Pedro Sánchez, el sheriff-jefe o el juez de la horca
Pedro Sánchez describió el miércoles el mundo digital como el “salvaje oeste”, un mundo “sin normas ni control”, por la desinformación y los delitos que, en su opinión, se perpetran.
Y ha decidido poner orden. Poco menos que si fuera el sheriff-jefe.
Una de las iniciativas es impulsar el Observatorio de Derechos Digitales, un organismo dedicado “al análisis, la pedagogía y la defensa de los derechos digitales de las personas, empresas e instituciones”. Con un presupuesto nada pequeño: 10,83 millones de euros, procedentes de los Fondos Next Generation.
Según anunció el propio Sánchez, ese organismo se encargará de diseñar estrategias y recomendaciones en políticas públicas relacionadas con la protección de la privacidad y la seguridad digital, la promoción de la equidad, la inclusión digital y la regulación ética de la inteligencia artificial y la neurociencia. Propósitos todos ellos muy loables, si tal fuera de verdad el objetivo.
El presidente dice que va combatir la desinformación y los delitos digitales en ese “salvaje oeste sin normas ni control”. Y ¿qué normas va a imponer?
No nos engañemos (seríamos muy ingenuos, conociendo al personaje): va implantar sus normas, las suyas. Y en su provecho, por supuesto.
Quiere imponer el orden en el nuevo Oeste. ¿Con que fin? Uno bien claro: perpetuarse -si ello fuera posible- en la poltrona.
Y también, ¿por qué no?, para salvar a su mujer, a su hermano, a sus amigos (recordemos los EREs de Andalucía), a sus aliados (indultos, amnistía, salidas de etarras a la calle...), recurriendo a procedimientos tan poco presentables como desnaturalizar y corromper el Tribunal Constitucional, presentar en el Congreso decretos ómnibus que mezclan pensiones, dana y tarifas del transporte urbano con favores a los okupas y un palacete para el PNV...
Y, desde luego, utilizar sin desmayo las plataformas mediáticas que controla absolutamente, Televisión Española, Radio Nacional, la Agencia EFE, junto con la ayuda de los medios amigos.
Además, por supuesto, del dinero del Estado, que es el de todos, el de los españoles.
Así, Sánchez ha aprobado una inversión de 161,2 millones en publicidad institucional, el mayor gasto de los últimos 18 años, con un incremento del 16% respecto al año pasado.
La publicidad va a ir sobre todo a Internet, a la prensa digital, seguidos de la radio y la prensa tradicional.
Dice Sánchez que está dispuesto a impulsar “una digitalización humana y humanista”, transformando el entorno digital en un bien público y promoviendo una regulación que proteja a los ciudadanos. Para lo cual se reforzará el Centro para la Transparencia Algorítmica de Sevilla.
Y designará a la Comisión Nacional de los Mercados de la Competencia como coordinador de servicios digitales, dotándola de los recursos materiales y humanos para ejercer la supervisión de la actividad de las plataformas digitales.
Va poner orden en el salvaje Oeste de la comunicación, utilizando normas, legislación, pero, sobre todo, dinero. ¿Para proteger a los ciudadanos? ¿En defensa de la sacrosanta verdad? ¿Con idea de garantizar y fomentar el pluralismo y la libertad? De ninguna manera. Va a imponer su ley.
Me viene a la memoria el famoso “Juez de la horca”, el personaje protagonizado por un inolvidable Paul Newman en la película con ese título, que imponía sus reglas por el expeditivo procedimiento de colgar a todo el mundo.
A finales del siglo XIX, en Texas, el río Pecos marcaba el comienzo del salvaje Oeste. En una pequeña población, los ciudadanos están a punto de ahorcar a Roy Bean, un ladrón de bancos, pero una joven mexicana le salva la vida. Roy se autonombra juez, y empieza a impartir su propia justicia por el expeditivo sistema de colgar de un árbol a todo el que se le pone delante.
Pedro Sánchez, para poner orden en el “salvaje oeste”, ¿será el sheriff-Jefe, que lo arregla todo con el revolver, o el juez de la horca, que se dedica a colgar a quien sea? O las dos cosas.
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