dios Espíritu Santo, el santificador, te bendigan. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Un abrazo muy fuerte”.

Antes me ha dicho con insistencia: “Los que tienen que hablar de esto son los obispos”. Lazamos el balón a los delanteros.sm4 (1)

La voz de la Iglesia

Pietrelcina, sur de Italia, marzo de 2018. El Papa Francisco participa en los actos conmemorativos en torno al 50 aniversario de la muerte del Padre Pio, ya santo. En italiano, el Pontífice pregunta a los asistentes:

-“¿Vosotros creéis que el demonio existe?

Silencio tímido en las gradas.

El Papa: ¡No os veo muy convencidos! Entonces se dirige al obispo de la zona, y le dice en voz alta:

-“¡Vamos a tener que hacer una catequesis!”.

 Repite al pueblo: “¿Existe o no existe?”.

El público contesta que sí con algo más de entusiasmo. Y remarca Francisco: “Por supuesto que existe. Y está actuando. Va por todas partes, se mete dentro de nosotros, nos atormenta, nos engaña. Y nosotros tenemos miedo”.

Justo esta semana, el obispo de san Sebastián, José Ignacio Munilla, ha colgado varios audios en su web haciendo catequesis sobre el demonio, y arrancan contado esta preocupación del Papa Francisco por hablar de la fe con integridad. En el primer podcast, Munilla enumera 17 intervenciones del santo Padre en las que habla del demonio con claridad a mayores, medianos y niños desde el 30 de octubre de 2014 hasta el 1 de mayo de 2019. En estas palabras seleccionadas se observa que la existencia del demonio es un tema que el Papa lleva dentro, tan dentro que, incluso pocas horas después de salir a la Logia de las Bendiciones el día de su elección, en las palabras que dirigió al Cónclave que le acababa de elegir sucesor de Pedro, sorprendió a los cardenales con la siguiente afirmación: “Cuando no se confiesa a Jesucristo, me viene a la memoria la frase de Léon Bloy: ‘Quien no reza al Señor, reza al diablo’. Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio”. Se oye el eco en la Capilla Sixtina durante un buen rato. Solo esa afirmación podía encender sola la chimenea de la fumata blanca…

En el primer audio de la catequesis de Munilla sobre el demonio se concreta el trasfondo de las enseñanzas del Papa Francisco sobre la presencia del demonio, aunque “a esta generación y a otras muchas se les ha hecho creer que era un mito”, que el diablo “no es una cosa difusa, es un ser personal con quien no se puede dialogar”, y que su existencia “no es un cuento de ancianos”. El obispo de san Sebastián remarca la insistencia del Romano Pontífice en identificar al demonio con la guerra, la codicia, la división, los celos, “con el terrorismo del chismorreo”, su empeño por “destruir la unidad entre el hombre y la mujer”, sus promesas de mentira, y un escudo invencible: “donde está la Virgen, no entra el diablo”.

Ni la insistencia del Papa, ni la catequesis de Munilla son acciones comunes en la vida de la Iglesia contemporánea, donde los sacerdotes adolecen de la falta de una formación específica sobre la acción del demonio en las personas, se elude el tema en los púlpitos, y muchos obispos ni siquiera han nombrado exorcistas en sus diócesis: solo cerca del 25 por ciento de las iglesias particulares ofrecen a sus fieles la ayuda de exorcistas en comunión con la jerarquía diocesana.

Los sacerdotes adolecen de la falta de una formación específica sobre la acción del demonio en las personas, se elude el tema en los púlpitos, y muchos obispos ni siquiera han nombrado exorcistas en sus diócesis.

En cualquier caso, la doctrina de la Iglesia está clara, y quizás se manifieste de forma particularmente pedagógica en este documento publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe y fechado en Roma el 26 de junio de 1975. El texto arranca así: “A lo largo de los siglos la Iglesia ha reprobado las diversas formas de superstición, la preocupación excesiva acerca de Satanás y de los demonios, los diferentes tipos de culto y de apego morboso a estos espíritus; sería por esto injusto afirmar que el cristianismo ha hecho de Satanás el argumento preferido de su predicación, olvidándose del señorío universal de Cristo y transformando la Buena Nueva del Señor resucitado en un mensaje de terror”.

Después, el estudio resalta la corriente que pone en duda la existencia del demonio desde dentro de la Iglesia, y expone la claridad del Nuevo Testamento, la doctrina de los Padres de la Iglesia y del Magisterio, hasta concluir con este párrafo: “Es cierto que la realidad demoníaca, testificada concretamente por aquello que llamamos el misterio del Mal, permanece todavía hoy como un enigma que envuelve la vida cristiana. Nosotros no sabemos mucho mejor que los apóstoles por qué el Señor lo permite, ni cómo lo usa para sus designios; pero podría suceder que, en nuestra sociedad, prendada por el horizontalismo secular, las explosiones inesperadas de este misterio ofrezcan un sentido menos refractario a la comprensión. Estas obligan al hombre a mirar más lejos, más alto, más allá de las evidencias inmediatas; a través de las amenazas y de la prepotencia del mal, que impiden nuestro caminar, nos permiten discernir la existencia de un más allá que hay que descifrar, y volvernos hacia Cristo para escuchar de Él la Buena Nueva de la salvación ofrecida como gracia”. Era 1975.sm3 (1)

El poder sacerdotal

Pedro fue exorcista durante bastante tiempo, y todavía hay gente que llama a su puerta. El no comparte que haya más influencia diabólica en nuestro tiempo, “simplemente resulta que, si sale una película o una serie alusiva, se genera más inquietud y se ven más personas que acuden a dilucidar su problema. En cualquier caso, no hay estadísticas y no las habrá nunca, porque es imposible medir la acción del demonio”.

Hace seis años que Pedro no ejerce este ministerio, que entiende que “es importante desarrollarlo con interés. Hay pocos exorcistas, y muchos de los nombrados no se dedican a ello. La verdad es que es una tarea que consume mucho tiempo. Exige escuchar para dar consejo, discernir la gravedad del problema, comprobar si lo que necesita esa persona es ser derivada al psiquiatra, o al psicólogo, porque la mayoría de los casos que se manifiestan ante un sacerdote se corresponden con patologías psicológicas. De todas formas, la dimensión espiritual de esa cuestión nos corresponde atenderla a los sacerdotes y, si queremos ser buenos profesionales, no podemos responder en 5 minutos. Más que el miedo a una revancha del demonio, muchos sacerdotes dejan de ser exorcistas porque no tienen tiempo para todas las responsabilidades que incluyen su encargo pastoral”.

Por ejemplo: al despacho de Pedro se acercó hace poco una mujer joven “con una fobia tremenda a la suciedad. Se lavaba 40 veces las manos todos los días y las tenía completamente abrasadas. Para que se haga una idea, tenía las manos como las de E.T. Desde el principio, intuí que se trataba de un caso claro de corte psicológico. Sin embargo, cuando hablé con ella acerca de Dios entró en trance y vimos que allí había algo más”.

Este sacerdote experimentado ha visto personas “cien por cien normales, incluso muy practicantes, que reaccionan diabólicamente cuando se toca una tecla insospechada”. Ha oído gritos de esos que dejan roncas las gargantas, y ha contemplado cuerpos agitados con violencia, y ojos entornados que se ponen en blanco. No ha visto ni levitaciones, ni cuellos que giren 360 grados. Ha visto fotografías en las que, de pronto, aparece el demonio. Ha escuchado psicofonías reales. Y ha desechado, también, muchas fake news con halo de misterios prefabricados.

Y a pesar de todo, piensa que “el tema no tiene más importancia. Al fin y al cabo, son cosas raras. Lo propio del sacerdote es hablar de Dios y hacer bien a la gente. Por eso nunca he padecido miedo, y por eso no creo necesario generar ningún tipo de alarmismo. Basta escuchar al Papa, ser consciente, y luchar por ser buenas personas, buenos cristianos, buenos sacerdotes, y disfrutar de la vida”.

En estos tiempos de exorcistas Jesús, Juan y Pedro han comprobado en primera persona “cómo actúa Dios a través de los sacerdotes”.

Los tres han experimentado en sus propias vidas lo que relata san Marcos en el capítulo 16 de su Evangelio: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.

Y los tres han palpado en primera, en segunda y en tercera persona que “a los sacerdotes y a los cristianos, en general, nos falta mucha fe”.

Los tres creen en la existencia del demonio de manera casi física. Como destaca Jesús, “los curas sabemos que es un personaje real. Si quitas de la Biblia las páginas donde aparece el diablo te quedas tiritando. Jesús expulsa demonios y eso es una prueba evidente de que el Reino de los Cielos ha llegado. Yo, antes de ser exorcista, tenía un convencimiento teórico de su presencia en el mundo. Lo rezaba cada día en el padrenuestro - ‘líbranos del mal’, que en realidad quiere decir ‘líbranos del maligno’-. En estos años me ha quedado clarísimo que el demonio no es una abstracción. Es un ángel caído que ha repudiado a Dios y lucha contra el hombre, que es la criatura predilecta de Dios. Yo lo he visto con estos ojos”.

En estos años me ha quedado clarísimo que el demonio no es una abstracción. Es un ángel caído que ha repudiado a Dios y lucha contra el hombre, que es la criatura predilecta de Dios. Yo lo he visto con estos ojos”.

Hace tres semanas, Jesús, un exorcista en ejercicio “y un sacerdote amigo buenísimo que nunca había estado presente en algo así”, estuvieron atendiendo a una chica en un rito de exorcismo. “Mi amigo vio el panorama y se quedó con los ojos como platos, porque palpó la presencia del mal de una manera increíble. Se trataba de una mujer con una vida de piedad imponente, y los tres vimos cómo le mordía a su marido cuando la retenía en un momento de trance. Las cosas que decía, las expresiones que usaba, el sufrimiento… Todo su comportamiento exterior era un reflejo del demonio. Mi amigo sacerdote vio por primera vez el mal encarnado actuando en una persona”.

Sostiene Jesús que, “al celebrar la Misa, a veces engañan los sentidos cuando el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. En un exorcismo no te engañan ni la vista, ni el tacto, ni el oído, ni el gusto”.

Y dice también que es importante que todos los sacerdotes sepan de estas cuestiones, porque entiende que el déficit de formación es evidente: “Hay personas que sufren lo indecible, y el sacerdote a veces no actúa, no por mala fe, sino porque ignora totalmente cómo atenderlas adecuadamente”. En eso coincide con Juan y con Pedro. Y con Miguel, catedrático universitario, laico, casado, que investiga en este campo desde hace ya un cuarto de siglo. Él también ha visto al demonio. De espaldas, y de frente. Y en lugares insospechados, pero prefiere no hablar de esos sucesos y eso forma parte de su mensaje: “La gente enreda, porque está dolida. Hay personas con muchas heridas relacionadas con su trabajo, con temas sociales, con una cuestión amorosa…, que deciden buscar en lo extraordinario una solución a sus problemas ordinarios. Acaban abriendo la puerta, quizás con suma ignorancia, a la a presencia efectiva y eficiente del mal en la sociedad y entre los seres humanos”.

Ante el desconocimiento general, Miguel considera oportuno hablar de que “la persona que frecuenta los sacramentos, reza, y vive con responsabilidad y visión cristiana su vida ordinaria, no necesita recurrir a cosas extraordinarias”.

La experiencia de este académico subraya que “la tentación por la curiosidad es muy propia de la acción del demonio. Consigue que haya gente que desconocía por completo ese mundo y se quede pegada a él codeándose con el ocultismo. Y en internet hay mucha información sin filtrar llena de patrañas que acaban conduciendo a una especie de cárcel oscura a demasiadas personas. Lo malo es que prácticas como la ouija, los amarres, los amuletos o los maleficios son eficientes. Ese es el problema, porque ver que funciona lleva a muchas personas a pactar”.

“La tentación por la curiosidad es muy propia de la acción del demonio. Consigue que haya gente que desconocía por completo ese mundo y se quede pegada a él codeándose con el ocultismo.

Entre las realidades que pueden salpicar de oscuridad pringosa, Miguel destaca “algunos cultos new age”, “parte de la masonería”, el reiki, la pornografía, “y, en el fondo, todo lo que tiene que ver con la deshumanización del ser humano, que le pone en bandeja al diablo la situación”.

Este catedrático de reconocido prestigio, también en el Vaticano, deduce de sus estudios y su experiencia que “el diablo no nos tienta en nuestras debilidades, porque esas ya las tiene más o menos conquistadas. Yo creo firmemente que actúa sobre nuestras virtudes, porque entiende que es la mejor manera de hacer daño a Dios”.

-¿Por qué una sociedad descreída busca respuestas en un mundo sobrenatural paralelo?

-Porque, una vez que hemos sacado a Dios de nuestra vida cotidiana, creemos en cualquier bobada, y eso es una tragedia. Si Dios no está en nuestras dediciones, en nuestros planes, en nuestros deseos, en nuestras necesidades, es porque, en el fondo, le hemos expulsado de nuestras vidas.

***

Tres exorcistas, un Papa, un obispo, un catedrático de Universidad. Es posible que, entre el relativismo, el cine, Strangers Things, Halloween, el truco y los tratos, creer en la existencia del demonio sea tan difícil como hacerlo en los Reyes Magos. Sin embargo, tres exorcistas y un catedrático de Universidad han visto y han oído al demonio, y no han visto ni oído ni a Melchor, ni a Gaspar y ni a Baltasar.

Ya no sé si me lo ha dicho Jesús, Juan o Pedro. Da igual, porque, como admite la Iglesia, cuando están en estas harinas los tres son Jesús. La cuestión es que se me ha quedado grabado este cierre: “Todo esto suena a cosa de frikis, ¿verdad? Es lógico que el padre de la mentira juegue entre la obsesión y la incredulidad, pero hace años que dejé de ser exorcista y todos los días siguen llamando a este timbre muchas personas sufrientes que necesitan la misericordia de Dios para salir de una cárcel que les tiene temblando de miedo. Y que viven muy cerca de nosotros”.

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