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Un marciano llamado Mariano Rajoy

Apenas salgo de la sorpresa. Viéndolo ahora moverse, comportarse, actuar, hablar… parece una persona distinta de la que nos habían dibujado. Me refiero a Mariano Rajoy.

Nos habían presentado un individuo lejano, cuadriculado, nada espontáneo, más bien gris, aburrido, incapaz de ninguna empatía, parado, soso, incluso mortecino, impersonal, automático, rutinario, encerrado en su despacho, que huía de cualquier contacto con la gente… y lo que estamos viendo no se corresponde con tal estereotipo.

Quien le haya seguido en sus últimas comparecencias, en la casa de Bertín Osborne, durante la pegada de carteles el día del inicio de la campaña, en el debate con la calle este sábado en La Sexta, con su presencia ayer en el Congreso para celebrar el Día de la Constitución, se ha encontrado un personaje bastante alejado de la descripción anterior.

Desde luego, este no es el individuo de esos clichés. Y, en cambio, ha aparecido poco menos que un marciano llamado Mariano Rajoy.

Comparece una persona que muestra cierto sentido del humor, que sonríe y hasta incluso ríe, informal, descamisado y descorbatado, que acude a los platós a cara descubierta, que no rehúye asuntos semi íntimos, que no se acoquina con las preguntas en directo, que afronta lo imprevisto de una cuestión inoportuna sin perder la compostura y hasta el buen tono.

Por supuesto, no es la alegría de la huerta, pero tampoco es el viudo triste y ojeroso de los anteriores dibujos. Y está llegando a la gente de a pie.

¿De dónde ha salido este Rajoy? ¿Por qué se mantenía escondido?

A lo mejor, hasta aquí le ha ocurrido lo que le pasó a Felipe González en su primer debate con José María Aznar: veía tan claro que lo tenía ganado que no se esforzó lo más mínimo, y lo perdió. Tal vez Rajoy se sentía tan convencido de que la economía le bastaba para lograr una mayoría suficiente en las elecciones, que había decidido no dar un paso más, no dar el callo.

Y ahora que lo ha visto en el aire se ha puesto a currar. Ha abandonado la comodidad del sillón, del despacho, de la corte de asesores rodeándole, y ha salido a pecho descubierto. Y, como digo, le está yendo bien.

Al esfuerzo que ha puesto Moncloa en dibujar un Rajoy “muy presidente del Gobierno”, por contraste con la bisoñez de sus rivales, a la campaña para presentarlo como garantía de estabilidad en un país amenazado por el separatismo catalán, como un seguro frente a los riesgos del terrorismo yihadista, se ha sumado este “Rajoy persona” de los últimos días.

Y así, cocinando en la casa de Bertín, respondiendo a todos en La Sexta, charlando con Pablo Iglesias en el Congreso y diciéndole eso de “vais muy bien”, pero sobre todo presentándose sonriente y relajado, suelto y convincente, confiable, sigue subiendo en el aprecio de los ciudadanos y por tanto captando unos votos que le van a venir muy bien.

Al marciano Rajoy le va mejor que al antiguo y aburrido Rajoy.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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