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El sentimiento religioso de Rita Maestre

"Vistas las consecuencias, no lo haría". Es la respuesta de Rita Maestre ayer, cuando declaró en el juicio contra ella por el asalto a la capilla universitaria de Somosaguas en 2011. Vistas las consecuencias, no vistos los hechos. Lo explicó algo más al precisar que las "consecuencias" son verse acusada ante los jueces. Eso es lo que le preocupaba.

La portavoz en el Ayuntamiento de Madrid no lamentó en absoluto los actos que protagonizó. No reconoció que, invadiendo un lugar sagrado, lanzando gritos y amenazas, y despojándose de la ropa de cintura para arriba, incurría en la figura que le ha llevado ante los tribunales: delito contra los sentimientos religiosos.

El relato que se escuchó ayer, por parte de personas que presenciaron los incidentes, confirma que hubo voluntad de ofender. Y que Rita Maestre fue protagonista muy destacada, no una participante más.

Y que allí hubo amenazas. Los asaltantes lanzaron gritos de "Vamos a quemar la Conferencia Episcopal" y, el que se ha hecho más famoso, y más terrible: "Arderéis como en el treinta y seis".

El respeto a los sentimientos religiosos de todos, de todos, constituye sin duda una gran conquista de nuestra civilización. Como otros de ese mismo nivel, es un derecho al que no hay que renunciar, que vale la pena defender. Por eso, el juicio celebrado ayer tiene su importancia. Se trata de lograr que conductas como la de Rita Maestre y sus compañeros no se produzcan más. Y para ello parece conveniente que los hechos se juzguen y se sustancien ante los tribunales.

El hacerlo lanza igualmente un mensaje a la sociedad: que tales comportamientos, entre los que habría que citar también atropellos como la exposición sacrílega de Pamplona y el blasfemo Padre Nuestro de Barcelona, no son de recibo en una sociedad avanzada y democrática.

Ahora quedamos a la espera de lo que decida la Justicia. El obispo de Madrid, Carlos Osoro, ha expresado públicamente su disculpa y perdón por los hechos. Hace bien. Está en su papel, lanzando mensajes de comprensión y perdón, porque se trata de un enfoque desde el punto de vista religioso.

Pero, desde el punto de vista cívico, también es deseable que se respete el principio de legalidad. Que las leyes se guarden y que las conductas inadecuadas se vean castigadas. Si las leyes que nos hemos dado no se cumplieran, estaríamos firmando el derribo del sistema de libertades.

Una última reflexión. Me produce sorpresa, incluso congoja, el espectáculo de un grupo de universitarios lanzando esos tremendos gritos de "Arderéis como en el treinta y seis". ¿De dónde han salido esos extremistas? ¿Cómo es posible que su referencia sea la guerra civil española, el maldito treinta y seis?

Nos hemos pasado décadas intentando pasar página de aquel terrible conflicto entre españoles, y ahora resulta que jóvenes de veinte y treinta años la tienen en la memoria y, por lo visto, hasta quieren revivir aquellos sucesos.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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