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Tóxico Juan Carlos Monedero

La abrupta salida de Podemos de uno de sus fundadores, Juan Carlos Monedero, considerado incluso como el ideólogo, ha desatado, con motivo, una ola de interpretaciones.

Uno de los enfoques más utilizados, y que en realidad sigue la pista a lo que soltó Pablo Iglesias en la rueda de prensa en la que comunicó la notica, consiste en insistir en que Monedero es un intelectual, un hombre de ideas más que de partido, que necesita volar libre sin encerrarse. Y que por eso se ha desmarcado de quienes hasta hace muy poco eran sus camaradas del alma.

En esa línea, no han faltado quienes se han centrado en distinguir política y filosofía, entre políticos (o sea, Pablo Iglesias y resto de dirigentes) y filósofos e ideólogos (como Juan Carlos Monedero), y en que ese ha sido el trasfondo de la crisis: una especie de divergencia intelectual y de praxis.

Me parece un enfoque erróneo. La espantada del número tres de Podemos no responde a un problema teórico, metodológico, ni se produce por encontrarse más o menos cómodo en la estructura rígida de un partido.

Lo que ha ocurrido con Monedero es que su persona, su figura, se habían convertido en un producto tóxico, venenoso, para las expectativas inmediatas electorales de esa formación política. Al menos así lo entendían dentro. Y lo que estaban haciendo con él era ningunearlo, apartarlo, silenciarlo, hasta conseguir expulsarlo por la vía de los hechos. En efecto, cuando se ha dado cuenta de lo que estaba sucediendo, él mismo ha optado por abandonar la primera línea.

¿Por qué era tóxico Monedero, por qué contaminaba? Por el impresentable escándalo de los 450.000 euros, cobrados encima a través de una sociedad interpuesta. Y porque ahora toca tapar las vinculaciones con la Venezuela de Chávez y Maduro. Y por algunas viejas veleidades con el abertzalismo, y alguna que otra declaración desafortunada.

Desde que saltó el escándalo de sus facturas, el número tres de Podemos se ha visto repudiado por la organización (incluyendo peticiones de expulsión publicadas en las webs oficiales del partido) y ha comprobado cómo han dejado de llamarle. Por si fuera poco, se ha sentido traicionado por su amigo del alma, Pablo Iglesias, con el espectacular desmarque respecto del régimen bolivariano, ése del que Monedero ha sido representante y responsable de imagen, para apostar supuestamente por las democracias nórdicas.

Así que el interfecto se ha percatado de que, por esas toxicidades, le estaban ‘echando’ del partido. Además, no tenía ninguna gana de que, en las primarias para designar candidatos a las generales, le castigaran, sin nominarle, o colocándole en puestos rebajados y por tanto vergonzosos.

Por no hablar, aunque es cuestión antigua y de más fondo, de la silenciosa amargura de haber visto cómo su ‘discípulo’ Pablo Iglesias, más carismático, más joven, más pragmático, se consolidaba como el número uno absoluto del proyecto político, Podemos, al que él tanto había contribuido; tanto que casi lo consideraba suyo.

Pero con la decisión de Juan Carlos Monedero no se acaba nada. Basta analizar cómo la ha escenificado, y qué mensajes ha dejado, para darse cuenta de que el conflicto sigue vivo. Porque Monedero no se ha marchado de Podemos, que podía haberlo hecho. Se mantiene dentro, y además reivindicando los principios fundacionales, los planteamientos iniciales, que son los que le alzaron en el panorama político español.

En sus declaraciones, el número tres se mostró decepcionado, desengañado y defraudado ante las dinámicas de la primera línea de la política, es decir, del equipo que encabeza Pablo Iglesias, y denunció que la organización ha caído en algunos vicios propios de la competición electoral. ¡Hasta equiparó al actual Podemos con la tan vituperada y despreciable casta!

Y dejó “la puerta abierta para seguir construyendo" el partido desde el lugar en el que nació, "la calle y la reflexión", dos de los elementos clave de su éxito.

Lo que ha ocurrido es que Monedero se ha postulado, de hecho, como la alternativa a Pablo Iglesias. Si la actual línea, ideológicamente claudicante y tácticamente pragmática, fracasa desde el punto de vista electoral, no tengo duda de que Juan Carlos Monedero aparecerá para presentarse como la solución. Al tiempo.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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