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Vale, echemos de las aulas a la filosofía

Decía Noam Chomsky en su decálogo sobre técnicas de manipulación de la opinión pública que había dos notas importantísimas para lograr el control social de las personas. A saber:

-- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores”.

-- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Llevar al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

La última reforma educativa (llamada LOMCE) que ha promovido el Gobierno Rajoy reduce la presencia de la asignatura de Filosofía de forma sustancial en las aulas españolas. Los profesores se están movilizando para protestar y me parece muy bien.

Esto es fruto de una mentalidad mercantilista que promueve, como valores supremos, la rentabilidad económica, el éxito social y la eficacia. Así, el mensaje que llega a los jóvenes es inequívoco: lo que prima por encima de todo es el dinero, el poder y la influencia. Los maestros contemporáneos (las series de televisión, las campañas publicitarias o esas personas-icono que se han convertido en sus verdaderos referentes vitales) predican efectivamente que lo guay es centrarse en los procedimientos.

Administración y dirección de empresas, informática, inglés o cualquiera de las ingenierías. Esto es lo que abre la  puerta a una buena posición económica. El éxito está ahí. Por eso, los contenidos (la historia, la filosofía, la literatura) se dejan para otro momento. Pasan a ser un ‘optional’ o, sencillamente, uno decide saltarse esas páginas del manual por considerarlas tediosas e inútiles.

Pero cuando el líder de un gobierno alardea de tener al Marca como referente, cuando un muchacho no sabe nada de historia universal, o sospecha que Shakespeare es un delantero centro que va bien por arriba y juega en la liga inglesa de fútbol, o cuando nadie entiende una sola palabra de la frase “cogito, ergo sum”, tenemos un problema grave.

 “El olvido de las humanidades –leí una vez a un filósofo (con perdón)- conduce a la incomunicación, la incomunicación lleva al aislamiento y el aislamiento –como advirtió Hannah Arendt (que no es una cantante de soul)- es pretotalitario”.

La mejor manera de asegurar que nadie piense algo políticamente incorrecto (por ejemplo, que hay que tratar a los refugiados sirios como a seres humanos) es sencillamente lograr que no piense. Sin filosofía, literatura, religión y arte no hay capacidad crítica, ni cultura, ni auténtica creatividad, ni innovación.

La sociedad sin letras queda incapacitada para leer o articular discursos coherentes, se vuelve insensible y vulnerable a la dictadura de las modas. Y de los políticos. No sabe distinguir entre lo esencial y lo accidental, el bien del mal, lo pasajero de lo permanente, lo humano de lo inhumano.

Vale entonces, echemos de las aulas a la filosofía. Pero después no nos quejemos si unos financieros nos cuelan las preferentes, si unos directivos trucan coches para engañar a las autoridades certificadoras, crece el número de mujeres maltratadas o nos dan gato por liebre en el Congreso de los Diputados.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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