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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Traidor

photo_camera Oriol Junqueras, Raúl Romeva y Joaquim Forn, junto al resto de líderes independentistas, durante el juicio del 'procés'

Traidor. Es el calificativo que más he encontrado, a lo largo del fin de semana, en políticos, articulistas, redes sociales, incluso en conversaciones informales, al hablar de Pedro Sánchez y su iniciativa de eliminar el delito de sedición, reduciéndolo poco menos que a una bronca callejera, por muy ‘agravada’ que se quiera.

Sustituir sedición por ‘Desórdenes públicos agravados’ (¿quién habrá sido el promotor de esa figura, Félix Bolaños?) parece una tomadura de pelo, más que una medida seriamente pensada y madurada, si no fuera porque se trata de asunto altamente delicado.

Lo de traidor podría parecer excesivo. Sin embargo, dice la Real Academia que traidor es quien “comete traición”. Y para “traición” concreta dos acepciones: “1) Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener. 2). Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria”.

Por esos dos lados puede cogerse a Pedro Sánchez. Por el del quebranto a la fidelidad y lealtad debidas, y por el de atentado contra la seguridad de la patria.

Lo primero, habida cuenta del cúmulo de promesas incumplidas, hechas a la sociedad, a los españoles, a la ciudadanía, y por la suma de mentiras comprobadas.

Las redes sociales vienen mostrándolas con insistencia y claridad una tras otra: no iba a pactar con Pablo Iglesias (lo hizo vicepresidente), ni con Bildu (“si quiere, lo digo veinte veces”), ni con Esquerra (“no voy a permitir que la gobernabilidad de España dependa de partidos independentistas”), y se pronunció en contra de los indultos (“los indultos políticos deben acabar en nuestro país”). En fin, un cúmulo de incumplimientos y traiciones.

Y una suma de mentiras también. Que Pedro Sánchez continúa lanzando. Lo hizo en la entrevista de La Sexta, como destacó Carlos Alsina de forma contundente en su programa. Una de ellas, afirmar que el delito de sedición es muy anacrónico, porque fue redactado en 1822, “cuando en España -dijo- se producían alzamientos militares”.

Dos mentiras. En España se produjo un alzamiento militar en 1981: el 23-F. El delito de sedición se reguló hace 27 años, en el Código Penal de 1995. Otra más: afirmar que había reivindicado esa reforma desde siempre. Vale la pena volver a escuchar el comentario de Alsina, en el que recuerda también a Sánchez que en 2018, recién llegado al Gobierno, sostuvo, en una entrevista con Susana Griso, que lo ocurrido en Cataluña era una rebelión.

En cuanto a la segunda acepción de traición, es decir atentar contra la seguridad de la patria, lo cierto es que la desaparición del delito de sedición, convertido en simple “bronca pública”, deja a España indefensa frente quienes desean romperla y planean promover nuevos procesos de ruptura y de independencia como los vividos en 2017.

 

Y todo ello recurriendo a trucos de tramposo. Lo es tramitar la reforma como proposición de ley, no como proyecto de ley, con lo que no tendrá que escuchar al Consejo del Poder Judicial ni al Consejo de Estado. Y por vía de urgencia, por supuesto. Otra ocurrencia tal vez de Félix Bolaños, o del omnipresente asesor Cándido Conde Pumpido.

La reforma del delito de sedición no va a afectar de forma directa a los condenados por el ‘procés’, porque ya han sido indultados. Pero sí a los numerosos dirigentes de Esquerra que aún están siendo enjuiciados en Cataluña. Y a los cargos de la Generalidad y del Parlamento que siguen fugados fuera de España.

Tal como explica el boletín de FAES, dependiendo de su configuración, el nuevo tipo penal se podría no aplicar a los hechos sucedidos en 2017, si estos no encajan con lo que recoja el nuevo precepto, por lo que quedarían impunes, al no serles de aplicación ni el nuevo precepto ni el antiguo (ya derogado). “Podríamos estar, pues, ante una amnistía encubierta, al menos en lo que se refiere al delito de sedición”.

Más aún. También podría quedar afectada la imputación –condena para los ya juzgados– por el delito de malversación. Si se considera que es instrumental del delito de sedición, la desaparición de este podría conllevar también la del primero. Y, sin ese delito, desaparecería la inhabilitación que impide a los separatistas catalanes ocupar cargos públicos y presentarse a las elecciones. Podrán, en fin, volver a ser candidatos en las convocatorias próximas.

¿Y todo eso por qué? ¿O, más bien, para qué? Pues para mantenerse en el poder. Alfonso Reyes citaba en Twitter esta frase de Robespierre: “La traición deja de ser un defecto para convertirse en una virtud cuando te permite mantener el poder”.

Ladrillo a ladrillo, Pedro Sánchez está destrozando los cimientos de España.

editor@elconfidencialdigital.com

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