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Los ‘cincoestrellas’ que salvan al taxi de la crisis del ‘esto siempre se ha hecho así’

Después de un largo periodo de estancamiento y, entre otras cosas, gracias al nacimiento de los vehículos de transporte concertado (VTC), el sector del taxi español enfila el futuro subiéndose a nuestro tiempo. Un año después de las movilizaciones en Madrid y Barcelona, el panorama está cambiando por dentro, sin necesidad de importunar a los clientes. Rubén Robla es un taxista ‘cincoestrellas’ que trabaja en Madrid para Free Now. En un trayecto por la ciudad nos explica por qué han abandonado el hacha de guerra y por qué la mayoría del gremio se ha decidido a escuchar la voz de la demanda. En solo un año, el taxi ha dado un enorme estirón de innovación, “y la gente, cuando ve que hemos aprendido la lección, está volviendo a confiar más en nosotros”. Entre los más de 40.000 taxistas que ruedan por las apps de movilidad están sacando al taxi del carril fijo al que les condujo el monopolio.

Rubén Robla conduce su taxi 2.0 por las calles de Madrid. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.
photo_cameraRubén Robla conduce su taxi 2.0 por las calles de Madrid. Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Agosto de 2018. Arde el asfalto. La batalla entre taxis y los vehículos de transporte concertado (VTC) quema el verano. El taxi de toda la vida -unas 67.000 licencias en España-, contra el modelo importado a nuestras calles de Uber y Cabify. En medio, un Gobierno central que pasa la pelota a las comunidades autónomas, y unas comunidades autónomas que tiran y aflojan desairadas con el tono de la protesta personificada en la Castellana madrileña o en la Gran Vía de Barcelona.

Enero de 2019. Los líderes sociales del sector del taxi arrancan el año a bocinazos. Reclaman justicia para pilotar las sendas de España en igualdad de condiciones. El enfrentamiento contra los conductores de VTC es constante, hasta que el extintor de una opinión pública que pide libertad de elección y competencia apacigua el incendio, al menos de cara a la galería.

Febrero de 2019. Los taxistas abandonan las calles de Madrid y Barcelona, las dos grandes urbes con más licencias y focos mediáticos de la movilización. Las administraciones públicas han sido incapaces de resolver el conflicto. La oferta y la demanda han serenado el ambiente. De momento.IMG_1854 (1)

Rubén- ‘cincoestrellas’

Febrero de 2020. Carrera desde Nuevos Ministerios hasta el Templo de Debod con Rubén Robla Gutiérrez. 42 años. Tres hijas. Es uno de los conductores cincoestrellas de Free Now -antiguo MyTaxi-, la aplicación que congrega a más de 18.000 taxistas españoles y que conecta a usuarios y conductores en Alemania, Reino Unido, Austria, Italia, Polonia, Portugal, Francia, Grecia y Rumanía.  

Ha salido, como cada día, a las 05.30 de la mañana desde Paracuellos para rodar por Madrid. Como es habitual, estará “doce o trece horas trabajando, para poder llegar a casa a una hora razonable, que hay que bañar y dar de cenar a las peques”. Así lleva ocho años.

Enciende el taxímetro.

Su padre era policía por las mañanas y taxista por las tardes, “porque éramos cuatro hijos y había que hacer horas extras”. Rubén es técnico de sonido en cine y series de televisión, “y entre la crisis, la inestabilidad laboral, la necesidad de un cambio, y las ganas de contar con tiempo para mi familia” dejó la pértiga y las cámaras, y se puso a cuatro ruedas. Aunque aterrizó en el sector en 2012, conoce de primera mano lo que es un asiento de conductor de taxi con respaldo de bolas de madera, y otros anacronismos que fue asumiendo “en mis tres primeros meses de trabajo. Yo venía de un sector en cambio constante, bastante alternativo, con opciones para innovar y crear, y aterricé en un mundo donde parecía que todo estaba inventado y donde todo era muy pasivo”. Hasta que la irrupción de los VTC derritió los límites, porque un año después de los asfaltos en llamas el taxi 2.0 ha salido de cocheras.

Dice Rubén que “ha habido una autocrítica constructiva por parte del taxista gracias a la competencia. Hemos comprobado que, tras las protestas y el vacío de las administraciones públicas, somos nosotros los que debemos liderar nuestro propio cambio. Hemos escuchado a los clientes, a las empresas, y a la demanda popular. Somos los que mejor conocemos nuestras ciudades y somos conscientes de que, mejorando nuestra oferta, estamos en condiciones de ofrecer el mejor servicio a los ciudadanos”.

Conduce con suavidad el jovial cincoestrellas. Hablamos de piloto a copiloto y nos miramos por el retrovisor. “Desde hace tiempo nos hace falta un cambio para competir en un mercado donde los usuarios tienen la sartén por el mango. El precio no lo podemos cambiar, porque está estipulado y no depende de los taxistas. Aunque se baraja una tarifa fija y precios especiales para situaciones puntuales, como las alertas de contaminación medioambiental. En ese terreno algo podemos innovar, pero lo que nos pide la sociedad es que nos ajustemos a la calidad de sus demandas mejorando la limpieza del vehículo, las facilidades de pago, el trato, el aseo personal… ¡Con cualquier esfuerzo por ser competitivos en el siglo XXI está demostrado que la gente prefiere el taxi!”.

-¿Lo de la botella de agua nos da más igual?

-Totalmente.

"¡Con cualquier esfuerzo por ser competitivos en el siglo XXI está demostrado que la gente prefiere el taxi!"

Rubén tiene un jefe que ostenta la licencia. Lo normal es que los taxistas tengan una licencia, que ronda los 130.000 euros, “según el tipo de coche, los días de libranza, etc.”. Aunque “nadie estudia una carrera para ser taxista”, dice que “el que lo prueba, se queda. No se cursa un grado, “pero para ser taxista en Madrid hay que pasar seis exámenes, cosa que nos diferencia de los conductores de VTC”. A pesar de que el tráfico quema muchas veces, la libertad es una conquista importante en este ámbito laboral. Desde fuera hay gente que piensa que el taxi es un lugar para los que no consiguen otro empleo. Yo, al menos, lo que veo es un puesto de trabajo lleno de posibilidades”.

Desde que abrió la puerta, ajustó el asiento, se puso el cinturón y se incorporó al carril taxi, ha experimentado la conjunción de muchas profesiones a la vez. “Cuando hago un servicio, me convierto en chófer, relaciones públicas, psicólogo, confesor, empresario, jefe de protocolo… ¡El taxista es el hombre orquesta del siglo XXI!”.

-¿Chófer?

-Sí, uno de los cambios que experimentamos en estos momentos es que el taxista ha dejado de ser conductor, o piloto, para ser chófer, para ofrecer un servicio personalizado de calidad donde conecta con sus clientes haciéndose a cada uno. Es un nuevo paradigma fundamental para entender nuestra profesión en este contexto social.

“Cuando hago un servicio, me convierto en chófer, relaciones públicas, psicólogo, confesor, empresario, jefe de protocolo… ¡El taxista es el hombre orquesta del siglo XXI!”

Rubén es un cincoestrellas del taxi y es consciente de que esa valoración de los clientes responde “al trato y a la confianza que das. Aparte de manejar el vehículo con profesionalidad, la gente sabe quién le escucha y quién no, quién se involucra para echarle una mano en lo que necesite, y quién mira solo al taxímetro. Convertir un trayecto en una experiencia agradable es obligación de un taxista 2.0”.IMG_1845 (1)

Las Españas ‘de atrás’

En el asiento de atrás, Rubén se encuentra muchas Españas, pero, en general, se sorprende “ante una sociedad saturada de información, que opina fácilmente, sobre todo. Percibo entre mis clientes algo así como lo que sucede en el juego infantil del teléfono escacharrado, porque al asiento de delante llega una actualidad deformada con muchas versiones diferentes”. Le llama la atención que “la gente habla muchísimo de política”. Y constata, por lo que ve y por lo que oye, “que estamos muy estresados, lo queremos todo para ya, vivimos muy rápido, y corremos hacia todas partes”.

-¿Cómo arranca una conversación? ¿Es usted de los que lleva la iniciativa?

-Yo soy de los que tanteo cuando entra el cliente. Al subirse al taxi, lanzo alguna frase inicial para saber si tiene ganas de hablar. Si veo que la respuesta es corta y escueta, mejor guardar silencio.

-¿Entonces pone la radio?

-No suelo poner la radio, entre otras cosas porque la emisora que escuchas es algo muy personal. Lo ideal es que la elijan ellos, si puede ser, cuando piden el servicio, si lo hacen desde una aplicación. 

-¿El taxista español fue de Cope y hoy es más de Onda Cero?

-¡Esos es un bulo!

-Igual es que son de Carlos Herrera y le siguieron en la Cope y ahora le sintonizan en Onda Cero

-En el taxi hay de todo. Yo vengo del sector audiovisual, donde el 90% de sus profesionales son de izquierdas. Aquí hay mucha variedad. Me he encontrado con taxistas que son de izquierdas, y cazan; y con taxistas que son de derechas, pero no creen en la Iglesia. No palpo yo una ideología imperante en este mundo. Seguramente haya más taxistas que ponen Rock FM, aunque no sean heavies.

-Pero sí son mayoritariamente del Atleti, ¿no?

-Eso sí. Quedamos muy pocos del Real Madrid

Circulamos. Le pregunto a Rubén que por qué está en un taxi y no en un vehículo uberizado. “Pues porque no me gusta la forma de entrar y de trabajar de los VTC. Cuando decidí dedicarme a esto, ni me lo pensé”.

-¿Qué es ser un buen conductor?-Transmitir tranquilidad implicándose en la situación de cada cliente. Yo no corro, dejo pasar a los peatones en los pasos de cebra, trato de conducir con educación y elegancia. En general, eso lo agradecen los que van detrás. Ser un buen conductor es sencillo. Lo difícil es conducir mal.

Rubén ingresa de los clientes que le pillan a lazo y, sobre todo, de los que piden un servicio desde Free Now. Algunos son fijos. Se conocieron, se cayeron bien, y es un cincoestrellas a mano para muchos clientes. En algunos casos, ha sido mucho más que un chófer. Por ejemplo, en escenas como esta: La Moraleja, Madrid, pongamos que 2017. Son las cuatro y pico de la madrugada de un sábado de insomnio. Una mujer en bata se sube al coche y le dice: “A la discoteca New Garamond, por favor”. Circulan. Silencio. Después de media hora sin diálogo, Rubén pregunta: “¿Pasa algo?”. La clienta se echa a llorar: “Una amiga me ha dicho que ha visto a mi marido en esta discoteca, y no puede ser, porque mi marido está en un simposio en Barcelona”. La mujer le pide entrar y comprobar. Él no puede abandonar el vehículo. Después de una hora y media apostados en las inmediaciones del local en aquel mar de lágrimas, el marido de la clienta y un amigo “salieron con dos chicas. Y se subieron a un taxi… Seguimos el taxi, que estacionó en el Hotel Tribeca”. La mujer constata el rumor y le pide, desconsolada, que la acerque a casa de nuevo. “¡Qué percal! Lógicamente, en situaciones así te solidarizas todo lo que puedes con un cliente, pero tampoco puedes meterte de lleno en un marrón como este”. Acaban en una cafetería 24 horas hablando un buen rato ante una cocacola. Así se forja una clienta fija. Lo del taxista psicólogo, a veces, se queda muy corto. “Incluso a veces te llevas esas historias duras a casa. Con dramas así convividos en primera persona, más de una vez me he puesto a llorar a solas ante el volante”.

A Rubén se le abren personas enfermas de camino al hospital “que en sus casas mantienen la compostura para no preocupar a los suyos, pero que se desahogan ante un desconocido que les ofrece confianza. Mucha gente coge un taxi y lo cuenta todo. Aquí vives cosas que no te han sucedido nunca, o que solo habías visto en las películas. Aquí detrás los clientes no suelen tender al postureo”.IMG_1767 (1)

“El taxi no puede ser un sector inmóvil”

Miramos por el retrovisor las movilizaciones del taxi español que culminaron hace justo un año.

-¿El sector está ya más calmado?

-No creo, pero hemos visto que existe una solución que no pasa por perjudicar al cliente. Noto que crece la confianza en el taxi, porque cuando tratamos a la sociedad como se merece, nos recompensa. El taxi no puede ser un sector inmóvil: debemos enfocar la batalla hacia el cambio siendo mucho más activos.

Rubén lidera una plataforma madrileña de taxis que se llama Taximadrid4U. Se trata de una asociación “que se preocupa por buscar las herramientas necesarias para mejorar la calidad del sector implementando medios innovadores -tablet, cámara de seguridad, nebulizador, wifi, tecnología de seguridad infantil…- y potenciando la relación con los clientes con formación continua mediante cursos de todo tipo: inglés, chino, primeros auxilios, trucos de limpieza, mecánica…”.  Pasivo, desde luego, nunca más.

Hemos visto que existe una solución que no pasa por perjudicar al cliente. Noto que crece la confianza en el taxi, porque cuando tratamos a la sociedad como se merece, nos recompensa. El taxi no puede ser un sector inmóvil: debemos enfocar la batalla hacia el cambio siendo mucho más activos

Un cincoestrellas rueda feliz por nuestras calles, ahora más que nunca, “porque el esfuerzo y el trabajo bien hecho se valora especialmente gracias a las aplicaciones”. Un cincoestrellas se maneja con el inglés y siente la responsabilidad de la bienvenida al extranjero, quizás más de lo que intuyen los pilotos del turismo nacional: “La primera impresión que un visitante se lleva de una ciudad es la que le ofrece el taxi. Si nos acercamos a su idioma, la imagen es muy positiva. Yo no podría hablar abiertamente sobre el brexit con un cliente inglés, pero sí puedo aconsejarle qué visitar en Madrid, dónde comer, qué paseos no puede perderse y -se ríe- a qué equipo de fútbol tiene que animar cuando venga por aquí”.

La media de valoración de los taxistas de Free Now es de 4,8 sobre 5 estrellas. Claramente, los VTC y las apps han revolucionado la calidad del taxi. Para entrar a formar parte de Free Now, por ejemplo, “no existen barreras de entrada o salida”, ni cuota, porque es “completamente gratuito”. Ni se exige exclusividad, porque las apps son compatibles con las emisoras de radio y con el servicio a pie de calle. En este caso, el taxista paga “una comisión del 12,5% por carrera realizada a través de la plataforma. Se trata -acota Free Now- de un sistema justo y equilibrado, con el que todos los taxistas de las ciudades donde operamos y donde operaremos en el futuro, sean grandes o pequeñas, se sientan en igualdad de condiciones”.

La media de valoración de los taxistas de Free Now es de 4,8 sobre 5 estrellas. Claramente, los VTC y las apps han revolucionado la calidad del taxi

En 2009, Free Now -que forma parte de la empresa conjunta de movilidad tecnológica de BMW y Daimler- tramitó 13,5 millones de trayectos solicitados y su negocio creció un 25%. No hay datos sectoriales de facturación.

Otra aplicación popular exclusivamente española es Pidetaxi, bajo cuyo paraguas operan tambien 18.000 taxistas. Según la empresa, “el 95% de sus servicios se valoran con cinco estrellas”.

 

***

Hace no mucho, un taxista en Sevilla no encendía el aire acondicionado en verano, una de Cuenca le ponía a Federico Jiménez Losantos sin pedir su opinión, y uno de Badajoz le cobraba solo en efectivo, porque carecía de datáfono. Hace no mucho, más de un taxi olía a cuadra, aunque colgara un ambientador de cartón con forma de pino.

Los taxis de Rubén tendrán, pronto, cámaras de seguridad, sillas plegables para niños, ambientadores de diseño y wifi. El propio Rubén va de uniforme y con corbata. Se avanza en los precios cerrados para trayectos concretos y se acerca la posibilidad de compartir coche.

En el partido Taxis-VTC los árbitros de la administración van a cámara lenta. Un año después de los cortes de España y los fueras de juego, los taxistas cincoestrellas están dirigiendo sus motores hacia la primera división. Los taxímetros lo notan y ese trayecto ascendente, parece, casi acaba de empezar.

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