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Con Cataluña hay que negociar sí o sí

España y los españoles han (hemos) de concluir de forma muy clara qué quieren respecto a Cataluña. Es decir, si están interesados, si desean, que siga formando parte de esta gran comunidad de pueblos llamada España.

Si, por lo que fuera, la opción es que no sienten demasiados deseos de seguir juntos, entonces, lo que hay que hacer es dejarles marcharse sin más. En el caso, claro, de que tal posición se convirtiera allí en mayoritaria.

Si, por el contrario, el objetivo es preservar una unidad de siglos, si el deseo es conservar el actual estatus, y no solamente por motivos históricos o sentimentales, que también, sino incluso con argumentos de conveniencia económica y social, por interés de nación, entonces habrá que afrontar la cuestión teniendo en cuenta qué es Cataluña y cómo son, qué sienten y piensan hoy los catalanes.

Y resulta una obviedad que Cataluña es singular por tantos motivos. Por historia, por tradiciones, por lengua, por carácter…

Y parece claro que una notable parte de su población demanda que eso se tenga en cuenta: solicitan un trato singular. Es la realidad.

Por si fuera poco, los últimos episodios han incrementado los aires secesionistas, que han ido ganando porcentajes entre una población que en el pasado se mostraba mucho más desinteresada e indiferente.

Suele decirse que la peor injusticia es tratar igual a los que son desiguales.

Cataluña es desigual. Negarlo resulta de una ceguera cósmica.

Dicho todo esto, y una vez quede cerrado el episodio del actual intento independentista, paso a alguna conclusión. La más importante: que ha llegado el momento de la negociación.

Y lo que hay que negociar es una situación especial para Cataluña en el marco de esta España única. Si no, el problema no se resolverá jamás, la herida permanecerá abierta, y lo que se ha vivido este fin de semana y el domingo será nada en comparación con lo que estará por venir.

Es el momento de que el Gobierno, el presidente, salga a la palestra para lanzar este mensaje: tengo una oferta que hacer al pueblo catalán, a sus representantes y a sus gobernantes. Estamos dispuestos a hablar acerca de un más adecuado encaje en el conjunto del país, algo así como un traje más a medida.

Ha llegado la hora de la política y de los políticos.

Me comentaba recientemente un destacado hombre de empresa catalán que sus paisanos han sido y son gentes pragmáticas, acostumbradas a la negociación: pactistas, en una palabra. Y que lo han demostrado en todos estos años y siglos.

Así pues, una declaración formal desde Madrid abriendo la puerta a cambios, un compromiso de considerar muchas de las demandas planteadas, contribuiría decididamente a desinflar el actual souflé (así lo calificó mi interlocutor).

Y, una vez rebajado, será el momento de afrontar el problema con mayores garantías de acuerdo. Negociando. Con ofertas y concesiones. Es lo que toca, si queremos que Cataluña forme parte de todos nosotros. No puede ser tan difícil.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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José Apezarena

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