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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Juan Carlos I, el rey caído

El rey Felipe y su padre, el rey Juan Carlos.
photo_camera El rey Felipe y su padre, el rey Juan Carlos.

"Rey caído". Así abrió The Times su portada hace unos días, con un titular a toda página justo por debajo de la mancheta del diario.

El reportaje, centrado en la difícil situación que hoy atraviesa Juan Carlos I, llevaba el siguiente subtítulo: "Sexo, dinero y el escándalo que ha sacudido España".

El titular del diario británico, siendo llamativo por supuesto, no es del todo real. Primero, porque don Juan Carlos ya no es el rey de España. Tiene por supuesto, título de rey, pero no reina.

Como ya se ha contado, en las vísperas de la abdicación, de la que acaba de recordarse el sexto aniversario, don Juan Carlos solicitó conservar ese título sin más, sin adjetivos. Nada de “rey padre”, o “rey emérito”, que es como, a pesar de todo y de que no le gusta, se le suele denominar ahora. Es rey por título, pero no es rey en ejercicio.

Tal denominación recuerda en parte a lo que suele aplicarse con quienes han sido embajadores para ya no lo son, a los que se suele llamar “embajador”. Y hasta con los  ex presidentes del Gobierno, a los que muchos siguen denominando “presidente” por razones de cortesía.

El segundo fallo del titular periodístico es que don Juan Carlos no ha “caído”. Quiero decir que no ha sido juzgado ni ha sido condenado. Desconozco si llegará a verse imputado, y si habrá un sumario judicial y una sentencia, pero en este momento sobre él no pesa ninguna condena.

Así que, una vez más se comprueba que lo de la presunción de inocencia sigue siendo una asignatura pendiente en esta España nuestra, políticamente, periodísticamente y socialmente hablando. Aquí se te condena incluso antes de que el fiscal termine y redacte el pliego de acusación.

Sobre la presunción de inocencia y su vulneración repetida, me remito a un caso paralelo y bastante cercano a don Juan Carlos. La infanta Cristina fue investigada, declaró ante el juez Castro, se vio acusada y se sentó en el banquillo de los acusados, y al final fue absuelta del doble delito fiscal de que le acusaron, aunque tuvo que pagar una multa de 265.088 euros por responsabilidad civil a título lucrativo. Pero ya había sido “condenada” mucho antes, política, periodística y socialmente.

No voy a defender a don Juan Carlos. Entre otras cosas porque pienso que no se lo merece. Y bien que lo lamento.

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Ayuso cree que el nacionalismo catalán “se está hundiendo”.

Considero una auténtica desgracia para este país que el principal protagonista de la transición política, con la que se construyó la etapa más brillante de la historia reciente de España, haya acabado como ha acabado.

Don Juan Carlos iba a pasar a la historia de España como uno de los dos o tres grandes reyes, y ahora me temo que tal cosa no va a ocurrir, como resultado de los graves errores que ha cometido, también en lo personal. Unos fallos de libro. Casi increíbles.

Pero tengo que recordar que la primera ‘sentencia’ pública sobre las actuaciones económicas de don Juan Carlos, y sobre sus cuentas en el extranjero, la dictó La Zarzuela, o sea el propio Felipe VI.

Se hizo con la nota que difundió el pasado mes de marzo la Casa del Rey, desvinculándose de los dineros y las fundaciones del ex monarca, y anunciando que se le retiraba su asignación de los Presupuestos del Estado.

El comunicado explicó que tales decisiones se tomaban “con la finalidad de preservar la ejemplaridad de la Corona”. Con lo que, de rebote, a don Juan Carlos se le declaraba “no ejemplar”. Ya lo comenté en su momento.

Es, por recordar un poco más, lo mismo que antes había hecho La Zarzuela con Iñaki Urdangarín cuando empezaron a conocerse sus negocios.

La nota de marzo constituyó una actuación de extrema dureza por parte de La Zarzuela, por la que Felipe VI cortaba tajantemente con su padre. Ya lo hizo con su hermana Cristina, pero en este caso resultaba doblemente doloroso.

Pero es que sabe que con las cosas de su padre, en las que él no ha tenido arte ni parte, sin embargo se está jugando el trono.

Es la ‘herencia’ envenenada que le ha dejado don Juan Carlos.

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