¿Una monarquía en peligro?

Felipe VI y Carlos III de Inglaterra

Inmediatamente aclaro, para que no surjan malentendidos, que me voy a referir, no a la monarquía española, sino a la británica.

Y hablo de ella a propósito del lamentable episodio del ex príncipe Andrés, enredado en la maraña del en su día poderoso Jeffrey Epstein. Poderoso, sí, porque sus pringosos tentáculos han llegado a prácticamente todos los lugares del mundo, y a lo más alto.

La pregunta que me han hecho, en algunas televisiones que me han conectado, es si la monarquía británica logrará sobrevivir a ese gran escándalo, o si, por el contrario, este episodio supondrá un golpe de gracia a la institución.

Adelanto ya que mi respuesta es que la Casa de Windsor aguantará. Por supuesto, va a resultar dañada y castigada, pero no tanto como para que no pueda ser capaz de recuperar el aliento y hasta la consideración de sus súbditos.

A los precedentes me remito.

Si hubiera que ir al pasado, bastaría con citar al innombrable Enrique VIII, que se casó seis veces (varias de sus mujeres fueron ejecutadas), que ‘inventó’ una iglesia propia, y famoso, entre otras cosas, por la facilidad con que dictaba decapitaciones.

Pero no vayamos tan lejos. Ocurre que la actual Casa Real británica, los Windsor, ha superado varias crisis muy profundas.

Por ejemplo, la abdicación de un rey, Eduardo VIII, pretendidamente para casarse con una divorciada. Esa la versión para niños, porque el trasfondo serio fueron sus inclinaciones nazis y la relación directa con la Alemania de Hitler. No hay que olvidar, por cierto, que los Windsor son una dinastía germana (la Sajonia-Coburgo y Gotha) y que los Mountbatten ingleses son los Battenberg alemanes.

Más recientemente, muchos recordarán el espectáculo de la escandalosa relación entre el entonces príncipe Carlos, todavía casado con Diana de Gales, y Camila Parker Bowles, casada igualmente, que culminó con la publicación de conversaciones telefónicas íntimas entre ellos dos que merecieron portadas en los tabloides británicos.

Y el divorcio de Diana de Gales, las declaraciones que ella hizo, su muerte y entierro...

Fue en esa época cuando la reina Isabel habló de 1992 como “annus horribilis”.

La Corona se veía duramente zarandeada, pero es verdad que tuvo el paraguas protector de la reina Isabel, un personaje incuestionado.

Ahora ocupa el trono un rey escasamente carismático, que metió la pata en muchas ocasiones siendo príncipe, casado finalmente con Camila. Y, sin embargo, la media de las encuestas realizadas ya bajo el reinado Carlos indican que el apoyo de los ciudadanos a la monarquía nunca baja del 60%, y que apenas un 23% de los británicos cree que les iría mejor con un sistema republicano.

Así que pienso que saldrá del tremendo socavón provocado por el ex príncipe Andrés.

En mi opinión, las monarquías se mantienen en países que se muestran orgullosos de su historia. Harald de Noruega alcanza una popularidad cercana al 90%; en Dinamarca el cambio de Margarita II por su hijo Federico no ha impedido que la institución siga concitando un respaldo del 70%. Anda bien en Suecia, Bélgica, Luxemburgo, Liechtenstein y Mónaco. Incluso en los Países Bajos, donde la popularidad del rey Guillermo Alejandro se vio resentida por varios escándalos que afectaron a la familia real en plena pandemia, su labor cuenta hoy con una aprobación del 53%, bien lejos, eso sí, de los tiempos de la reina Beatriz en los que alcanzaba nada menos que el 85%.

Y, habida cuenta de que en España, no es que no estemos orgullosos de nuestra historia (que habría que estarlo, por supuesto), sino que la desconocemos absolutamente...

Por seguir con el caso español, aquí hay encuestas que concluyen que la monarquía es la “institución más confiable”, con una media de 6,3 sobre 10, por encima de otras instituciones políticas. En fin.

Una última consideración. Lo ocurrido con Andrés tiene que ver con la realidad de que los hijos segundos y terceros de las familias reales, los que no van a heredar el trono, suelen ser educados de manera mucho menos exigente que los primogénitos, lo que provoca que, por así decirlo, se sientan más liberados y tengan la tentación de ir por su cuenta.

Ocurrió en Inglaterra con el príncipe Harry, hermano del actual príncipe de Gales,  Guillermo. Fue un gamberro descontrolado. Siendo chaval, lo fotografiaron desnudo y con símbolos nazis, y ahora ha roto con la familia, de la que se ha salido con acusaciones graves.

Por cierto, como detalle menor. En 1977, Andrés estudió en Lakefield College, Canadá, el colegio canadiense donde, siete años después, Felipe de Borbón cursó el año preparatorio para la universidad.

editor@elconfidencialdigital.es

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