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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Juan Carlos I, al exilio

El rey Juan Carlos.
photo_camera El rey Juan Carlos.

Los dos últimos monarcas españoles fallecidos murieron fuera de su país, en el exilio.

Desde que abandonó España, por la proclamación de la I República, la reina Isabel II residió en París, donde falleció el 9 de abril de 1904.

Alfonso XIII, que salió del país cuando se instauró la II República, murió en el exilio de Roma el 28 de febrero de 1941.

Ninguno de los dos volvió a pisar tierra española, aunque sí lo hizo una vez la reina Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, en 1968, para ser madrina de bautizo del recién nacido Felipe de Borbón.

Las noticias sobre las supuestas comisiones a don Juan Carlos y las cuentas en el extranjero, que han llevado a su hijo, Felipe VI, a protagonizar un clamoroso gesto de distancia y de alejamiento, al renunciar a cualquier herencia, ha suscitado en algunos ambientes la hipótesis de un exilio voluntario del rey emérito.

No se ha contado mucho que, en los tiempos más álgidos de su relación con Corinna zu Sayn-Wittgenstein, don Juan Carlos llegó a plantearse un abandono del trono y marchar a vivir a Marruecos, donde el rey le había ofrecido un palacio para vivir allí con la alemana. Y que, aparte de la negativa de la propia Corinna a la abdicación, uno de los que le disuadió de irse de España fue el entonces director del CNI, Félix Sanz Roldán.

Ahora, la posibilidad de un auto exilio de don Juan Carlos, que algunos han manejado, me resulta difícil de aceptar, porque no veo qué ventajas prácticas le pueden proporcionar.

Aquí tiene residencia fija, el Palacio de La Zarzuela, con todas las necesidades materiales cubiertas, incluida la seguridad, que no se le ha retirado ni se le retirará.

Además, cada cierto tiempo marcha a Sanxenxo, donde practica el deporte de la vela, su gran afición, en un barco especialmente habilitado para que pueda llevar el timón estando sentado. Y hasta gana no pocas regatas.

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Todo eso desaparecería casi por completo (quizá excepto la seguridad) si opta por marcharse de España.

Y, por el contrario, las ventajas de un alejamiento no parecen tan evidentes. Al menos respecto a su propia persona, porque no evitaría que siguieran adelante las investigaciones judiciales abiertas en Suiza y en España. Y, si culminaran en alguna responsabilidad (asunto difícil en España por la inviolabilidad), no le evitarían en su caso tener que comparecer ante la instancia correspondiente, resida donde resida en ese momento.

Sí podría existir quizá una razón de conveniencia. La posibilidad de que, encontrándose fuera, salga en buena medida del foco de interés por parte de medios de comunicación españoles. Aunque no estoy muy seguro de que eso pudiera ocurrir.

A lo mejor a Felipe VI también le vendría bien que su padre residiera fuera de España. Pero, en este caso, no veo claro que pueda animarse a pedírselo.

Aunque, visto lo ocurrido con el durísimo comunicado último de La Zarzuela… vete a saber.

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