El Presidente está cansado
Pedro Sánchez ha adelantado casi quince días la rueda de prensa balance político del año, y la ha celebrado a mitad de diciembre, con lo que ha cometido la descortesía -una más- de hablar a la nación antes de que lo haga el Jefe del Estado.
El discurso de Navidad del monarca se emitirá, como siempre, en la noche del día 24 de diciembre, mientras que la comparecencia del presidente del Gobierno solía producirse en torno al final de año. Esta vez no ha sido así.
Las Cortes han iniciado sus vacaciones parlamentarias, el Gobierno no va a celebrar ningún otro Consejo de Ministros hasta bien iniciado el nuevo año, así que las vacaciones presidenciales van a durar tres semanas. No está nada mal.
Resulta que Pedro Sánchez compareció en la citada rueda de prensa de balance del año como si nada le preocupara. Externamente, no se le notó la menor inquietud o desánimo.
Tenía (y tiene) sobre sus espaldas los casos de corrupción que cercan a José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Koldo García. Más los sumarios que afectan a su mujer y a su hermano. Y, por supuesto, la tormenta en su partido por la ola de denuncias de abusos, pero más aún por la pasividad con que Ferraz afrontó las denuncias contra Paco Salazar: cinco meses transcurrieron desde que las agredidas presentaran el caso ante la dirección del partido y que este tomara medidas. Cinco largos meses de silencio e inactividad.
Pues bien, con todo eso pesando en su ánimo, Sánchez se presentó ante los periodistas con una espectacular apariencia de que aquí no pasa nada. Como si no tuviera problemas, como si nada le agobiara.
Sin embargo, la realidad parece ser otra. Sí que Pedro Sánchez debe de estar algo más que cansado, porque se va a tomar hasta tres semanas de paréntesis navideño. La semana de Nochebuena, la de Nochevieja, y la de Reyes.
Y además, según lo publicado, está dispuesto a sacar máximo jugo a esos días, porque, por lo visto, tiene agendado frecuentar las tres residencias estatales a su disposición: Quintos de Mora (Toledo), el Palacio de las Marismillas (Doñana) y La Mareta (Tenerife).
Dicho lo cual, casi estoy a punto de desear que el presidente del Gobierno descanse todo lo que pueda.
Siempre he pensado que las personas que asumen responsabilidades graves deben, en lo posible, mantenerse en forma y en plenas facultades. Sobre todo por el bien de aquellos que tiene a su cargo.
Digo que he estado a punto, porque ese benéfico principio sería de aplicación a los gobernantes que de verdad contribuyen al bien común. Y quizá no en el supuesto de quienes, teniendo poderes, hacen mal uso de esas capacidades, de forma que, si siguen tomando decisiones, causan nuevo daño al interés general. Y ese perjuicio resulta mayor cuanta mayor sea su capacidad de gestión. O sea, si están en buena forma.
Mi duda se fundamenta en el bien conocido, y paradójico, supuesto epitafio existente en el panteón de persona famosa. Dice así: “Aquí yace un hombre que hizo mucho bien y mucho mal. Pero el bien lo hizo muy mal, y el mal lo hizo muy bien”.
Hasta se podría aplicar a Pedro Sánchez.
Pues eso. Porque descansado puede ser más peligroso.
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