La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Y cuando España despertó, Cristóbal Montoro todavía estaba ahí

Cristobal Montoro.
photo_camera Cristobal Montoro.

El relato hiperbreve de Augusto Monterroso me sirve hoy para sugerirles una reflexión acerca de esta rocambolesca situación electoral a la que hemos llegado en nuestro país.

La noticia de que los españoles volvemos a estar citados con las urnas el próximo 10 de noviembre provoca que, por tercer año consecutivo, España tenga que aplicar las cuentas aprobadas por Cristóbal Montoro en 2016.

Mariano Rajoy tiraba de sorna (de eso no le falta) el pasado mes de agosto, en la Fiesta de la Vendimia de Leiro:

-- “Yo tengo que decir que, lo de los presupuestos, es una buena decisión seguir con los míos”.

Guasas aparte, es cierto que nos hemos quedado sin tiempo para unas nuevas cuentas del Estado antes de que arranque 2020.

La Constitución establece, en su artículo 134.4, que “si la Ley de Presupuestos no se aprobara antes del primer día del ejercicio económico correspondiente, se considerarán automáticamente prorrogados los Presupuestos del ejercicio anterior hasta la aprobación de los nuevos”.

Eso es lo que va a pasar. ¿Qué consecuencias tiene esto? Varias de cierto calado. Por ejemplo: dificulta activar la actualización de las llamadas “entregas a cuenta” de la financiación de las comunidades autónomas. También impide la revalorización de las pensiones o establecer la subida del salario de los funcionarios.

Para evitar desastres, el Gobierno en funciones puede recurrir a los decretos ley: introducir modificaciones y adoptar decisiones urgentes en materia presupuestaria, tributaria y financiera. Pero mientras tanto, Cristóbal Montoro sigue ahí.

Quién nos lo iba a decir. Fue un ministro antipático, arisco y mordaz a conciencia. Jamás se molestó por caerle bien a los ciudadanos. Se enfrentó con Tirios y Troyanos, lanzó veladas (y no tan veladas) amenazas contra grupos empresariales y miembros de la oposición, se despachó a gusto en las comparecencias.

 

Parecía que para él no había un mañana, como si fuera insensible a su futuro político. Pero aquí lo tenemos: vivito y coleando en la vida política española a través de esas cuentas prorrogadas por tercera vez (algo insólito en nuestra democracia) que llevan su firma.

Ver para creer.

Más en twitter: @javierfumero

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