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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Frente a Marruecos, los españoles estamos solos

Vehículos militares en las calles de Ceuta.
photo_camera Vehículos militares en las calles de Ceuta.

A propósito de la crisis con Marruecos vivida estos días,  creo que viene a cuento recordar los delicados sucesos en torno a Perejil.

La reconquista del islote se convirtió, sin que los ciudadanos nos enteráramos, en el momento más peligroso en décadas en las relaciones con Marruecos. Se llegó a temer un conflicto abierto con nuestros vecinos. Un enfrentamiento militar.

Previamente al desembarco en la isla y desalojo de los gendarmes que la habían ocupado, el Gobierno, que presidía José María Aznar, puso en alerta a la Armada (incluidos los submarinos), a las bases aéreas, y singularmente a las unidades desplegadas en Ceuta y Melilla, las de Canarias, y las del Sur de la Península.

El Ejecutivo no descartó entonces que se pudiera producir un movimiento de tropas marroquíes hacia las dos ciudades autónomas, y tomó las medidas necesarias para defenderlas con todos los medios a su alcance.

Precisamente para estar prevenidos, el Gobierno solicitó a Francia que nos ‘prestara’ sus satélites, con el fin de que barrieran el territorio de Marruecos y detectaran posibles movimientos de tropas en dirección a las dos ciudades.

¿Cuál fue la reacción de París? Respondieron que no podían ayudarnos porque el satélite se les había estropeado. Nos dejaron ciegos. El aliado tradicional de Rabat eligió a Mohamed VI antes que a España. Una vez más.

La reconquista de Perejil se convirtió para Mohamed VI en una grave derrota personal, una humillación ante su propio pueblo, que el monarca no olvidó. Y tengo para mí que los atentados del 11M guardan alguna relación con aquel suceso. Pero esa es otra historia.

Siguiendo con satélites, José Luis Rodríguez Zapatero provocó un fuerte distanciamiento por parte de Estados Unidos cuando, siendo líder de la oposición, protagonizó el irreflexivo gesto de no ponerse en pie al paso de la bandera norteamericana, que desfilaba por la Castellana el Día de las Fuerzas Armadas.

Y completó la hazaña cuando, recién llegado a La Moncloa, ordenó la inmediata retirada de las tropas españolas desplegadas en Irak. Otro gesto que Estados Unidos todavía no ha olvidado.

 

Como respuesta, Washington retiró uno de sus satélites ubicados sobre el Sur de Francia, y que hasta ese momento había sido decisivo en la lucha de España contra los terroristas de ETA refugiados en el país vecino. Otra vez nos quedamos ciegos, en una zona crucial para nuestros intereses.

A raíz de la negativa francesa en Perejil, el presidente Aznar decidió que no podíamos depender de terceros países en asuntos estratégicos, y dio órdenes de que se fabricara un ingenio español y fuera puesto en órbita, como así se hizo. Ahora tenemos el satélite Paz dando vueltas alrededor de la Tierra. Por supuesto, sobrevolando el Norte de África. Y, por cierto, Marruecos cuenta con dos.  

Lo ya relatado, junto con la trascendencia que Estados Unidos concede a Marruecos como ‘tapón’ al islamismo radical, se esconde detrás de sus reluctantes posiciones respecto a nuestras diferencias con el régimen alauita. Si tuvieran que escoger, elegirían a Rabat antes que a Madrid. Ya lo han hecho varias veces.

Y tampoco hemos de confiar demasiado en los socios de la UE. Proclamas aparte, diciendo que Ceuta y Melilla son frontera europea, la realidad es que habitualmente nos dejan solos frente al desafío migratorio, y miran con enorme despego la situación de las dos ciudades españolas.

Sin olvidar que algunos países del Norte y del Este de Europa promueven la idea de convertir Ceuta, Melilla y Canarias en enormes campos de acogida de inmigrantes, al estilo de lo que ocurre en Lampedusa (Italia) y Lesbos (Grecia), para impedirles así el acceso al continente.

A lo que habría que añadir que las dos ciudades autónomas no están cubiertas por el paraguas defensivo de la OTAN.

¿A dónde quiero llegar? A que en la cuestión de Ceuta y Melilla los españoles estamos solos. Absolutamente solos. Eso hay que saberlo.

Y, por tanto, lo que ocurra dependerá de nosotros. Para bien y para mal. Yo espero que para bien.

editor@elconfidencialdigital.com

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