La España Profunda
Javier Fumero Director ECD

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Menos mal que el Rey lo aguanta todo

El Rey Felipe VI pronunciando un discurso en febrero de 2019
photo_camera El Rey Felipe VI pronunciando un discurso en febrero de 2019

El desplante que acaba de sufrir Felipe VI tras el veto del Gobierno a su presencia en el acto del Poder Judicial en Barcelona, es de aurora boreal. Una falta de respeto en toda regla que haría temblar las estructuras del Estado contra este Ejecutivo si los que detentan algo de poder en este país tuvieran arrestos suficientes.

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La pandemia de coronavirus supera los 43 millones de casos con 1,15 millones de muertos.

Es cierto, como ya he dicho en alguna otra ocasión, que el Rey que nos hemos dado los españoles es un monarca que ejerce la función de jefe de Estado pero siempre bajo el control del poder legislativo y del ejecutivo

Es un rey que reina pero no gobierna. Sus poderes están limitados. Aún así, desempeña una importante misión: estar por encima de las ideologías, situado en medio del tablero, y actuar, desde esa neutralidad, como un elemento de unidad, estabilidad y cohesión

Pero precisamente por eso nuestros políticos (y todos los sensatos que han gobernado lo han hecho) deben cuidarse mucho de mezclarlo en componendas y banderías personales. Eso es erosionar su figura gravemente y poner en riesgo su papel de árbitro. Si Pedro Sánchez quiere un nuevo Presupuesto para asegurarse tres años más al frente del Gobierno debe pelearlo como considere más oportuno, pero sin mezclar al monarca en ello, sin pasar esta línea roja. Es de sentido común.

Le hace un flaquísimo favor a este país concediéndole al independentismo catalán y a su vicepresidente y republicano socio de gobierno esta pieza cobrada bochornosamente en plaza pública. Es un escándalo gordo y una afrenta con pocos precedentes.

Menos mal que este Rey lo aguanta todo. Es un encajador nato: ha sido formado para ello. En muy pocas ocasiones va a pegar un puñetazo en la mesa. No lo veremos porque no debe hacerlo. Su misión es ejercer de elemento integrador, ser alguien que suma, que resuelve sus dudas o diferencias en privado, sin estridencias ni desplantes públicos. No debe hacerlo.

Además, tiene otro sustento donde agarrarse. Él y la institución que representa porque así lo hemos decidido todos los españoles de forma mayoritaria son un elemento permanente, de amplio respiro y continuidad, que trabaja a largo plazo. Los demás pasarán, también los mezquinos capaces de cualquier cosa a cambio de mantener el colchón en La Moncloa y los cortoplacistas. Él, no. Esa es la simple realidad.

Cambiarán los gobiernos, pasarán los presidentes livianos y superficiales, el moño en alto y la coleta dejarán de estar de moda… pero él seguirá ahí. Quizás sea esto, la simple envidia, lo que les saca tanto de quicio. Quizás.

Pero mucho me temo que no. Es probable que la cuestión sea más sencilla: no dan para más.

Más en twitter: @javierfumero

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