La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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El idilio entre Rajoy y el Marca

Lo peor que le puede pasar a un político es que no tenga consistencia, que le falte fuste, materia gris y talento. Nadie se lo tomará en serio. Y eso, Mariano Rajoy lo sabe. No me cabe duda. Por eso no entiendo la imagen del presidente que publicaba este lunes el diario El País (foto de Claudio Álvarez):

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El romance entre el periódico Marca y Mariano Rajoy no es nuevo. Viene de lejos. Todavía recuerdo, allá por el mes de marzo de 2011, un vídeo difundido por el Partido Popular dentro de una campaña promovida por el mismísimo Jorge Moragas para acercar al líder popular a los españoles. En torno al lema ‘Rajoy en acción’, se distribuían piezas audiovisuales caseras sobre las andanzas del político por España.

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En aquella pieza, don Mariano aparecía circulando en coche por Las Palmas de Gran Canaria junto a José Manuel Soria, presidente del PP de Canarias. Se colocaba el cinturón para el trayecto, daba dinero a un malabarista de la calle, saludaba a un policía, compraba unas figuras de los ‘Masters of the Universe’ para sus hijos… y se llevaba de una gasolinera un ejemplar del diario Marca.

Eso es lo que aparecía en aquel cortometraje, de estilo desenfadado. Insisto. Era una pieza liviana, informal, sin mayor relevancia. Pretendía mostrar un Rajoy cercano, pegado a la tierra, un ser ‘muy humano’, casi de andar por casa.

Sin embargo, tengo para mi que esa pose no le sienta nada bien a Rajoy. Y  me voy a explicar.

Conocida es su afición por los puros, por el ciclismo (por el deporte de competición, en general) y por la lectura habitual de la prensa deportiva. Allá cada cual con sus gustos y preferencias.

Por otro lado, tampoco estoy muy de acuerdo con esa moda, políticamente correcta, de moldear artificialmente a los personajes públicos hasta desnaturalizarlos. De tan perfectos como se presentan a veces, gracias a esos asesores de imagen, terminan pareciendo de cartón piedra. De eso quiere huir Rajoy y me parece bien.

Pero creo que no transmite ninguna buena vibración caer en la cuenta de que la persona que dirige los destinos de este país es tan poco leída. Y mucho menos, que haga alarde de ello. A ver si en el esfuerzo por convertir a nuestros gobernantes en personas cercanas al pueblo, damos la impresión que quien ocupa La Moncloa es Belén Esteban. Es lo que nos faltaba.

“La mujer del César no sólo tiene que ser honrada, sino también parecerlo”. Una sentencia aguda y atinada, también para el caso que nos ocupa. Porque ser un superficial es una desgracia. Pero no serlo y pasar ante la opinión pública como tal es, como mínimo, una torpeza. Sobre todo, si uno tiene los medios para evitarlo.

Más en twitter: @javierfumero

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