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Joder con la integridad de los alemanes

El affaire de Volkswagen, con sus coches diesel trucados danzando por el mundo entero, es un suceso sorprendente y una buena carga de profundidad sobre la propia imagen de Alemania.

Los teutones llevan años vendiéndose al mundo como una cultura del trabajo serio, responsable y eficiente. El alemán cumple con la palabra dada, es concienzudo y fiable. No buscan atajos, ni artimañas.

Es gente seria, formal, muy distinta por ejemplo a esos países mediterráneos tan mediocres, esos a los que tanto les gusta la siesta y cuyo ADN está marcado por el cachondeo, la trapisonda y la informalidad.

Esta actitud displicente ha provocado maniobras tan curiosas como la que lideró hace pocos años el Bayer de Münich en Bruselas contra el fútbol español. Los alemanes acusaban a la Unión Europea de trató de favor a España. A su juicio, el aplastante dominio del Real Madrid, Barcelona, Atlético y Sevilla en las competiciones europeas –decían- era fruto del permisivismo de las autoridades, que debían impedir esos fichajes multimillonarios y tanto endeudamiento. Hubo denuncias a la Comisaría europea de Competencia desde Alemania.

Pues va a ser que no. Va a ser que la tan cacareada integridad tedesca es un camelo. Simplemente es que no les pillábamos.

Primero nos enteramos de que los ministros plagiaban sus tesis doctorales. El presidente del Bundestag fue acusado de una excesiva inspiración en su trabajo universitario. La ministra de Educación y mano derecha de Angela Merkel se tuvo que marchar tras admitir la trampa y sucedió otro tanto con el titular de Defensa, al que le fue retirado el título académico de doctor en Derecho por la multitud de citas plagiadas que utilizó.

Después supimos que el consorcio alemán Siemens estaba siendo investigado por la fiscalía de Münich acusado de emplear unos 420 millones de euros en sobornos para conseguir grandes contratos por el mundo. También en Grecia, por cierto, donde pagó a políticos del país y evitó males mayores cerrando el caso en los tribunales mediante un acuerdo extrajudicial.

Otros litigios concluyeron con el pago de multas pero fueron imputados más de 300 profesionales de la compañía que confirmaron la existencia de ‘cajas b’, contratos con asesores inexistentes, firmas fantasmas y pactos ocultos para camelar a funcionarios y facilitadores de gobiernos extranjeros.

Y ahora esto de los coches. Que no es una simple mentirijilla malintencionada. Ni siquiera la desviación indebida de unos fondos o el impago de determinados impuestos. Es el diseño de un sistema perverso de engaño masivo, muy costoso y sibilino, realizado con la expresa voluntad de confundir a las autoridades regulatorias.

La nocturnidad y alevosía están demostradas en grado sumo. La malicia y la superchería chocan con esos muchos millones de euros gastados en publicidad fetén, de la cara, sobre la excelencia de la marca Volkswagen.

Es alucinante, insisto. Para no dormir la siesta, estos alemanes tienen la cara muy dura.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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