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¿Qué puede vender Rajoy?

Mariano Rajoy ha hablado de Cataluña, en la convención nacional del PP celebrada ayer. Se comprende, porque la herida (la grave derrota sufrida) sigue supurando.

La primera parte de su intervención la dedicó a economía y presupuestos, y la segunda fue un relato sobre lo acaecido en Cataluña

El presidente del PP reconoció la obviedad, es decir, que el resultado electoral ha sido "malo" (quizá debió calificarlo de "muy malo"). Pero introdujo un matiz: la respuesta del Gobierno al desafío independentista "ha sido buena", sostuvo. Buena para España, aunque no haya sido buena para el PP.

Concretó así el balance de la acción del Gobierno: se ha restituido la legalidad, la Declaración Unilateral de Independencia ha quedado anulada, se ha destituido al Gobierno y se han celebrado elecciones.

Así que, al final, Rajoy ha acabado presentando un balance positivo de lo ocurrido y actuado en Cataluña.

Pienso que cometería un grave error si, de cara al inmediato futuro electoral, a las siguientes generales, intentara 'vender' esa concreta mercancía, Cataluña.

Ya le ocurrió con los éxitos económicos conseguidos en la primera legislatura. Intentó exhibirlos como principal baza para ganar las elecciones y el argumento no funcionó de ninguna manera.

Algo semejante le ha pasado también ahora en la campaña catalana: pretendió poner en valor, como argumento clave, las decisiones tomadas para frenar el independentismo, centradas en la aplicación del 155, y el resultado ha sido que las urnas, los ciudadanos, le han dado la espalda de forma contundente.

Es verdad que el problema de Cataluña se encuentra en gran medida encarrilado. Y que el Gobierno ha pilotado esa operación en primera línea. Pero Rajoy no debería pretender reconocimientos públicos, y menos aún recompensas electorales.

Se volverá a equivocar, repito, si eso, Cataluña, es lo que piensa 'vender' en las próximas elecciones. Como le ocurrió con el éxito de la gestión económica.

Enfatizar el pasado no funciona. El Partido Popular necesita 'vender' futuro. Y, si no, ya pueden olvidarse.

Su actual situación es tan penosa, que no faltan quienes empiezan a recordar lo que sucedió con la desaparecida UCD, que en las elecciones de 1982 pasó, de partido de Gobierno, a casi extraparlamentario. Aunque este PP, articulado orgánicamente, asentado territorialmente, no es la jaula de grillos en que se convirtió la formación creada y liderada por Adolfo Suárez. Pero el precedente está ahí.

En la convención de ayer, Rajoy insistió en que el partido tiene que aprender de los errores cometidos. Está por ver si acierta con ello.

El PP necesita reconquistar. Precisa de propuestas, programa, ofrecer un modelo de sociedad atractivo, articular objetivos, apostar, lanzar metas, ilusionar, movilizar. En estos momentos, su imagen y su mensaje son planos, inconcretos y aburridos. Y lo mismo ocurre con la mayor parte de sus líderes, incluido, por supuesto, Mariano Rajoy

Hay mucho que trabajar, mucho que cambiar. Si no son capaces de hacerlo, que se preparen para la despedida. Y que no digan que no se les ha avisado. Incluso con bastante tiempo por delante.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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