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Espero que los españoles no lo hayan visto

Meritxell Batet.
photo_camera Meritxell Batet.

Me refiero al pleno del Congreso de ayer, en el que tomaron posesión los nuevos diputados. Espero que los españoles no lo hayan visto.

Deseo que no lo hayan seguido, por el bien de la Cámara y el crédito que tendría que merecer la personificación de la soberanía nacional. Por el bien de la democracia. Por el bien de todos nosotros, en fin.

Porque el espectáculo mereció adjetivos variados, pero entre todos uno: Bochornoso. Al que habría que sumar estos: penoso, ridículo, infantil, chusco…

¿Esos señores/as son los que van a tener en sus manos los destinos de este país, con las leyes que aprueben y las votaciones que protagonicen?

Aquel juramento “por imperativo legal”, que otrora escandalizó, ha quedado ampliamente superado por fórmulas mucho más “creativas”. Y seguramente inválidas, cuando no ilegales.

“Por la democracia y los derechos sociales” fue la motete más común entre los de Podemos, con alguno que lo cambió “por los derechos humanos”, y con el jefe de filas, Pablo Iglesias, añadiendo también “por España”.

El líder morado pretendía, por lo visto, arrebatar esa bandera a los de Vox, que acataron el reglamento jurando “Por España”.

López de Uralde introdujo otra coletilla, “por todo el planeta”, mientras Alberto Garzón innovaba algo, diciendo “Por la democracia y la república”. Hubo alguno más que aludió a la república.

Los independentistas catalanes, muchos de ellos luciendo algún objeto o prenda de color amarillo, llevaron preparados discursos muy largos, que empezaron invocando la “libertad de expresión” y reclamando la libertad de los “presos políticos”. En la mayoría de los casos apenas se les pudo escuchar. Tapados en parte por el aplauso de los suyos, pero sobre todo por los golpes y hasta pateos de la gente de Vox.

Destino parecido sufrieron los parlamentos de los nacionalistas vascos y abertzales, a los que, como empezaban a hablar en euskera, no se les entendió nada.

Junqueras se trajo una chuleta para leer, lo mismo que sus compañeros de prisión y otros muchos colegas indepes.

Los hubo que incluyeron fórmulas locales, “por Galicia”, “por Canarias”, hasta un “por España, por Galicia y por el rey”. Albert Rivera se distinguió con un “prometo defender la Constitución”.

Fueron ayer tanto los exordios, que hasta podía dar la sensación de que, quien no soltara una ocurrencia o una gracieta, ese no era nadie.

Total y en resumen, un espectáculo lamentable que, repito, espero que los españoles no hayan visto.

A todo esto, la nueva presidenta, impertérrita. Denegó a Albert Rivera un intento de protesta por lo que estaba ocurriendo.

Quien además dio todas las facilidades a los presos del 1-O, que se movieron a sus anchas por el edificio y hasta las dio una sala, en contra de las restricciones marcadas por el Tribunal Supremo.

No se estrenó bien Meritxell Batet, que al menos podía haber rogado a los señores diputados que, si no omitir eslóganes, sí al menos que se mostraran más parcos. Porque alguno parecía tratar de emular a Demóstenes. O, por citar alguien más cercano, a Castelar. Buscaban su minuto, o más bien segundo, de gloria.

Mal comienzo de la legislatura decimo tercera. La trece.

[email protected]

En Twitter @JoseApezarena

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