José Apezarena

El sanchismo, un franquismo al revés

Restos de Franco. Foto: EFE
Salida de los restos de Franco del Valle de los Caídos. Foto: EFE

El sanchismo ha llegado a ser un franquismo al revés. La frase corresponde a Vicente de la Quintana, coordinador de la Fundación FAES, en un artículo en el que comenta el centenar de actos que ha anunciado Pedro Sánchez con motivo de los 50 años de la muerte del dictador.

Deslizándose por la pendiente de una memoria a la carta -escribe-, los socialistas han terminado por calcar los procedimientos del hombre a quien creen debérselo todo, al que fían su continuidad cuando vienen mal dadas; el comodín salvífico para envites apurados, el Loctite de la izquierda cuando se cuartea cualquier frente popular.

Así que 2025 será conmemorado como “quincuagésimo Año Triunfal”. Se nos invita a celebrar -añade- la recuperación de la libertad en 1975, y de esta forma, el sanchismo repudia a Felipe González para reivindicar a Arias Navarro.

Según Vicente de la Quintana, el consenso constitucional se asentó en dos supuestos: uno, reconocer y dar expresión política a la pluralidad de España sin perjuicio de su unidad; dos, cancelar la guerra civil como argumento en la disputa partidaria. Poner en cuestión esos fundamentos es lo más profundamente regresivo que cabe imaginar.

La idea de usar el recuerdo sesgado de nuestra discordia civil como factor de cohesión -continúa- es de José Luis Rodríguez Zapatero. Y su dudoso mérito, el haber alimentado una ira retrospectiva de los nietos que los abuelos no sintieron. A ello se ha sumado la política polarizadora de Sánchez.

Recuerda también que durante casi cuarenta años el fundamento histórico del consenso constitucional no sufrió impugnación alguna desde la izquierda. El PSOE, desde 1982 hasta 1996, gobernó una democracia consolidada a la que nadie atribuía una genealogía dudosa. Zapatero liquidó esa izquierda. La que tenía memoria de la guerra y había protagonizado la Transición. Se impuso otro discurso: la Transición no estaba completa, faltaban cosas por hacer; la izquierda se había dejado cosas en el tintero. Y el PSOE optó por revisar el criterio fundacional de nuestro sistema político y reabrir el pasado.

Es urgente -concluye- que la guerra civil deje de ser argumento político. No debemos olvidarla, tan solo situarla donde está: en el pasado histórico. Eso se hizo en la Transición: “Se echó al olvido el pasado”. Que no es lo mismo que olvidarlo o negarse a recordarlo, sino algo muy distinto: tenerlo tan en cuenta como para decidir que no influya en el presente. Para que no se repita.

Dicho lo cual, añado yo que Pedro Sánchez ha vuelto a traer al presente la guerra civil con ese centenar de actos que, en el fondo, lo que hacen es mantener la memoria de Franco. Vuelve un franquismo que, como dijo en 2019 Arturo Pérez Reverte, acabó hace cuarenta años y “ahora es solo un espantajo”.

Ya lo comentó también Antonio Banderas, entrevistado ese mismo año por Susana Griso: “Tengo la impresión de que en 1985 Franco llevaba más tiempo muerto que ahora”.

Isabel Ayuso, que, frente a la “fachosfera” ha acuñado el término “Francosfera”, se ha mostrado contundente: “Sin Franco, Sánchez no es nada ni nadie”.

Carlos Herrera era entrevistado por Jordi Évole. El presentador de televisión le citó una frase que había leído a Manuel Vicent: “A franco habrá que exhumarlo del cerebro de los españoles”. A lo que Herrera replicó: “Sobre todo los de izquierdas, que lo quieren revivir constantemente”.

Pues eso.

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