Sábado 18/11/2017. Actualizado 01:00h

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Hace falta ser mezquino para llamar víctima a un yihadista

Miguel Urbán es eurodiputado de Podemos. Hace unos días se refirió a los trágicos atentados de París en los siguientes términos: los yihadistas que perpetraron la masacre no son brutales asesinos sino víctimas creadas por la sociedad occidental.

Concretamente dijo:

-- “Hay muchísima gente que aquí no tiene ninguna salida y yo creo que son elementos estructurales en donde hemos fallado. No solo en la seguridad, no solo en las agencias de información”.

-- “Se ha fallado también en estructurar a mucha gente que no ve otra salida, que es inmolarse”.

Es sobrecogedor.

Yo entiendo que alguien sienta pena o se apiade de un terrorista. Porque es triste tocar con la mano el descenso a los infiernos de una persona que es capaz de quitarse la vida provocando el mayor daño posible a otros seres humanos, sus semejantes. Ese nivel de degradación nunca puede estar justificado pero puede mover a compasión.

También puedo entender el lamento de muchos musulmanes españoles de bien que aseguran sentirse doblemente víctimas. Víctimas de un Estado Islámico que los despoja de la condición de verdaderos y honestos creyentes. Y víctimas de occidente al verse señalados como radicales o terroristas en potencia.

Sin embargo, lo de Miguel Urbán es otra cosa.

Asegura que los instigadores de la barbarie y el terror que atacan a las sociedades democráticas no tienen culpa, son inocentes porque se ven constreñidos por esta sociedad a cometer estas aberraciones.

Fallamos nosotros y no les dejamos alternativa. Cercenamos sus derechos si controlamos sus movimientos o pinchamos sus teléfonos, aunque haya un juez que lo autorice a partir de indicios que los convierten en sospechosos.

Las reglas democráticas que valen para todos, a ellos les genera una actitud de asfixia que les empuja a defenderse, a buscar alternativas. Por ejemplo, a ceñirse un cinturón de explosivos, meterse en un estadio y hacerse saltar por los aires junto a mujeres y niños. O a ametrallar a inocentes viandantes que nada tienen que ver con los actos de espionaje que tanto les agobian.

Participar en el pacto antiyihadista es hablar de venganza. Eso no toca en estos momentos para el partido de Pablo Iglesias. La reforma del Código Penal que promovió el Gobierno Rajoy supone la renuncia a las garantías constitucionales. Y así todo.

Me parece bastante mezquino, insisto, pero como suelo decir en estos casos, me lo haré mirar.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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