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Te corto la calle y, si no te gusta, ajo y agua

Reconozco que puede tratarse de una queja de verano, porque parece que en esta temporada es cuando más ocurre, pero en realidad constituye un problema de todo el año. Me refiero a los cortes de calles imprevistos.

Va uno circulando por la ciudad y de pronto se encuentra una calzada interrumpida. Te colocan en el suelo un par de conos de plástico... y ya no puedes pasar. ¿Hay por allí cerca alguna autoridad que avale la legalidad del hecho, algún agente que regule vías alternativas? De ninguna manera.

En la mayor parte de los casos, los protagonistas del corte han actuado por las buenas o, dicho de manera más gráfica, por sus pistolas. Y a partir de ese momento, no puedes entrar o, lo que aún es peor, no puedes salir. Ni siquiera si vas al aparcamiento, o si emerges del garaje. Y toca esperar. Lo que haga falta.

¿Qué evento parece justificar el inesperado corte? Puede ser cualquier cosa. Desde un camión con carbón que descarga mineral para alimentar las calefacciones centrales, hasta una mudanza que ocupa toda la vía.

Puede ser una camión con grúa que descarga material para la obra de al lado, o tal vez de una hormigonera estacionada en mitad del piso soltando carga para alimentar unos encofrados. No pocas veces se trata del vehículo que retira un volquete metálico con restos y desperdicios, y a continuación deposita en el lugar un recipiente vacío. Este último supuesto es uno de los que más desesperan, por el tiempo que se tarda en las dos operaciones.

No faltan situaciones de tala de árboles por los servicios municipales. Y también, en invierno, la colocación (o la retirada) de la iluminación navideña. Y la limpieza y reposición de farolas de alumbrado público.

A veces el corte no es total. Quiero decir que puedes pasar, pero con dificultad, circulando con lentitud. Ocurre con vehículos de la limpieza que vacían contenedores y papeleras. Y con los que riegan las calles.

Vamos a ver. No es que me oponga a que todas esas operaciones y trabajos se realicen. No. Lo que denuncio es la falta de regulación. Pongo un ejemplo: ¿el riego de las calles, para la mejora de las alcantarillas, tiene que realizarse durante el día, en plena jornada de trabajo en la ciudad? ¿Y no habría que fijar unos horarios, momentos de tráfico bajo, para la labor del vehículo de la limpieza que desaloja contenedores?

Me quejo, en fin, de la anarquía que reina cuando cualquiera, como digo por sus pistolas, te coloca unos conos sobre el suelo, o una valla metálica amarilla, y corta sin más una calle. Sin que nadie lo vigile, lo impida y en su caso lo castigue.

Los casos que he relatado son reales.

¡Oye y, si no te gusta, ajo y agua!

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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