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LEO HARLEM, monologuista

“La brecha entre políticos y ciudadanos es un episodio nacional crónico muy patético”

Leo Harlem es el concursante más aventajado de El Club de la Comedia. Lleva 15 años de monólogos, 13 de ellos en la picota del humor de clase media. El cómico maduro patea hoy España con “Hasta aquí hemos llegado”, una metáfora a carcajadas de su punto artístico de inflexión

Pocos famosos son tan transparentes como Leo cuando se miran al espejo mediático.
photo_camera Pocos famosos son tan transparentes como Leo cuando se miran al espejo mediático.

Primero fue artista. Después, panadero. Y ahora, cómico, monologuista y terapia nacional. Famoso de andar por casa. Es el filósofo en chándal. Humorista con mala leche de la que se sacan quesos fabulosos de partirse el pecho. Gracioso, pero no optimista con esta España polarizada. Hasta los entresijos de su riñonera de la democracia grabada en móvil. Gila 2.0. Entre Woody Allen y Santiago Segura, pasando por El Roto. Humor social cañero mamado en el súper. Es el único español que sigue el teletexto y quiere hacer autostop en la radio mediomañanera. Su lema para las próximas elecciones sería “El último, que apague la luz”. Después de 200 días de gira con sus 200 noches de hotel al año, está frenando… con el acelerador…

Leonardo González Feliz. Matarrosa de Sil. León. 1962. Gran cosecha.

Últimas noticias

Leo Harlem está como una Davidson. Revolucionado de trabajo. A alta velocidad por las carreteras de España lanzando verdades como puños de boxeo que invitan a reír.

El cómico de gran cilindrada se apellida Feliz y vive en Virgen de la Alegría. Todo cuadra, y eso que debe ser de los pocos que salen al escenario sin que le disfracen de producto de marketing de diseño exclusivo…

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Baleares dice que hay que recuperar 200.000 trabajadores del turismo

Todo hay que decirlo: en la distancia corta, cualquiera diría que el señor Feliz está para pascuas. Pero el buen humor no es Eurodisney.

Estamos en el patio de butacas del Teatro Cofidis Alcázar, en plena calle Alcalá. Madrid corre rápido de una mañana a otra y abrimos un paréntesis para repensarnos con gracia. Encierro voluntario en el fallido Palacio de los Recreos para recrearnos con la vida misma de España y de Harlem.

Leo viene en canas de curro. La noche anterior ha estado hasta tarde amenizando una velada. Poca broma con el humorista que engancha por ser políticamente incorrecto sin necesidad de ofender.

Podría ser el acomodador, el de la taquilla, el conductor de autobús, el del bar de tu pueblo, el compañero de oficina, el del gas, el camarero, el ingeniero de minas, el de los pedidos, el periodista de tribunales, el de Correos, el profesor de Geografía del instituto… Pero es el monologuista de la clase media y la sintonía social alta. El destino te lo montas tú.

Leo carga y descarga. Dialogamos con un tío normal con doble de sentido común y extra de arte.

¿Los monologuistas son los filósofos de la vida cotidiana a pie de súper?

Puede que sí. La mayoría de nosotros encontramos la fuente de inspiración más fuerte en lo que vemos normalmente por la calle. De la vida misma sacamos mucho texto. Al final, hacemos broma de lo que sucede, de la realidad más cotidiana. Yo, al menos, trabajo así. Quizás haya compañeros que prefieran el absurdo, pero, por lo general, creo que ese espíritu de filósofos de la calle es el que se respira en los monólogos contemporáneos.

¿A usted le sirve monologuear para reflexionar sobre el mundo en voz alta?

Por supuesto. Y para quitarme mala leche, porque me río de las cosas que me molestan…

¿Mala leche?

Sí, sí… Yo tengo un carácter endiablao

¿Cómo se combate esa inclinación del ADN a ser críticos con todo lo que se menea?

Si eres crítico, eres crítico, y todo lo que se menea es susceptible de ser convenientemente criticado… Yo intento quitar carga, para que la gente que me escucha pase un rato agradable con mis tontás. Creo que eso ayuda a relativizar las circunstancias, y, al menos a mí, me sirve para reírme de esas situaciones cuando se repiten.

¿Cómo es su España optimista?

Pues le voy a decir una cosa: soy muy poco optimista sobre España… Creo que estamos totalmente polarizados al 50 por ciento izquierda-derecha. Veo un problema muy severo en la cultura digital del abuso de los móviles. Este es un país que tiene 47 millones de habitantes y 60 millones de smartphones. Eso nos debe de inducir a reflexión. Alemania, por ejemplo, cuenta con 80 millones de habitantes, y una población móvil de 20 millones de smartphones… No digo que los alemanes sean mejores o peores que nosotros, pero esto del móvil hasta en la sopa es una cultura brutalmente invasiva.

En los teatros damos cinco avisos para que la gente ni grabe, ni haga fotos, y muchos espectadores hacen lo que les da la gana. Con el móvil todo es mío…

¿Y nota esa presión en carne propia también por la calle?

¡Por todas partes! A mí una persona me pide una foto con educación y respeto, y yo me la hago. Lo que es intolerable es que estés comiendo en un bar y te graben, y te hagan fotos por la espalda…

El 1 de marzo cumplió usted 15 años desde que empezó su asalto a la fama. ¿La fama cuesta?

Todo tiene su lado bueno y su lado malo. Siempre hay algo a lo que debes renunciar. Cuando eres una persona más conocida o más popular, pierdes parte de tu intimidad. Es lógico. Pero a la larga también encuentras muchas cuestiones que son muy gratificantes. No puede uno quedarse sólo con lo bueno. Para hacer una tortilla hay que romper los huevos.

Yo estoy muy contento. La vida me dio un cambio grande en muchos aspectos para mejor, y en muy pocos, para peor.

¿15 años se le han pasado volando?

El primer 'bolo' lo hice hace 15 años, pero me dedico profesionalmente a este mundo desde 2003. Sí, todos estos años se me han pasado volando. Casi ni me he dado cuenta. ¡Creo que todavía tengo 20 años y ya tengo 53, pues imagínate! Esto va que no hay quien lo pare…

¿Cómo se vive arriba siendo el icono de humor de la clase media?

Agradezco que me dé esa información, porque no sabía que era el icono de humor de la clase media… Yo me lo paso bien, intento que la gente disfrute con un humor agradable, y si la gente se identifica conmigo y se ríe, pues a mí no me queda más remedio que estar muy agradecido. Realmente el público es soberano y es el que dice quién sí, y quién no. Reconozco que, por lo que sea, he caído en gracia, y muchas personas me apoyan. Tengo la percepción de ser un hombre afortunado.

¿Es difícil ser cómico entre corruptos, chorizos profesionales, y recesiones económicas como telón de fondo?

¡Pues claro! Pero incluso todo eso nos aporta un valor: el humor puede ser un remedio casero contra esa enfermedad social. Mucha gente en situaciones comprometidas y más fastidiadas nos dan las gracias en los teatros, porque en las dos horas del espectáculo se han olvidado de los problemas, se han reído mucho, y se lo han pasado muy bien.

Lamentablemente, la condición humana es esta: siempre habrá corrupción y miseria.

Esta crisis económica fuerte, personalmente, me ha servido para valorar más lo afortunado que soy por tener un trabajo que me gusta, porque nos ha ido bien, porque no nos falta actividad, y soy muy consciente de que muchas personas han estado y están en situaciones muy dramáticas. Es duro. Mi contribución es convertir el humor en un compañero de camino que sirva para llevar mejor lo que nos complica la vida.

¿Qué episodio nacional de los últimos años le ha parecido más patético?

No sabría elegir uno, porque ha habido unos cuantos… Pérez Galdós se quedaría corto ahora para escribir sus episodios nacionales… Hay cosas muy dolorosas. El tema económico, al final, es soslayable. Pasa como en la vida, que ha asumido ese dicho popular de "que todo sean problemas de dinero"… El gran problema es la desconfianza generada entre la calle y la gente que nos representa. Los políticos y los ciudadanos estamos muy distanciados, y esa brecha es un episodio nacional crónico muy patético.

¿A qué españoles conocidos les sentaría usted, sin duda, a probar suerte en El Club de la Comedia?

El humor no se fuerza, pero hay muchas personas desconocidas que harían allí un papelón. No hay más que afinar la oreja por la calle para descubrir ahí mucho talento… Hay gente muy graciosa en este país que no se dedican al humor como, por ejemplo, Juanma López Iturriaga. Pero El Club de la Comedia es más para españoles anónimos: ese carnicero, esa señora a pie de mercado… No son profesionales del humor, pero tienen una gracia tremenda.

¿Qué tiene usted de Gila 2.0?

Sí, me han dicho que hay un cierto parecido en el estilo… Quizás sea por la forma de hablar, por esta manera mía así, más seca, más seria… ¡Pero ya me gustaría a mí tener un cinco por ciento de su talento! Además, Gila era un buen dibujante y un gran escritor, y esas dos pasiones yo también las comparto. Gila es un fenómeno, y es un referente para mí, y para cualquiera que se dedique al humor.


Una quiniela rápida de 1 X 2:

Luis Piedrahita – Goyo Jiménez

Eso es muy difícil… Son dos de los mejores, pero tienen estilos muy distintos. Luis es más verborreico, y Goyo es más exagerado, más echado pa'lante, porque es un titán en el escenario. Luispi es más intimista. Elegir entre los dos es como equiparar una película de Marvel con una de James Cameron… Pondría una X, porque son distintos, pero los dos están a un nivel altísimo.

Otra pareja muy distinta: Pablo Iglesias – Esperanza Aguirre

¡Me está metiendo en un follón de cuidao! Paso palabra…

Valladolid - León

Yo soy leonés de nacimiento, me he criado en Valladolid, ahora vivo en Madrid… He vivido 40 años en Valladolid y 7 en un pueblecito de León. Yo es que me lo paso tan bien en cualquier lao que, entre Valladolid y León, elijo Gijón, que tiene mar…

Forges – El Roto

            Me gusta más el estilo de El Roto, porque ese humor duro tan social tipo Chumy Chúmez me atrae mucho. Forges tiene una trayectoria desbordante, pero, aquí pongo un 2.

            Messi – Cristiano

            ¡Messi, sin dudarlo!

            José Mota – Cruz y Raya

            A Cruz y Raya no les seguía tanto. Con José Mota he tenido la suerte de trabajar, y es un cómico muy currante, que ha tenido una trayectoria muy buena. Fíjese en la película que hizo con Álex de la Iglesia. Elegimos 1, porque yo creo que Mota ha ganado separándose.

            Alejandro Sanz – Justin Bieber

            ¡Alejandro Sanz!

            Woody Allen – Santiago Segura

            Los dos. Ahí, una X.

            Isabel Preysler – Vargas Llosa

            ¡Hombre, Vargas Llosa!

            Riñonera – chándal

            ¡Las dos cosas!

            Pedro Almodóvar – Isabel Croixet

            Son muy diferentes… Uno es más mundano, y la otra es más espiritual. ¡Una X también!

            Dani Rovira – Antonio Banderas

            ¡Pues yo me quedo con Dani Rovira, porque le conozco, he trabajado mucho con él, y es un tío que ha hecho cosas muy importantes!

            Valderrama – Michel

            ¡Valderrama, no ve que soy socio del Pucela!

            Mantecados de Portillo – Polvorones de Tordesillas

            En Tordesillas tuve un problema con lo del Toro de la Vega. Iba a dar el pregón, y al final no lo di. Por otra parte, he trabajado en Portillo. En cualquier caso, pongo una X, porque las pastas caseras me encantan.

            Pleno al 15: Paco Martínez Soria – Pepe Luis Vázquez

            ¡Joé, es que me estás matando, macho! Pon una X, porque con los dos me lo paso pipa.

¿Qué le viene a la cabeza sobre la marcha cuando oye eso de que "la realidad siempre supera a la ficción"?

¡Es que es verdad! Te puedes imaginar hacer el casting de lo que sea con 50.000 actores, y siempre hay un tío en la calle al que no conoce ni Clyford que es mejor que cualquiera de los escogidos. No es que sea mejor, es que es el verdadero personaje. La realidad siempre supera a la ficción en todo.

¿Qué límite tiene el deber de alegrar la vida ajena y el derecho a reírse?

Tampoco creo que sea un deber alegrar a la gente… Yo hago lo que buenamente puedo. Pero sí tenemos todos el deber de alegrarnos a nosotros mismos y echarle un poco de humor a la vida, porque es compatible ser críticos con no tomarnos muy en serio, vayamos a volvernos locos…

¿Le haría ilusión presentar los Premios Goya?

¡No!

¿Se ve de actor del cine español?

Puedo verme haciendo alguna cosita… Ya veremos…

¿Pero hay algún proyecto en marcha?

Hay algo, pero prefiero no decir nada, por si se me gafa…

El humor es creativo. Denos una idea para:

            El eslogan de la próxima campaña electoral:

            "El último, que apague la luz"

            El nombre del programa de televisión que le gustaría presentar usted mismo:

            Nunca había pensado en eso… Me gustaría, por ejemplo, presentar algo sobre bicicletas, que son una pasión personal.

            La próxima canción del verano:

            La que quiera Georgie Dann. Me pongo en sus manos.

            La trama del próximo anuncio del Sorteo de Navidad:

            Los toca el Gordo a los Reyes Magos…

¿Qué pinta un chiste verde en horario infantil?

Poco, la verdad. A los chavales hay que protegerles, que bastante tienen ya con lo que se les viene encima.

¿Es fácil vivir de hacer reír sin caer en lo soez?

Hay que esforzarse. Supongo que a unos les costará más que a otros. A mí no me gusta este tipo de caña. Yo intento no ser soez. Puedo tener puntos un poquito más chocantes, pero evitarlo es una cuestión que persigo.

¿Qué tienen que ver la libertad de expresión con los títeres del lío?

Los propios artistas deben ser conscientes de que hay cuestiones que hacen mucho daño… La libertad de expresión está ahí, pero si todos decimos lo que nos sale de las narices estaríamos a tortazos todos el día.

¿Cómo se consigue que la familia no sea atrezzo cuando uno está subido en el tren de su oportunidad?

La familia nunca es atrezzo, ni cuando estás arriba, ni cuando estás abajo. La familia te toca, hay que llevarse lo mejor posible, y cuidarla de manera sensata. En los hogares españoles hace falta tranquilidad para afrontar las cosas buenas y las malas, que siempre llegan.

¿Qué le dice Leonardo, el monologuista que fue panadero, a los que…

            … hablan para escucharse a sí mismos?

            No soy quien para dar consejos a nadie, pero que se relajen, se tomen un vinito, y abran su mente. Disfrutarán más ampliando su mundo.

            … a los que dialogan como besugos?

            Que se vayan al horno. En 20 minutos un besuguito está muy bien hecho…

            … a los que hacen el "mono" sin "logos"?

            ¡De esos hay cantidad! Que hagan lo que puedan…


¿Cómo es el escritor que Leo Harlem lleva dentro?

No he escrito nunca nada, salvo mis actuaciones, pero me gusta mucho leer. Si algún día puedo escribir, me gustaría hacerlo como Ricardo Piglia, Carpentier, Borges… Leo mucho en castellano, porque no soy capaz de valorar adecuadamente las obras traducidas. Juan Rulfo, y los clásicos de Hispanoamérica me gustan casi todos. De los autores ingleses me quedo con Stevenson. Me vuelve loco como escribe ese tío. 

Le dan 2 minutos para lanzar su mensaje desde la tribuna del Congreso de los Diputados durante el próximo Debate del Estado de la Nación. ¿Qué?

Diría: Balones fuera, que vamos ganando, los córners a pie cambiao, y la primera falta la hacemos nosotros…

Señor Harlem, ¿el Congreso es el Bronx?

No sé, pero tiene toda la pinta de que esto se va a poner interesante… Por una parte veo un panorama más divertido, pero al estar todo tan polarizado, no sé, lo veo complicado…

A los cómicos se les ve sonriendo por los escenarios a marchas forzadas. De aquí para allá, sin tiempo, a veces, para respirar. ¿Cómo combina el estrés con el sentido del humor?

Parando un poco… Yo estoy echando el freno en viajes fuera y me estoy orientando a trabajar más en Madrid, porque es duro. No es por el trabajo en sí, sino por los viajes. Las actuaciones las disfrutamos mucho: la gente viene a verte sobre el escenario durante un tiempo prudencial. Pero hacer 200 noches de hotel en un año… ¡Es que ya no sabes ni dónde estás!... Claro, eso genera estrés, que se nota en el cansancio, y en que ya no estás tan fresco, no en las tablas, sino en la vida misma, que cuesta.

Dígame algunas ideas de las que mama usted en la calle que podrían humanizar el discurso político…

Yo lo que noto por la calle es que la gente está muy acelerada, muy nerviosa, muy estresada. Y percibo que la gente está enloquecida con los móviles. ¡Enloquecida! ¡No es normal meterse en el metro con 30 personas mirando a las pantallitas! Nos falta tranquilidad y mucha reflexión… Vivimos atropellándonos… Somos como cucarachas amontonadas que funcionamos mientras todo nos da igual… Esta necesidad de reflexionar es una idea que habría que transmitir a la sociedad, porque estamos un poco como pollos descabezados…

Supongo que para hacer monólogos es necesario estar al día. ¿Cómo se informa usted?

Yo todas las mañanas cuando me levanto leo el teletexto… ¡Es verdad! ¡Soy el único tío que usa el teletexto! Me leo las cabeceras. Como viajo bastante, cuando voy en los trenes leo un par de diarios de un vistazo. Sigo también el canal 24 horas de noticias de TVE. Y nada más. Al final, como todo el mundo está con los móviles, te acabas enterando de cualquier cosa sobre la marcha… De todas formas, parece que ahora mismo la mejor manera de informarse son los memes

¿Y quién sería el mejor presidente en la España de los memes?

El presidente de Telefónica, supongo… Lo de la política me parece muy complejo, y a la vez muy delicado…

¿Por qué causa social pondría la cara sin cobrar un euro?

Colaboro en Valladolid con el Banco de Alimentos, con Aspaym [Asociación nacional de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos], y con Asprona [Asociación Protectora de Personas con Discapacidad Intelectual o del Desarrollo]. Siempre echaré una mano para ayudar a las personas que están en desventaja real. A ellos y a sus familias.

¿Con qué tema siempre va en serio?

¡Con la comida!

¿Qué recomienda el rey de los bolos a los reyes nuestros de las bolas de cada día?

Tranquilidad y buenos alimentos…

Ciclista casero, ¿cuáles son los pedales de su vida?

La serenidad. Lo mío no es una tranquilidad de asceta, pero intento disfrutar los ratos libres de cada día. Veo una peliculita, y la paladeo. Me tomo una cañita, y la gozo. No tengo vicios raros. No tengo carnet de conducir. No tengo moto. No tengo . Con un botellín de Mahou o un paseo por el parque estoy más que a gusto… Soy un poco Paco Martínez Soria en ese sentido, la verdad.

¿Qué dibuja Leo Harlem en la intimidad?

Llevo tiempo dibujando poco, y me disgusta, porque me lo paso muy bien. Le doy a los dibujos tipo cómics, y cosas sencillitas. Pintar he pintado poco.

¿Por dónde irá su Plan Renove profesional cuando se agoste la sabia del monólogo?

Hombre, pues yo ya tengo una edad y tengo que ir pensando en el retiro… Me gustaría jubilarme con cierta dignidad… Ya veremos, pero la radio como medio de comunicación me encanta. Me parece un recurso espectacular. Sigue teniendo frescura, sorpresa… Para mí es el medio que lo tiene todo,  y no agobia tanto como la producción de la televisión, que exige muchos recursos y mucho dinero. La radio sigue teniendo la magia de que un tío con barba de tres días comiendo gominolas puede hacer un programazo.

¿Radio por la mañana, o por la tarde?

Prefiero por la mañana, pero ya a media mañana. No demasiado pronto, porque esos horarios de 6 de la mañana, por favó… Eso debería ser inconstitucional y seguro que va contra la Convención de Ginebra…

¿Y con quién estaría más a gusto: con Carlos Herrera, con Carlos Alsina, con Pepa Bueno…

Conozco a Carlos Herrera y a Carlos Alsina personalmente. De hecho, estuvimos en contacto con Onda Cero para colaborar, pero mi calendario de trabajo no me lo permitía. Con una sección dentro de cualquiera de esos programas yo estaría a gusto y feliz.

¿Usted irá al cielo por hacer que los demás se lo pasen bien, o prefiere tocar tierra?

Habrá que tocar tierra… Todavía no ha bajado nadie que venga del cielo que me diga que allí se está en la gloria… Pero, intento hacer las cosas bien y que los espectadores sean felices, al menos durante el tiempo de mis actuaciones. Trato de trabajar a conciencia, sin ofender a nadie, con lo cual, no creo que gane muchos puntos, pero tampoco los pierdo…

La vergüenza, ¿para qué?

Yo soy muy pudoroso y muy respetuoso con la vida de los demás. Intento ser educado, tratar a la gente de usted, no hacer ruidos en casa, saber estar en los sitios públicos, y ser correcto…

"Hasta aquí hemos llegado" [su último espectáculo], ¿bien, no?

Ha ido muy bien. Volvemos ahora con la segunda temporada. Y seguiremos mientras el público nos acompañe y la autoridad nos deje…

Galicia, Zaragoza, Navarra, Barcelona… Al final va a ser usted el auténtico Senado…

No lo seré, pero, afortunadamente, el haberme movido tanto por las ciudades y haber conocido a tanta gente me ha permitido saber que hay personas extraordinarias. Aconsejo vivamente recorrer más España. Sacar ratos para conocer lo nuestro. La gente ha estado en Kuala Lumpur y de safari en Kenia, pero no se ha pateado Palencia, ni le ha sacado todo el partido a Andalucía… Y manejar nuestro propio país es importante, porque nos da un toque de contacto, de relación y de afecto con los más próximos que nos viene de maravilla…


REBOBINANDO

Sobre las tablas, un señor normal, que no busca que todos le rían el chiste, ni caer bien a toda casta. Él ve, digiere, medita, conecta la calle con el sentido común, le pone pimienta, y lo suelta en directo con cintura y maestría. Y el público le compra lo que eche, porque aquí hay un sociólogo sin ínfulas que expone la España real. El monologuista del espejo sin efectos.

A Harlem le gusta hacer reír. Es consciente de que esa es su contribución social y que sus actuaciones son un oasis para muchos, un bálsamo. Aunque, en el fondo, lo suyo tiene mucho de periodismo social, algo de Medicina de Familia, y un poco de perdonar los pecados…

Harlem es Leonardo, el hombre que disfruta el mundo, al que le repelen las tonterías. Las fachadas. Los postureos. Los peleles. La superficialidad de la vida moderna. Y contra eso carga con todas las fuerzas de su calma. No es que sea un humorista en público malhumorado en la intimidad. Es que está harto de esa mocosa levedad del ser, el estar, y el parecer.

Leonardo es Leo sencillamente. “Sencillamente”, como complemento circunstancial de modo. Y tal y como está el patio de la farándula, aunque sea una aberración lingüística, también como atributo. Te lo digo.

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