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Rajoy va a ganar en Cataluña con el estilo de La Roja

Tengo amigos que no soportan ver en directo los partidos de la Selección Nacional de Fútbol. Es superior a sus fuerzas. Les desespera ese juego pausado, de toque tras toque, de amagar pero no dar, de voy para adelante y reculo, pase atrás, de mejor no perderla que arriesgarla.

Empiezan los encuentros animosos, ilusionados, pero no hay manera: terminan perdiendo los nervios, desesperados. Se levantan y se van. No lo soportan.

Para ellos, el juego debería ser más vertiginoso, de pocos toques, de pases más verticales. Les gustaría sustituir el tiqui-taca por la avalancha del séptimo de caballería: tres pases a lo sumo y gol. Pim, pam, pum… toma lacasitos. Y así, todos los partidos.

Sin embargo, la Roja se ha hecho un nombre, un prestigio y, lo que es más importante, ha dado con un sistema de juego muy difícil de neutralizar, precisamente con esta estrategia de madurar los partidos. Los futbolistas españoles abren las defensas, terminan derribando a los contrarios, sometiéndoles a una tortura china, lenta pero implacable. Los rivales se pasan los partidos persiguiendo el balón y terminan corriendo detrás de sombras.

Sólo aquellos combinados que gozan de una capacidad física fuera de lo común y, además, disponen de una técnica también por encima de la media pueden resistir con cierta dignidad. El resto, acaban capitulando cocidos en su propia salsa, desnaturalizados, pareciendo peleles.

Eso sí. Contemplar el asedio requiere, efectivamente, de mucha paciencia. Porque el balón muy pocas veces se arriesga. Se mueve de un lado a otro, con sosiego, con aparente falta de vigor. Sólo esporádicamente se realiza un pase largo o entre líneas para intentar desbaratar el entramado defensivo. Pero las pocas veces que se logra filtrar el balón y se conecta con un compañero cerca de la portería el gol está prácticamente asegurado.

Mientras tanto, el rival no puede desplegar su juego. Está dedicado exclusivamente a defender. Si el contrincante recupera la pelota, está muy lejos de la portería que suele defender David de Gea. España tiene tiempo de replegar y entonces vuelve a lo suyo: la gota malaya, la muerte por lenta asfixia.

Tengo para mí que Rajoy va camino de ganar el desafío catalán de la misma manera. Por agotamiento. Sin precipitarse. Arriesgando lo justo. Dejando madurar las cosas. Moviendo al rival de un lado para otro, buscando apoyos, amagando pero no dando. Cediendo a veces terreno para volver a la carga más tarde armado de argumentos. Retrasando las decisiones más graves para el momento procesal más oportuno.

Muchos analistas han cargado estos meses contra el presidente. Lo han acusado de pusilánime, de tibio y de excesivamente contemporizador. Si a Rajoy la estrategia del tiqui-taca le sale bien y logra reconducir la crisis de Cataluña, habrá que reconocerle el mérito político.

No digo que lo canonicemos, como a Vicente del Bosque. Pero sí que se le reconozca el acierto. Digo yo.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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