Domingo 19/11/2017. Actualizado 11:46h

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Los atentados benefician a Rajoy

Les voy a poner un ejemplo: ¿Recuerdan aquellas encendidas declaraciones de Cristóbal Montoro en El Mundo que revolucionaron el PP? Quedan muy lejos, lejísimo de hecho. Porque todo lo sucedido estos últimos días –primero Cataluña y sobre todo, ahora París- ha sepultado al resto. Y esto beneficia a Rajoy.

En aquellos días de mar gruesa por las palabras del titular de Hacienda algunos hablaron de “grave crisis en el PP a dos meses de las elecciones”. Se habló de “sacudida sin precedentes” y de “auténtico electroshock”, en las filas del Gobierno y del partido.

No andaban descaminados porque las explosivas declaraciones de Montoro coincidieron con la abrupta dimisión de Arantza Quiroga en el PP vasco o la renuncia, retransmitida en directo, de Cayetana Álvarez de Toledo a unas listas con Mariano Rajoy como presidente.

Parecían vías de agua de cierta entidad… a las puertas de una cita con las urnas de gran importancia. Donde cada voto va a ser muy importante. El partido se va a decidir por pequeños detalles, como se suele decir.

Pero entonces llegó Artur Mas y tensó la cuerda como nunca había hecho la Generalitat catalana respecto al resto de España. Rajoy se puso el traje de hombre de Estado y comenzó a ganar puntos. En momento excepcionales, los experimentos con gaseosa, se suele decir.

El viernes pasado, París saltó por los aires y se convirtió en un horror, un bañe de sangre que a todos los españoles nos teletransportó, como por ensalmo, a aquellas jornadas del 11-M de tanta tristeza y conmoción. Nadie ha olvidado: sólo hemos pasado página para sobrevivir. Y eso cala.

En este escenario, Mariano Rajoy también suma. Aquí luce, como nunca, esa versión que tanto le gusta vender de sí mismo de estadista fiable, serio, predecible. Las alternativas encarnadas por Albert Rivera y el propio Pedro Sánchez no están a la altura: son inexpertos. No han gobernado nunca. ¿Sabrían ellos dos hacer frente a un desafío de estas características? La duda erosiona la intención de voto a una velocidad endiablada.

No te cuento si ponemos sobre la mesa el nombre de Pablo Iglesias, que en plena psicosis terrorista se ha desmarcado del plan antiyihadista porque “supone renunciar a derechos civiles y no es eficaz”. Tela marinera. Sólo le ha faltado decir: “pobres islamistas”.

Por todo ello digo que, a falta de cuatro semanas para las elecciones generales, Mariano Rajoy ha tomado oxígeno. Veremos si continúa la tendencia o cambia el viento.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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