¿Qué les pasa con el rey?
El miércoles último, las carrozas de caballos y los palafreneros volvieron a ser protagonistas de una de las ceremonias más antiguas y brillantes del Estado: la entrega de cartas credenciales al rey.
Después de dos años y medio en los que se había recurrido a unos viejos coches Cadillac, los embajadores llegaron de nuevo al Palacio Real en carroza, tirada por seis caballos enjaezados, y escoltados por coraceros.
A pesar del reestreno, otra vez el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dejó solo al monarca. De nuevo no le acompañó, en un acto en el que, hasta que él llegó al cargo, lo habitual era que estuviera también presente el responsable de nuestra política exterior.
Tal como reveló Confidencial Digital, en enero de 2024 el titular de Exteriores dejó de asistir a las presentaciones de cartas por los nuevo embajadores, y desde entonces Felipe VI se ha visto acompañado, en su lugar, por el subsecretario del Ministerio.
La última presencia de Albares fue el 12 de enero, solo unos días antes de que se anunciara el nombramiento como nuevo jefe de la Casa del Rey de Camilo Villarino, también diplomático de carrera, con quien el ministro no ha tenido una buena relación.
El miércoles pasado, Albares encontró aparentemente una ‘excusa’ para justificar su ausencia, debido a que se celebró un Consejo de Ministros extraordinario con motivo del apagón de electricidad que sufrió el país. Excusa aparente, ya que en su agenda del día, elaborada con anterioridad, no figuraba la asistencia al acto del Palacio Real.
El presidente del Gobierno, por su parte, ha protagonizado dos destacados ‘desplantes’ al monarca en los últimos días. El 23 de abril, no acompañó a los reyes, como antes era costumbre, en la entrega del Premio Cervantes a Álvaro Pombo, acto celebrado en Alcalá de Henares.
Y, un día antes, Pedro Sánchez no asistió al funeral por el Papa Francisco celebrado en Roma, una ausencia notable porque comparecieron jefes de gobierno de todo el mundo. El presidente volvió a dejar solo a Felipe VI, a pesar de que, tal como contó ECD, en un primer momento se planteó cambiar su agenda para viajar al Vaticano.
Una versión posterior, desde el Partido Popular, apuntó que Sánchez tomó esa decisión para no coincidir ni fotografiarse con Núñez Feijóo. Pero el hecho fue que, una vez más, el presidente del Gobierno rehuyó acompañar al monarca.
Es conocido que Sánchez no ha perdonado a Felipe VI lo ocurrido en Paiporta tras la Dana: su huida arropado por los servicios de seguridad, mientras que los reyes decidían permanecer sobre el terreno a pesar de los riesgos existentes. Incluso se ha hablado de una ‘bronca’ del presidente al monarca por ese motivo, por ‘haberle dejado mal’.
Pero una cosa es el orgullo personal herido coyunturalmente y otra el respeto debido y la obligada consideración hacia la persona que ostenta la Jefatura del Estado.
Han existido otros desplantes y malos gestos de Pedro Sánchez con el rey, saltándose las normas de protocolo, adelantándose o él, o haciéndole esperar, como ocurrió en una celebración de la Fiesta Nacional.
Mirando a Albares, pero más aún al presidente del Gobierno, parece adecuado preguntarse ¿qué les pasa con el rey?
Evidentemente, no se trata de un problema de desconocimiento de protocolos, de olvido de las elementales normas de comportamiento, ni simplemente de mala educación.
Ambos conocen la condición del Jefe del Estado, el papel que le corresponde por ese motivo, la prevalencia que le otorga la Constitución. Entonces, ¿por qué se empeñan en ningunearlo?
Resulta mucho más incomprensible si se atiende al comportamiento que viene manteniendo en monarca, al que no puede achacársele el más mínimo desliz o salida de tono respecto a su figura y responsabilidades. Y también que, aparte de la consistencia de su figura internacionalmente, constituye uno de los pocos puntos de referencia y de estabilidad para el país.
Así pues, me resisto a creer que Pedro Sánchez, o Albares, sean solo víctimas de la vanidad o de la frivolidad. Por el contrario, detrás de actuaciones acumuladas como las reseñadas seguramente se esconden objetivos mucho más profundos.
Y, dicho con alguna crudeza, si su propósito final es acabar con la monarquía, tengan la honradez, y la hombría, de expresarlo claramente. Menos disimulos y que nos enteremos todos.
Me viene a la memoria una confidencia que me hizo en su día Sabino Fernández Campo, inolvidable Jefe de la Casa del Rey.
Llevaba tiempo observando que el diario El País menudeaba noticias críticas con el rey, La Zarzuela, la monarquía... Así que fue a ver a la cúpula del periódico y les preguntó, abiertamente, si se proponían acabar con la monarquía. Escuchó que de ninguna manera. Y Fernández Campo concluyó: “Pues, entonces, no juguemos”.
Me temo que Sánchez, más Álbares y compañía, están algo más que ‘jugando’.
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