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Enterrar a Pedro Sánchez

La derrota de Pedro Sánchez el sábado, en el comité federal, y su inmediata renuncia a la dirección del PSOE, es la consecuencia, casi inevitable, de una loca carrera política en la que se atrevió a desafiar prácticamente a todos. Y perdió.

Desafió a la estructura del partido. Desafió a los barones regionales. Desafió a los viejos socialistas, que no tiene poder real pero si simbólico, sobre todo en los aparatos y en los medios de comunicación. Y desafió a Susana Díaz, líder de la más importante federación

Desafió a todos, con la convocatoria de primarias y de un comité federal exprés, pensando que le calendario le volvería a salvar de nuevo porque las fechas son muy cortas.

Aunque su peor decisión fue saltarse los órganos de gestión del partido y apelar directamente a la militancia, con lo que descalificaba y desmontaba el aparataje, la estructura interna de mando.

Otro error fue encerrarse en el núcleo de jóvenes políticos, ambiciosos y maniobreros como él, que formaban su ejecutiva, y escucharles solamente a ellos.

No se creyó que Susana Díaz acabaría yendo a por él. Interpretó que los sucesivos gestos de prudencia de la presidenta andaluza iban a mantenerse indefinidamente. Y le faltó información, porque ella llevaba semanas articulando la mayoría que finalmente ganó el comité federal.

Pensó, en fin, que no se atreverían a cortarle la cabeza, precisamente para evitar tamaño escándalo y el consiguiente daño al partido. Y no se percató de que los otros habían concluido que era mucho mayor el descalabro que se produciría si le dejaban marchar por libre como hasta ahora y hacerse definitivamente con el mando.

Pedro Sánchez ha abandonado Ferraz, pero no ha sido porque perdió una votación en el comité federal, sino porque el resultado de la consulta certificaba que, si los críticos promovían la moción de censura que estaban preparando, saldría del cargo con deshonor, marcado con el baldón de haber sido reprobado por su partido.

Sin embargo, en su intervención de despedida dejó un mensaje que apenas ha sido destacado: se presentará a las primarias para elegir secretario general. Y entonces sí que hablará la militancia, esa base que él se ha trabajado con tanto mimo, y que tal vez decida corresponderle votándole frente a Susana Díaz.

El titular de esta columna puede parecer demasiado tétrico. Pero es que me viene a la cabeza una vieja historieta, muy conocida por otra parte. El enterrador andaba echando paladas de tierra sobre la sepultura, cuando desde abajo se escuchó una voz angustiada que gritaba: “¡Estoy vivo, estoy vivo!”. El sepulturero respondió: “¿Vivo? Lo que estás es mal muerto”. Y siguió echando tierra.

Lo moraleja es que, quienes crean que han matado políticamente a Pedro Sánchez, deberán esmerarse en enterrarlo convenientemente. Porque hoy sigue todavía vivo.

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En Twitter @JoseApezarena

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