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De Donald Trump a Rajoy

El mundo asiste con asombro al encumbramiento de un personaje estrambótico, histriónico y estrafalario llamado Donald Trump, que tiene ya garantizada  la nominación como candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos.

Los analistas coinciden en concluir que su éxito, conquistado al margen e incluso en contra del aparato del partido, tiene que ver con las televisiones. Más aún, insisten en que Trump es en realidad "un producto de las televisiones".

El propio protagonista es consciente de ello, y por eso monta los actos, mítines y comparecencias como si fueran shows, y ha convertido también los debates con otros rivales en espectáculos mediáticos construidos para las cámaras.

Aquí también sabemos algo de eso, si atendemos a Podemos y sobre todo a su figura principal, Pablo Iglesias. El impacto de la televisión resulta decisivo para entender el rápido ascenso del candidato de la coleta. Y algo semejante ocurre con el otro líder emergente, Albert Rivera.

Esa realidad no es un fenómeno coyuntural y pasajero, sino que se ha convertido en dato cierto cuando se trata de analizar y planificar acciones políticas. Lo vuelvo a recordar, para destacar la ceguera de Mariano Rajoy y sus asesores a la hora de afrontar la campaña electoral del 20 de diciembre.

Es conocido el análisis que se realiza en Estados Unidos, sobre todo desde la presidencia de Ronald Reagan, de que nadie que no tenga facilidad para contactar con la televisión, por televisión, podrá aspirar a ser presidente del país. Por muy valioso que resulte como líder, por mucha gestión política de la que presumir, por grande que sea la capacidad del aparato partidista... Si, por así decirlo, no da bien en la pequeña pantalla, no tendrá nada que hacer. Me remito de nuevo al caso de Donald Trump. Y al de Pablo Iglesias.

Mariano Rajoy se ha resistido durante años, como gato panza arriba, a bajar del olimpo y pisar los plebeyos platós televisivos. A última hora se dio cuenta, se planteó intentarlo, pero ya era tarde, porque se habían acumulado carencias de años que no era posible resolver en semanas.

No obstante, desde el 20-D su actitud ha ido cambiando. Y no le ha salido tan mal, a la vista de los registros de audiencia que presentaron los programas en los que ha participado últimamente. Es más, casi hasta le ha tomado gusto.

Por eso, todo indica que esta vez Mariano Rajoy sí estará pendiente de las televisiones. Pues más le vale.

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En Twitter @JoseApezarena

 
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