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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Estoy muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido

Investigador
photo_camera Un investigador trabaja en las instalaciones de una empresa dedicada a la producción de vacunas

Pedro Vargas fue un tenor y actor mejicano, perteneciente a la llamada Época de Oro del cine de aquel país, que, no obstante su preparación operística, se dedicó a la canción popular y alcanzó mucho renombre, también en España. Cuando estudiaba canto, conoció a Jorge Negrete.

Fue uno de los principales intérpretes de Agustín Lara, y se le conoció con el sobrenombre de “El Ruiseñor de las Américas”. Como actor participó en más de 70 películas. Falleció en octubre de 1989, con 83 años.

Pedro Vargas se hizo también famoso porque, al terminar su conciertos y recitales, cuando recibía el aplauso ferviente de los espectadores, siempre contestaba con un triple “Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido”.

Bueno, pues ocurre que yo estoy muy agradecido.

Muy agradecido por haber sido vacunado (primera dosis) contra el coronavirus.

Y también porque, durante ese proceso, me han tratado con atención y cuidado, con simpatía y hasta con cariño. Agradecido, pues, al personal sanitario, en este caso del Hospital La Paz, donde el proceso de identificación, llegada al puesto y vacunación fue muy sencillo y duró en total menos de quince minutos.

Y, por lo que yo he ido escuchando a amigos y conocidos, que no son pocos, algo semejante han encontrado ellos cuando han acudido al centro de salud que les correspondía, al pabellón deportivo, al hospital, al Zendal, etc. Todos se han mostrado después contentos… y agradecidos.

Pero he de añadir algo más, que quizá provoque escándalo en algunos, cuando no rechazo frontal.

Estoy agradecido a los laboratorios farmacéuticos. Como suena.

Soy consciente de que esas multinacionales tienen, casi siempre merecida, una pésima fama. Se les acusa, no pocas veces con razón, de aprovecharse de la debilidad y de los males ajenos para hacer grandes negocios con sus productos.

Hace un par de años, más de 40 estados de EE.UU. presentaron una demanda contra empresas farmacéuticas a las que acusaban de conspirar para subir artificialmente los precios de medicamentos comunes. Denunciaron que hasta 20 firmas participaron en un acuerdo para fijar los precios de más de 100 medicinas, incluidos tratamientos para la diabetes y el cáncer.

En no pocas ocasiones les han achacado forzar desabastecimientos de fármacos con el fin de subir precios.

Y, así, otros episodios parecidos aquí y allá.

Respecto al Covid-19, la UE les ha echado en cara haber exagerado su capacidad de producción a la hora de garantizar la fabricación de dosis suficientes, lo que ha provocado decepciones y despecho.

La OMS ha acusado a las farmacéuticas y algunos países de aumentar el precio de las vacunas.

La Unión Europea negocia con los laboratorios la compra de 1.800 millones de vacunas. Hablando de ingresos, con que el fabricante gane solamente un euro por cada vial, la multiplicación es bien sencilla

En efecto. Con el Covid 19, las farmacéuticas están ganando mucho dinero. Muchísimo. Lo sé.

A lo mejor son unas empresas canallas, aunque seguro que no todas, ni quizá la mayoría. Bueno, pues, a pesar de eso, les estoy reconocido.

Lo estoy por haber sido capaces de encontrar vacunas contra el virus en menos de un año. Algo que al principio creíamos imposible. Y de fabricarlas y suministrarlas.

¿Alguien se imagina cómo estaríamos ahora, cómo estarían España y el mundo, y cuál sería nuestro futuro, si no existieran esas vacunas?

Así que, lo siento, les estoy agradecido. Dicen que es de bien nacidos.

editor@elconfidencialdigital.com

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