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La piedra lunar que Nixon regaló a Franco se expondrá en el Museo Geominero

Llegó a España como reconocimiento por la ayuda prestada en las misiones del Programa Apolo

Primera huella del hombre en la Luna.
photo_cameraPrimera huella del hombre en la Luna.

Este año se celebra el 50 aniversario de aquel momento que cambió la Historia para siempre: la llegada del hombre a la luna. En julio de 1969, la misión Apolo XI, comandada por el astronauta norteamericano Neil Armstrong, logró su objetivo de plantar sobre la superficie lunar las primeras huellas del ser humano: “un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad” añadió para la historia el astronauta.

Por ello, es un momento propicio para exponer en un lugar a la altura, como el Museo Geominero, la reliquia espacial que permaneció oculta a los ojos de España durante décadas. Detrás de la piedra se esconde una historia más allá de sus orígenes galácticos.

Un trozo de luna con historia

España ayudó en las misiones lunares de la NASA haciendo un seguimiento de sus exploraciones espaciales a través de las instalaciones ubicadas en Fresnedillas y Robledo de Chavela, en Madrid. Aportaron apoyo en el análisis de las misiones Apolo, así como en las comunicaciones aeroespaciales, cuyo objetivo era descubrir los entresijos del satélite terrestre.

Como muestra de agradecimiento, tal y como publicó hace 10 años el diario El Mundo, en 1973, el entonces presidente norteamericano Richard Nixon, quiso agradecer la ayuda prestada por la dictadura de Franco y le hizo entrega de dos fragmentos de piedra lunar.

Uno perteneciente al primer alunizaje tripulado por Neil Armstrong. El segundo formaba parte de la misión del Apolo XVII, el sexto y último viaje de los astronautas que pisaron la Luna.

La entrega se hizo a través del embajador de EEUU en España al propio Franco en una ceremonia en el Palacio de El Pardo, como relató el ingeniero al frente de las instalaciones de la NASA en España, Luis Ruiz de Gopegui.

El regalo, además, venía acompañado de una placa en la que se podía leer: “Este fragmento es una porción de una roca del valle de la luna Taurus-Littrow. Se entrega como símbolo de la unidad del esfuerzo humano y lleva con él la esperanza del pueblo americano de un mundo de paz”.

El viaje terrestre de la piedra lunar

Francisco Franco, en vez de ceder estos regalos a algún museo nacional, decidió conservarlos en sus dependencias de El Pardo hasta el mismo día de su muerte. Lo que sucedió con el primer fragmento traído en el Apolo XI es una incógnita.

Fuentes de la familia Franco aseguraron en su día a El Mundo que “se extravió”. También se habló de un español que decía ser marqués y que trató de vender esta pieza al Museo de Historia Natural de Londres. Sin embargo, a día de hoy, se desconoce su paradero.

La segunda roca, la del Apolo XVII, acabó en manos de la familia Carrero Blanco. El propio Henry Kissinger se la entregó al entonces Vicepresidente del Gobierno franquista. Tras su asesinato a manos de la banda terrorista ETA, el hijo del almirante decidió, tras muchos años decorando su biblioteca, cederla en 2007 al Museo Naval de la Armada, de cuya Asociación era presidente.

Tras dos años de casi absoluto desconocimiento por parte del público de la existencia de este ejemplar, la propia institución comenzó a publicitarlo y fue finalmente exhibida por primera vez en 2009.

Cambio de museo

El Museo Naval se encuentra a día de hoy en obras, por ello, tal y como han asegurado a Confidencial Digital fuentes de la dirección del Instituto Geológico y Minero de España, se pidió de forma expresa el traspaso de este pequeño fragmento de la superficie lunar al Museo Geominero de Madrid.

Actualmente, está oficializado ese traspaso, aunque aún se desconoce la fecha exacta en que tendrá lugar, como relatan las mismas fuentes. Su intención es la de promocionar la reliquia que tantos años llevaba oculta y exponerla ante el gran público en la sala principal del museo junto al resto de rocas extraterrestres, coincidiendo, precisamente, con el 50 aniversario del día en que por primera vez el ser humano se puso al nivel de las estrellas.

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