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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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A quién amenaza Corinna zu Sayn-Wittgenstein

Unas grabaciones a Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la amiga de don Juan Carlos, obtenidas en Londres durante una conversación presuntamente privada, acaban de publicarse ahora, tres años después. No está claro con qué intención.

Desde un punto de vista profesional, a todo periodista que merezca tan digno nombre tendría que resultarle inquietante constatar que hay grupos o personas que “administran” la información. Deciden qué publicar, cuándo hacerlo, cómo, e incluso eligiendo los medios que lo van a recoger, con los que negocian hasta alcanzar un pacto. Desazona la sensación de estar siendo utilizados, manipulados, para unos fines en principio desconocidos.

Por lo que se escucha en las cintas, Corinna lanza una comprometida serie de acusaciones al anterior rey, sobre cuentas corrientes en el extranjero, comisiones por contratos internacionales… Y, de paso, también al director del CNI, Sanz Roldán.

Evidentemente, lo que ahí se escucha es su versión. Son afirmaciones de una señora herida y en una conversación privada. Ni entonces ni ahora ha habido ninguna iniciativa judicial por su parte. Es su palabra.

Por eso, echo de menos pruebas. Echo de menos documentos, fechas, datos. Y, mientras no aparezcan, me quedo con que es solo su palabra, su versión. En la que, por cierto, ella sale casi “limpia”.

En efecto, Corinna se presenta como una persona utilizada, manipulada, usada como testaferro solo por tener domicilio en Mónaco. Un enfoque bastante discutible en su caso, porque la alemana-danesa puede ser cualquier cosa menos una ingenua y una analfabeta económica.

La amiga de don Juan Carlos acusa al director del CNI de haberle amenazado “de muerte”. A ella y a sus hijos. La verdad, no me imagino a Félix Sanz Roldán actuando como un sicario de medio pelo y amenazando… de muerte. Si el resto de revelaciones tienen ese nivel de credibilidad…

Por cierto, que, tras la publicación de las grabaciones, Corinna ha difundido un comunicado denunciando los “intentos de descrédito público que he padecido con un sinfín de información falsa”. ¿Afirma que lo ahora publicado es “información falsa”? ¿A qué Corinna creemos, a la de entonces en Londres o a la de ahora?

Cuando unas grabaciones salen a la luz tres años después, parece elemental preguntarse: ¿por qué? ¿Para qué? ¿Con qué fin? A ese respecto nadie pone en cuestión la procedencia: el comisario Villarejo. Una persona que está en la cárcel, investigada por la justicia, y que ya ha montado en ocasiones anteriores algo semejante.

¿Por qué otra vez? ¿Es para lanzar mensajes al Gobierno? Pero, ¿qué ha cambiado? Pues que ahora hay otro Gobierno en España. Si el anterior no movió un músculo con filtraciones parecidas, a lo mejor espera que este, más bisoño, o con otras intenciones, sí reaccione.

¿Es, por el contrario, otro mensaje contra el CNI, el enemigo de Villarejo? La pregunta vuelve a ser la misma: ¿por qué ahora? ¿Qué ha cambiado? Pues que hay nueva ‘jefa’, la ministra Margarita Robles. ¿Espera que fulmine a Sanz Roldán?

Tercera opción. ¿El misil va dirigido contra la monarquía? Desde luego, a la institución no le hace ningún favor ese nuevo escándalo.

¿Y qué piensan en La Zarzuela? La palabra clave es: distancia. No se consideran concernidos. Creen que están en un ámbito ajeno. Y, por supuesto, no va a existir reacción alguna.

Les parece que se han desbordado las cloacas del Estado. Acaba de ser detenido otro comisario, García Castaño, vinculado a Villarejo. Existe un juez que instruye la causa  que ha pedido la documentación que guarde Villarejo, hay registros en su casa…

Felipe VI, por lo visto, se dedica a lo suyo. A cumplir el compromiso constitucional asumido. Y las normas que implantó nada más llegar, para la máxima transparencia.

Por cierto. A propósito de todo esto, en los entornos de La Zarzuela se escucha esta sencilla reflexión: don Juan Carlos ya abdicó. Como apuntando que una de las razones de su adiós estuvo precisamente en turbiedades como las que ahora están ventilándose y por las que pagó el precio de irse. La cuestión está en si ese precio será suficiente.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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