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Peligroso José Bono

José Bono se llevó del ministerio de Defensa documentos que, tal como se cuenta hoy en ECD, preocupan, y no poco, en ámbitos oficiales y de la seguridad del Estado.

Que se los llevó no tiene duda, porque él mismo ha presumido de eso, al contar cómo descerrajó un armario en la sede del Estado Mayor del Ejército, y al amenazar ahora con desvelar documentos que posee sobre el accidente del Yak-42.

Lo que inquieta en los servicios de información es que, al abandonar el cargo, se llevó a su casa papeles que se refieren a asuntos de seguridad y defensa, a decisiones tomadas en las fuerzas armadas y por algunos de sus principales integrantes, y también datos comprometidos relativos a altas personalidades de la nación.

Si Hillary Clinton las pasó canutas en Estados Unidos por haber utilizado su ordenador personal para cuestiones del cargo de Secretaria de Estado, por manejo de material reservado y el riesgo de filtraciones, hasta el punto de anunciarse una investigación de parte del FBI, ahora –tal como revela ECD- no habría que descartar alguna iniciativa oficial para averiguar qué papeles comprometedores tiene en su haber José Bono. Parece que ya existe alguna pista de dónde puede guardarlos.

Una vez más se comprueba que Bono es un personaje peligroso. Tan bien lo sabían en su propio partido, el PSOE, que, cuando fue candidato a la secretaría general, con todos los apoyos del aparato, y estando prácticamente garantizada la elección, al final le derrotó un desconocido José Luis Rodríguez Zapatero. Y eso ocurrió por el miedo que tenían unas cuantas federaciones al estilo y talante, al modo de mandar, del candidato oficialista.

Que se lo digan también a Federico Trillo, a quien, en el relevo como ministro de Defensa, le dio todas las garantías de que no movería el problemático asunto del Yak 42, y no solamente incumplió la promesa, sino que fue el principal impulsor de la magnificación del escándalo. Lo ha vuelto a ser ahora, tras el dictamen del Consejo de Estado.

Que se lo digan a Pedro Sánchez, que se enteró por la prensa de que el ex ministro de Defensa había montado, a sus espaldas, una cena con Pablo Iglesias y Errejón a la que asistió José Luis Rodríguez Zapatero.

En 2005 denunció haber sido agredido durante una manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Dos militantes del PP fueron detenidos, pero el juzgado archivó el caso. Posteriormente, la Audiencia de Madrid declaró probado que no había sufrido agresión alguna. Un dato más: Bono se declara católico, al mismo tiempo que apoya y vota a favor del aborto.

Al menos en el terreno público y político, la palabra de Bono no es precisamente la mayor garantía de veracidad y de cumplimiento de las promesas. Ya es lugar común el relato de cómo, siendo presidente castellano-manchego, durante sus visitas a los pueblos, como prueba de amistad y aprecio hacia alguien, regalaba, una vez tras otra, uno tras otro, sucesivos ejemplares del apreciado y exclusivo reloj que había “heredado” de su padre.

¿Qué dicen los papeles que Bono se llevó del ministerio de Defensa? ¿De quién hablan? ¿Qué asuntos delicados contienen? Es lo que quiere aclarar la investigación abierta.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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