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LA OTRA CARA DEL COVID-19

Enfermos, con síntomas y a solas al llegar a casa: los sanitarios se dejan la salud en la guerra al coronavirus

Según el sindicato médico Amyts, de Madrid, “ya hay cientos de profesionales sanitarios con sospechas de positivo por coronavirus” en la comunidad. A pesar de la falta de recursos, muchos, como Mely y Fernando, están deseando acabar la cuarentena para volver al pie del cañón

Ni héroes, ni heroínas. Médicos, enfermeras, auxiliares, celadores… Los profesionales que hacen frente al coronavirus ni tienen todos los recursos, ni cuentan con la máxima protección, y sin embargo están dando más del cien por cien a pesar de las circunstancias.

La Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid cuenta con 4.200 afiliados y acaban de instalar un servicio de ayuda psicológica para todos los médicos que lo necesiten. Ángel Luis Rodríguez es secretario de Prevención de Riesgos Laborales del sindicato y está al otro lado de este aparato. Según cuenta, la mayoría de las llamadas atendidas en estas primeras 48 horas son de médicos con “crisis de ansiedad, de angustia, profesionales que se ven desbordados por las circunstancias, pero saben que no pueden dejar de arrimar el hombro. Alguna consulta hace relación a la falta de ayudas y de recursos, y también nos ha llegado algún dilema ético de profesionales que ven que van a tener que dejar morir a algún paciente, porque no dan abasto, y se sienten frustrados por no poder dar más de sí”.

Uf.

El propio Ángel Luis está de baja laboral contagiado de coronavirus, y está ayudando desde el sindicato como puede. Según cree, se infectó hace dos semanas al entrar en contacto en un centro de salud con una de las primeras médicos que contrajo el virus. Estos días está ahí, en línea, dando un abrazo por teléfono, impulsando las ganas de volver a un frente difícil, animando al personal con recomendaciones prácticas para que la moral no se hunda en un momento como este. Cuando se pase la enfermedad, le tocará volver al terreno de juego, porque la gran mayoría de liberados sindicales de las centrales, al menos en Madrid, están llamados a apoyar a sus compañeros en el lado asistencial de la contienda.

¿No le parece que hablar de los profesionales sanitarios como héroes es nocivo? Se entiende el piropo y el reconocimiento, pero ellos no tienen por qué ser súper héroes en una lucha contra los elementos. Al final son personas normales, con un gran compromiso profesional y una vocación como un templo.

-Estoy de acuerdo. Los médicos llevan muchos años entre el heroísmo y una falta de recursos clamorosa, con unas condiciones laborales que han hecho ya que cerca de 4.000 facultativos formados en España se hayan ido a ejercer al extranjero. En cualquier caso, sabemos perfectamente que ahora nos toca ir a por todas, lo cual no significa que tengamos que andar atendiendo en los hospitales y centros de salud con una mascarilla prestada, dividida entre tres profesionales. Todos hemos visto estos días imágenes de los miembros de la UME, perfectamente dispuestos y aislados para hacer frente a este virus. Nosotros no estamos contando con todos los recursos necesarios para volcar toda nuestra experiencia al compromiso de salvar y curar vidas, y nos pasamos el día en espacios por donde ronda el virus y entre pacientes portadores.

“Todos hemos visto estos días imágenes de los miembros de la UME, perfectamente dispuestos y aislados para hacer frente a este virus. Nosotros no estamos contando con todos los recursos necesarios para volcar toda nuestra experiencia al compromiso de salvar y curar vidas, y nos pasamos el día en espacios por donde ronda el virus y entre pacientes portadores”.

Y concluye Ángel Luis: “Nosotros también tenemos una casa y unos hijos. Necesitamos descansar y estar protegidos. Agradecemos mucho los aplausos, pero esperamos que, cuando todo esto pase, eso se convierta en condiciones de trabajo dignas y reconocimiento”.

Amyts señala que en Madrid “hay cientos de médicos con síntomas”, de baja lógica por la cuarentena. En Italia ya hay más de 2.620 profesionales sanitarios que han contraído el covid-19. Aunque el esfuerzo del Ministerio de Sanidad por incorporar cerca de 30.000 nuevos profesionales al Sistema Nacional de Salud es notable, la seguridad de los profesionales sanitarios debe ser una de las prioridades evidentes para todos -incluida toda la sociedad- en la campaña contra el coronavirus.

Porque el panorama es el que es: Juan Manuel, médico de Urgencias del Hospital de Alcorcón, aterriza en casa después de “un día demoledor con un escenario que refleja una situación cercana al colapso de urgencias. Con una hospitalización y UCI saturados. Muy al límite físico y mental”. Salvador, médico de Atención Primaria, utiliza las redes sociales para reclamar mascarillas y material de protección para la residencia de ancianos de Soto del Real. Fernando lleva días organizando la asistencia y reestructurando el servicio de Pediatría de su hospital, y también está con síntomas. Lo mismo que Maite. Y, según Rodríguez, “en los centros de salud hay muchos que están trabajando sin tener los resultados de sus test de contagio, porque algunos se han perdido”. Y hay servicios de Enfermedades Infecciosas de hospitales de Madrid con más bajas de la cuenta.

La realidad de estos días es, también, que muchos profesionales sanitarios que están en primera línea, cuando acaban su jornada, llegan a casa agotados y están solos: ante el miedo de ser portadores, algunos han decidido separase coyunturalmente para no contagiar a su familia. Es el caso de Javier, médico de Familia de un centro de salud de Madrid. Desde mediados de la semana pasada puso el cortafuegos en su propio domicilio y tomó una decisión: “Dado lo singular de la situación y que yo me voy a tener que exponer de forma creciente al contagio, decidimos separarnos momentáneamente. A mí me genera una tremenda tristeza pasar por esta situación anómala sin encontrar a mi chica y a mi hija cuando llego a casa, pero nos ha parecido lo más responsable, dure el tiempo que dure”. Entre Joaquín y Marta -médico de Urgencias- pasa lo mismo. Y Amalia se ha auto aislado también “por miedo a ser una bomba biológica” entre los que más quiere.

Curarme y volver

Mely está ahora con fiebre, tos y “una disnea que no da mucha tregua”. Es enfermera de la Unidad de Endoscopia de la Fundación Jiménez Díaz y estuvo trabajando hasta que el virus la dejó el lunes “fuera de combate”. Por una parte, le da hasta vergüenza contarme su historia, “porque, sinceramente, me parecía una falta de respeto enorme hacia mis compañeros y una enorme falta de humildad por mi parte centrar la visibilidad de esto en mi persona”.

Los aplausos de las 20.00 horas tienen muchos nombres y apellidos de profesionales sanitarios que se están dejando la salud -literal- en este intento

Le he explicado que mi idea es contar historias que sirven para evidenciar que los aplausos de las 20.00 horas tienen muchos nombres y apellidos de profesionales sanitarios que se están dejando la salud, literal, en este intento. Entonces me ha dado permiso para abrir su mensaje a la opinión pública. Ella tampoco es una heroína, y, sin embargo, me dice: “Lo único que siento es pena, rabia y un enorme sentimiento de culpa, porque estoy luchando contra un enemigo invisible mientras mis compañeros se están dejando la piel allí cada día. Mi único deseo ahora mismo es curarme lo antes posible y volver a la Jiménez Díaz para arrimar el hombro y poner mi pequeño granito de arena en esta batalla”. Así está también Fernando, esperando a su positivo, para curarse “y volver a tope”.

No son héroes. Pero esa madera humana es un aliciente, entre otras cosas, para repensarnos mucho.

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