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El enemigo (no previsto) que derrotará a Pedro Sánchez en las elecciones

Pedro Sánchez y María Jesús Montero.
photo_camera Pedro Sánchez y María Jesús Montero.

Pedro Sánchez y su consejero principal, Iván Redondo, lo tenían bien calculado. Estaba todo previsto. Habían hecho su trabajo y se sentían satisfechos.

En efecto, habían analizado la coyuntura, identificado los estados de opinión, evaluado las bazas propias y las de los rivales, descifrado las encuestas, proyectado las previsiones políticas, calculado los plazos… y la conclusión resultaba irrefutable: si se repiten las elecciones generales, el PSOE mejorará notablemente el resultado y Pedro Sánchez podrá formar Gobierno con bastante facilidad.

Tales cábalas explican bastante lo ocurrido durante los últimos meses a propósito de la investidura, que en realidad el presidente en funciones no deseaba consumar por las enormes hipotecas que debería asumir, la más incómoda e indeseable la alianza con Podemos, imprescindible para alcanzar la mayoría requerida.

Por eso fracasó la investidura, porque Sánchez y sus consejeros habían llegado a la conclusión de que lo que en realidad les interesaba era una repetición de elecciones. Y todo lo demás fue disimulo y paripé.

Por lo visto, las previsiones estaban bien hechas. Lo empezaron a corroborar casi todas las encuestas, que pronosticaban una clara subida de los socialistas, hablando incluso de 140 y 150 escaños, cifra que da plena capacidad para formar el siguiente Gobierno sin demasiados agobios.

Se les prometían muy felices. Pero la realidad ha empezado a estropearles sus cálculos. Se vienen acumulando demasiadas circunstancias negativas. Tantas, que ahora parece en riesgo la victoria.

El enemigo imprevisto que puede derrotar a Pedro Sánchez es la economía.

Veamos. España está dejando de crecer de forma mucho más acelerada de lo previsto y hasta va a resultar complicado alcanzar el 2% el año próximo.

El paro ha empezado a dispararse, como se comprobó con los datos de septiembre, y le sucederá un octubre que suele ser el peor mes del año.

La quiebra del gigante turístico Thomas Cook va a destrozar la campaña de invierno en Baleares, y sobre todo en Canarias.

El Brexit amenaza con castigar al conjunto de la economía europea, y singularmente la española.

Las recientes inundaciones en todo el Levante han dejado casi arrasada una amplia zona de agricultura puntera.

Por si faltara algo, al amigo Trump se le ha ocurrido tomar represalias contra la industria aeronáutica europea colocando aranceles al vino, aceitunas, queso, jamón… españoles.

Demasiadas malas novedades económicas. Va a resultar difícil mantener alto el ánimo de la población, bombardeada con noticias pesimistas y hasta catastrofistas.

Y los españoles guardan en el subconsciente un razonamiento altamente peligroso para Sánchez y su equipo de asesores. La convicción de que, en tiempo de crisis, cuando las cosas se estropean, es la derecha la que sabe arreglarlas. Y que la izquierda es la peor opción para gestionar la miseria.

Así pues, si, de aquí al 10 de noviembre, se consolida la impresión de que la situación se ha convertido en preocupante, el candidato socialista lo va a pasar mal. Puede verse derrotado por un enemigo con el que no contaba: la economía.

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En Twitter @JoseApezarena

 
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