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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Pérez Reverte echa en falta más guillotina en España

La guerra de la Vendée fue uno de los episodios más sangrientos de la Revolución Francesa, que se saldó con la matanza, por parte de las tropas republicanas, de cientos de miles de campesinos de dicha región al Oeste de Francia, un territorio que después permaneció prácticamente deshabitado durante 25 años.

Algunos historiadores galos han llegado a calificar lo sucedido como genocidio, y también como populicidio, argumentando que los dirigentes de la revolución buscaron la eliminación sistemática de los pobladores de esa zona.

El término francés populicidio, utilizado antes de que se inventara el de genocidio, fue acuñado por Gracchus Babeuf en 1795, precisamente para describir el exterminio de 117.000 campesinos de la Vendée.

Centenares de prisioneros hacinados en barcas que fueron hundidas en el río, “fusilamientos” masivos a cañonazos, asesinatos de mujeres, niños y ancianos, arrasamiento de las tierras y destrucción de los hogares… fue la respuesta de las tropas de la República, nacida en 1792, contra la rebelión que estalló un año después y pervivió hasta 1796.

Se ha hablado, pues, de guerra de exterminio, sistemáticamente programada por el Comité de Salud Pública, máximo órgano ejecutivo de París en ese momento, cuyo objetivo fue conseguir la completa desaparición de habitantes y poblaciones. Eso aplicó la Revolución a quienes se les resistían.

La insurrección vendeana tuvo detrás múltiples factores. No fue exactamente una defensa del Antiguo Régimen, sino más bien una suma descontentos (por ejemplo, la resistencia a las levas de cientos de miles de jóvenes para el ejército) y de desconfianzas hacia el nuevo Estado, unido a movimientos defensivos ante el ataque a la religión, contra los que se alzaron los campesinos, apoyados por el clero y por la nobleza.

Bueno, pues resulta que eso es lo echa de menos Arturo Pérez Reverte en el caso de España: que aquí no haya existido una represión de ‘enemigos del régimen’ como la practicada en la Vendée.

Achaca los problemas que sufre este país a que aquí no haya existido una represión semejante, que hubiera acabado con “obispos, reyes y demás…”, según sus propias palabras, que por tanto siguen campando en este país y son culpables principales.

Así se expresó el novelista el sábado por la noche, entrevistado en La Sexta. Afirmó que echaba de menos la guillotina.

Si esa es la receta de Pérez Reverte para solucionar los problema de las naciones, aviados estamos. Es, por cierto, la vía que tomaron personajes como Pol Pot en Camboya, Mao en China, Stalin en Rusia... Y hasta, si me apuran, el mismísimo Führer. O los hutus en Ruanda, con las matanzas de 1994, cuando acabaron a machetazos con dos tercios de los tutsis. Y tantos otros.

Magnífica receta, sin duda. De un demócrata, por supuesto.

 


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