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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Los militares de la vergüenza

Izado de bandera el Día de las Fuerzas Armadas
photo_camera Izado de bandera el Día de las Fuerzas Armadas

Unos grupos de militares han intentado montar una operación de presión al rey para que protagonice algo así como un golpe de timón a la actual situación política (un pronunciamiento), con argumentos como la existencia de un gobierno social-comunista (de “rojos”, dicen), y los riesgos para la unidad de España por la incorporación de independentistas a la toma de decisiones que afectan al conjunto del país.

En un caso, 73 integrantes de la XXIII promoción de la Academia General Militar han dirigido una carta a Felipe VI trasladándole sus deseos.

En otro, 39 miembros de la XIX promoción de la Academia del Aire han hecho lo mismo, aunque lo que más escándalo está produciendo son algunos mensajes intercambiados en un chat en Internet.

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Estos episodios han provocado notable alarma en algunos sectores, incluso inquietud ante una posible “rebelión” militar. Me gustaría ubicar los hechos en un contexto un poco menos impresionable y más real.

Primero, porque los firmantes son un grupo muy reducido de militares, todos ellos retirados, con edades en torno a los setenta años, y por tanto con ninguna capacidad real de acción o intervención.

Segundo, porque hasta podría hablarse de iniciativas fracasadas, por lo mismo que ni siquiera han logrado la presencia de todos los integrantes de esas promociones (en el primer caso, han firmado la carta solo la mitad), y porque su objetivo era conseguir una ola de adhesiones que no se ha producido. Se han quedado solos.

Y tercero, y sobre todo, porque, en cuanto al colectivo militar en su conjunto, frente a ese centenar y pico de militares retirados, estamos hablando de más de 100.000 integrantes en activo, de ellos 200 generales, más de 7.000 oficiales y 14.000 suboficiales. Ninguno de los cuales han estado o están en las operaciones citadas.

Donde sí han triunfado es en los medios, a la vista de la notable cobertura que están mereciendo sus andanzas.

Desde mi punto de vista, lo ocurrido, que por supuesto es relevante dada la personalidad de los protagonistas, es, más que inquietante, vergonzante.

No es la primera vez, y me temo que no será la última, en que miembros de las fuerzas armadas que se mantienen callados durante toda su vida activa, sueltan la lengua cuando pasan a la reserva y por tanto ya no hay para ellos riesgo de sanciones disciplinarias.

Suele decirse, de los militares, que el valor se les supone, pero en el caso de los que hablan después no parece que exista mucho valor. Desde luego, no lo mostraron en el pasado.

Pero más lamentables me parecen las conversaciones que han mantenido los integrantes de la citada XIX promoción de la Academia del Aire.

He aquí algunos de los diálogos recogidos en su chat:

-Confío en que salga otro mata rojos pero que esta vez no se quede corto… hay que aniquilar 26 millones, niños incluidos

-Paco, por Dios, los niños es lo único inocente que nos queda.

-Nada, nada, la purga es la purga. Tenemos que convencernos de una puta vez que nuestra sangre no admite la democracia. Nuestros odios son más fuertes que nuestra convivencia.

Confieso que uno se queda mudo viendo hablar de matar a 26 millones de españoles, niños incluidos. ¿Qué tipo de personajes pueden proponer semejantes desvaríos, propios más bien de dementes?

Otro de ellos escribió, refiriéndose a los independentistas catalanes: “Qué pena… no estar en activo para desviar un vuelo caliente de las Bardenas a la casa sede de estos hijos de puta…”

Lamentable resulta, en fin, que personas que han llevado el uniforme del Ejército español realicen tales comentarios. Nos avergüenzan, a todos, pero sobre todo pueden ensuciar a los demás militares, que no se lo merecen de  ninguna manera.

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