¡Que les corten la cabeza a los jueces!
En el capítulo doce de “Alicia en el País de las Maravillas”, la Reina de Corazones, famosa por condenar a muerte a los que se le oponen, exige de forma arbitraria, durante un juicio, la ejecución de todo tipo de personajes, al grito de “¡Que le corten la cabeza!”.
Que les corten la cabeza a los jueces, es la consigna que se viene escuchando desde el Gobierno y sus adláteres, como reacción a los numerosos conflictos judiciales en los que se han visto envueltos, cuando las decisiones y resoluciones les resultan contrarias. Incluso aunque sean solamente incómodas.
¿Que un juez llamado Juan Carlos Peinado abre diligencias contra Begoña Gómez? A la guillotina el juez.
¿Que el Fiscal General del Estado es citado por el Tribunal Supremo como imputado? A la guillotina con ellos.
¿Qué el Tribunal Supremo se niega a conceder la amnistía a Carles Puigdemont? A la guillotina los magistrados.
¿Qué la Audiencia de Sevilla estudia plantear una cuestión prejudicial ante el Tribunal Superior de Justicia de la UE contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre los ERES de Andalucía? La Audiencia, también a la guillotina.
El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña acaba de absolver a Dani Alves de un delito de agresión sexual por “falta de fiabilidad en el testimonio de la denunciante”.
El tribunal estaba formado por un hombre y tres mujeres. Por si faltara algo, dos de ellas procedentes de ámbitos ‘progresistas’. Ante la falta de pruebas, han optado por el sagrado principio de la presunción de inocencia.
¿Y quién ha salido en contra? Nada menos que la número dos del Gobierno, María Jesús Montero, que ha calificado de “vergüenza” la decisión del tribunal. Vergüenza -dice- “que todavía se cuestione el testimonio de una víctima y se diga que la presunción de inocencia está por delante del testimonio de mujeres jóvenes, valientes, que deciden denunciar a los poderosos, a los grandes, a los famosos”. Frase digna de anotarse en la antología de las barbaridades.
Alguien ha hablado, benévolamente, de “analfabetismo jurídico”. No es eso. Es conculcar la división de poderes, es pulsión antidemocrática, es recurrir al todo vale, es menospreciar a los ciudadanos libres...
Así pues, guillotina también para Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.
Y si, un día, el de la Unión Europea echa abajo el atropello de Cándido Conde Pumpido con los ERES de Andalucía, no habrá perdón: a la guillotina igualmente los jueces europeos.
La guillotina es desatar sobre personas e instituciones todo el poder de descalificación del Gobierno, empezando por su presidente, Pedro Sánchez, y continuando con los ministros Bolaños, Óscar López, Óscar Puente... y todos los demás, sin excepción. Pasando por el mismísimo presidente del Tribunal Constitucional, y por los peones y bienmandados que maneja el Ejecutivo en el mundo judicial.
Y guillotina es, por supuesto, utilizar la elevada capacidad de fuego que concede tener el control de la agencia oficial, de la televisión oficial, de la radio oficial, más el resto de adláteres bien pagados que se mueven en el mundo de los medios.
Como nueva Reina de Corazones, Pedro Sánchez se dedica, afanosamente como ella, a condenar a la guillotina a todos los que se salen un ápice de su guion controlador o ponen el menor obstáculo a sus designios. Sean quienes sean. Como cualquier sátrapa.
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