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Por qué aplaudían al rey

No fue normal. No lo fue la intensidad, pero sobre todo la duración, del aplauso que diputados y senadores tributaron al rey, y por dos interminables veces, durante la solemne sesión constitutiva de las Cortes, que iniciaban así la duodécima legislatura. Era, respecto al destinatario, Felipe VI, algo más que una protocolaria manifestación de educación y una muestra de buenas formas parlamentarias .

El propio Felipe VI se sintió sorprendido, e incluso un poco emocionado, por la duración y fuerza de los aplausos. Hasta el punto de que, casi azorado, él mismo hizo gestos para que cesara el sonoro homenaje de los parlamentarios puestos en pie.

Excepciones al margen (más bien pocas, y que en determinados casos únicamente buscaban protagonismo y llamar la atención), el espectáculo de las dos cámaras, reunidas en sesión conjunta, aplaudiendo largamente (de manera excepcional, insisto) al monarca resulta, creo, significativo.

¿Qué aplaudían los diputados y senadores? Pienso que con ello mostraban alivio, cuando no satisfacción, por haber salido de la parálisis que ha atenazado al país durante casi un año. Era el contento por la deseada normalización.

Constituyó, igualmente, una expresa y rotunda ratificación de la apuesta por la actual democracia, la que, con sus evidentes limitaciones y errores, ha llevado sin embargo a España a ser una nación estable, avanzada, pacífica y con un gran futuro. Aplaudían a la democracia, simbolizada y representada en las dos cámaras allí presentes.

Diputados y senadores expresaron que creen y quieren el actual sistema político. Mejorable, por supuesto, pero que es la base sobre la que hay que edificar, sin recurrir a voladuras irresponsables, como proponen algunas fuerzas, también presentes en la cámara.

Considero, igualmente, que la ovación iba dirigida a todos nosotros, a los ciudadanos, a los españoles de a pie.

La escena en el Congreso fue un homenaje a este país, que ha superado ejemplarmente, con evidente madurez, la dura prueba de casi un año sin Gobierno, y el espectáculo de dos sucesivas elecciones, seguidas de dos complicadas investiduras.

Y, por supuesto, aplaudían también a la institución, a la monarquía, y a su titular. A la monarquía, como fórmula política para este país que ha acreditado, en todos estos años de Constitución, ser garantía de estabilidad y de solidez para el propio sistema legal y democrático.

Y aplauso a su titular, a Felipe VI en concreto, por el papel desempeñado durante estos largos meses de prueba, en los que ha tenido que afrontar un desafío que nunca se había producido en España, pilotando y protagonizando un proceso delicado y complejo, que ha conducido finalmente a la pacífica designación de un presidente y la formación de un nuevo Gobierno.

Si la figura del nuevo rey precisaba de ejecutorias y demostraciones, se ha dado un buen paso. Habrá, sin duda, otros desafíos, en otros momentos, pero el primer round, que no era precisamente fácil, ya ha sido conquistado.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena


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José Apezarena

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