José Apezarena

De Errejón a la ex izquierda

Iglesias abraza a Errejón en el mitin del 2 de Mayo.
Iglesias abraza a Errejón en el mitin del 2 de Mayo.

Leo en el libro “Ejecutoria”, de Enrique García-Máiquez una especie de chiste que circuló con la penúltima crisis económica: “La clase trabajadora no tiene trabajo, la clase media no tiene medios y la clase alta no tiene clase”.

A lo que ahora tendríamos que añadir: “Y la izquierda es en realidad ex izquierda”.

Viene a cuento del estruendoso caso de Íñigo Errejón, que, desde mi punto de vista, trasciende la realidad de la persona protagonista, porque es algo más que un episodio individual. No estamos ante un suceso aislado o una anomalía inusual. Detrás se esconde una situación que alcanza a la izquierda en su conjunto, y más aún a la izquierda radical. Por eso, hoy esa izquierda se muestra descolocada, descoyuntada.

La historia de Errejón afecta al conjunto porque se está acreditando que en el seno de esa corriente ideológica se han vivido de forma bastante habitual comportamientos descalificatorios, que ahora van saltando a la luz. Pero, más aún, dentro ha existido silencio, connivencia, cuando no complicidad. Sus miembros, ellos y ellas, han conocido, cuando no protagonizado (e incluso sufrido) comportamientos inadmisibles, que cabe calificar como ‘agresiones sexuales’, y se han mantenido callados. Y eso -se ha sabido ahora- durante años.

Ha habido, durante tiempo, comportamientos intolerables por ejemplo en la Facultad de Políticas de la Complutense cuando reinaban allí los que luego serían fundadores de Podemos. Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y demás compañeros. Además, por supuesto, de Íñigo Errejón.

El problema que afrontan ahora es que, merced a las nuevas filosofías que han logrado implantar, y que se concretaron en la ley del “solo sí es sí”, todo testimonio femenino tiene el beneficio de la veracidad. Pueden contar cualquier cosa, que sobre la marcha merece el marchamo de la credibilidad, sin necesidad de acreditar o demostrar nada. Basta la palabra. La denuncia. Y, eso, en cualquier medio o soporte. Lo estamos viendo estos días.

Por ello, unos cuantos dirigentes de la izquierda radical van a empezar a sufrir las consecuencias de que cualquier supuesta confesión que les alcance los va a colocar sin más, directamente, como culpables. Y como en el pasado fue casi lo habitual, da la impresión de que van a ir saltando denuncias y acusaciones sin término.

Recordando el ambiente que se vivió en Políticas de la Complutense, ¿qué dirigente de la izquierda extrema podemita, quedará libre, puesto que los comportamientos inasumibles eran la norma, y hoy la simple denuncia los convierte en certeza? Una situación que han fabricado ellos mismos.

Podemos, Sumar y Más Madrid, en un sunami que solo acaba de estallar.

Y hasta Ecologistas en Acción, tras la denuncia de agresión sexual contra uno de los fundadores.

La izquierda, decía, desmerece de tal nombre también porque los comportamientos van en contra de lo que predica y propone, de lo que presuntamente busca instalar. Mirando a sucesos más recientes, ahí están el ‘caso Koldo’, el espectáculo dado por Begoña Gómez, a lo que se suma (es solo un episodio más) la reciente pelea de la ministra de Vivienda con diputados de Podemos.

Ione Belarra llamó “rentista” a Isabel Rodríguez, por los siete (siete) inmuebles que posee en Ciudad Real, y ella respondió que “no valen ni la mitad del chalet de Galapagar”. Muy ilustrativo todo.

Izquierda con comportamientos inasumibles, izquierda que calla, izquierda rentista e insolidaria (los ministros de Sánchez son propietarios de 24 viviendas), izquierda cómplice de regímenes autoritarios (Venezuela)... Ex izquierda, en fin.

Todo lo que he ido relatando hasta aquí se da también, e incluso multiplicado, en los ámbitos de la derecha. Incluyendo, por supuesto casos ‘estilo Errejón’, que posiblemente ahora van a saltar también. La diferencia es que estos últimos, los de derechas, no se dedican a dar lecciones al resto del mundo, como practica tantas veces la izquierda. Hoy por hoy y visto lo visto, la ex izquierda. Por eso todo parece más escandaloso. Y lo es.

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