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Chaqueteros sin vergüenza

Gerard Piqué y Ángel Garrido.
photo_camera Gerard Piqué y Ángel Garrido.

Para empezar, tengo que aclarar que la palabra "sinvergüenza" es un calificativo, o más bien un descalificativo, mientras que la forma "sin vergüenza" es solo una descripción: retrata a alguien que no siente vergüenza por hacer o decir algo.

Cuando un político ha pertenecido a un partido durante décadas, y ha ocupado cargos relevantes, incluyendo presidir una importante entidad territorial, cuando anuncia de pronto, por sorpresa, que ha decidido trasvasarse al partido rival, e incluso integrar sus listas precisamente para el ente territorial que ha presidido con la anterior formación, y además lo pregona a bombo y platillo, en una rueda de prensa multitudinaria, bien puede decirse que el interfecto no ha tenido vergüenza.

En España, a este tipo de personajes se les suele llamar chaqueteros, aludiendo al cambio de chaqueta, de etiqueta política, que han asumido.

Y los chaqueteros suelen ser, como digo, personas sin vergüenza. Si la tuvieran, tal vez no tomarían esas decisiones aparatosamente. Si la tuvieran, al menos no pregonarían su desplante como si se tratara de una hazaña.

A no ser que lo que se busque con tamaña opción sea precisamente causar daño. Si se tratara de una miserable venganza, entonces los calificativos deberían resultar mucho más fuertes.

Puedo entender, y entiendo, que alguien se sienta indignado por decisiones de su partido, que considere que le han maltratado, a él y a su gente: que le han pagado con la ingratitud muchos años de dedicación y sacrificio.

Aceptando eso, habría que responderle, en primer lugar, que tampoco le había ido tan mal hasta ahora. Porque, al menos durante ese tiempo, cuando ha estado en el machito, ha manejado poder, ha disfrutado de prebendas... y ha cobrado un buen sueldo.

Y habría que recordarle, en segundo lugar, que así es la política. Y que, cuando decidió consagrarse a tan digno menester, conocía bien las reglas de juego y las aceptaba. Hasta incluso él mismo propició, o al menos lo permitió, o calló, acciones sobre otros miembros del partido que, en el pasado, se han visto marginados o aparcados.

Me sorprenden y me duelen comportamientos así: marcharse dando un portazo del partido en el que se ha militado durante muchos años buscando hacer sangre, como represalia, como venganza. Lo cumpla quien lo cumpla, sea del partido que sea, porque pienso que degrada la noble condición de político.

No me entran en la cabeza esas "conversiones" repentinas, que llevan a un diputado/a de un determinado partido, a un cargo público, a pasarse, sin más, a la acera de enfrente de un partido rival. Pero menos aún que inmediatamente se integre en sus candidaturas. ¿Cuándo ha sido o es, ese personaje, sincero, congruente y honrado, consecuente con sus ideales? ¿Antes o ahora?

Igual que considero que un partido que se dedica a nutrirse de tránsfugas y resentidos de otras formaciones, no lanza precisamente un buen mensaje. Menos aún si lo hace a toda prisa, como está ocurriendo en el caso concreto de Ciudadanos.

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En Twitter @JoseApezarena

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