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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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¿En qué quedamos, señora vicepresidenta Yolanda Díaz?

photo_camera Yolanda Díaz

La ha montado buena la señora vicepresidenta, Yolanda Díaz, con sus declaraciones diciendo que el 14 de febrero, o sea, un mes antes exactamente de que se declarara la pandemia, vio "lo que iba a pasar" en España, y así lo advirtió al Gobierno, del que formaba parte como ministra de Trabajo. Y que no le hicieron ningún caso. ¡Pues los ha dejado bien!

Dos días antes, el 12 de febrero, había sido suspendido el Mobile World Congress previsto para finales de mes en Barcelona, si bien el ministro de Sanidad, Salvador Illa, aseguraba que no había "ninguna razón de salud pública" para adoptar medidas respecto a eventos y la vicepresidenta Teresa Ribera pedía no caer en "el alarmismo psicológico".

Según el relato de Díaz, "el 15 de febrero la pandemia ya azotaba fuertemente a Italia y convoqué a mi equipo porque tenía la convicción de que Italia es España y necesitábamos desplegar medidas porque veíamos lo que iba a pasar".

Así que el 4 de marzo presentó una guía “que fue enormemente polémica en el Gobierno, y desde fuera se me acusó alarmista”.

En esa fecha, la cifra de infectados había aumentado en España hasta 600 casos y había ya 17 fallecidos.

La guía de prevención del Ministerio de Trabajo recomendaba a las empresas paralizar su actividad si existía riesgo de contagio, y contemplaba la opción de que los trabajadores pudieran irse a su casa si los empresarios no tomaban medidas. 

La guía molestó a los sindicatos porque no se les había consultado, e irritó a los empresarios, que la consideraron un ataque y "un grave error". La CEOE acusó a la ministra de "alarmismo y confusión".

El 5 de marzo, Moncloa intentó rectificarle, con una nota diciendo que "las indicaciones sobre la evolución del coronavirus y las medidas a  tomar por España las está ofreciendo Sanidad", y que en España, "todo el Gobierno sigue las indicaciones concretas de Sanidad, basadas en un seguimiento constante de la situación y la transparencia informativa".

La propia Díaz salió a la palestra ese día pidiendo "tranquilidad y serenidad", rebajar la "alarma", y proclamando que el tema "está controlado". ¿En qué quedamos?

A la señora vicepresidenta se le ha ido la boca con este asunto, y lo va a pasar mal. Por mucho que diga que se trata de una polémica artificial montada por el PP, la oposición no va a soltar tan fácilmente el bocado. Tanto, que ha pedido una comisión de investigación, y ha instado a la Fiscalía General del Estado a que tomé cartas en el asunto, por si pudieran derivarse responsabilidades penales.

No hay que perder de vista que la pandemia ha causado más de cien mil muertes, y que pueden plantearse reclamaciones penales por homicidio imprudente, bajo la acusación de desidia, y pedir indemnizaciones.

 

La señora vicepresidenta, que protagonizó una espectacular presentación en Valencia, al frente de otras cuatro lideresas de izquierda, tiene que aclararse y aclararnos, porque ahora dice que no le gustaría ser presidenta del Gobierno. ¿En qué quedamos?

A la pregunta de si querría ser presidenta del Gobierno tras la celebración de las próximas elecciones generales, Díaz ha respondido que "no", recordando que tampoco quería ser ministra ni vicepresidenta.

Afirma que tiene "miedo" a despertar demasiadas expectativas. porque es "un ser humano pequeñito" y no tiene partido propio. ¡Hombre, entonces, no haber encendido la mecha con el acto de Valencia, ¿no?!

Sostiene que tampoco quería ser ministra ni vicepresidenta y que al final ha acabado siéndolo. "Yo no elegí estar aquí. Mi vida ha cambiado mucho y ahora mismo no estoy en esas”.

Pues tampoco lo entiendo. Su vida ha cambiado porque ella ha querido. Podía haberse negado a ser ministra, a ser vicepresidenta, y, por supuesto, no haber organizado la que montó en Valencia. Y podría no hacer declaraciones a las revistas.

Dice igualmente: “Si me fuera a presentar a las elecciones y tuviera esa vocación, lo diría públicamente, porque la ciudadanía tiene derecho a saberlo". Pero, entonces, ¿se va a presentar o no?

Sostiene que su intención es abrir un "proceso de escucha" para que el protagonismo lo tenga la sociedad española, aunque es consciente de que "es muy difícil hacer las cosas sin partido". Y añade: "No quiero distraerme" ¿Es compatible escuchar con no distraerse?

La vicepresidenta ha asegurado que abandonará la política si no sale adelante su proyecto. "Si no sale, me voy a mi casa, a mi profesión, y bienvenida sea". ¿De qué proyecto habla? Pero ¿no dice que solo está “a la escucha”?

¿En qué quedamos, señora vicepresidenta? Aclárese. Y aclárenos si va o viene.

editor@elconfidencialdigital.com

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