Miércoles 17/01/2018. Actualizado 17:59h

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No me resisto a contarlo pese a que no tiene casi ni el carácter de pequeña anécdota. Así que allá va.

El otro día debía acudir a una concurrida zona de Madrid, en coche. Llevaba dando vueltas cierto tiempo a la caza de un aparcamiento cuando lo vi.

Chico joven, de unos treinta años, vestido en plan 'casual', que se dedicaba a cargar bultos en el maletero de un pequeño vehículo.

Me detuve a su lado. Y le hice señas: "¿va a salir?".

Para mi sorpresa, no me respondió de forma directa. Me miró y se quedó un poco trabado, como sopesando su respuesta, sin saber qué hacer.

Entonces, se arrancó y vino hacia mí... hasta sorprenderme del todo.

"Mira, es que voy a tardar un rato. No salgo ya... Pero vamos a hacer una cosa. Yo calculo que me falta como para tres minutos, más o menos. Da otra vuelta a la manzana y quizás haya acabado. Si termino antes, yo te espero hasta que llegues. ¿Vale?".

Me quedé callado y perplejo, como un pasmarote, con ganas de decirle que no, que no iba a quedarse él ahí, esperando a que yo llegara... Pero le dije que sí y arranqué.

Tardé 4 minutos con 45 segundos en dar la vuelta. Pero no, no había terminado. Le hice señas, que no se preocupara, que daría otra vuelta a la manzana. De acuerdo. Otra vuelta.

Cinco minutos después, logré llegar al sitio... y allí estaba, esperando pacientemente. Me vio, se subió rápidamente a su coche, arrancó y se marchó.

Casi no me dio tiempo ni a darle las gracias. Qué tío.

Más en twitter: @javierfumero

 

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Javier Fumero

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