Lunes 22/01/2018. Actualizado 01:00h

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Una casilla [X] para decidir si el dinero del IRPF va a partidos y sindicatos

No descubro ningún secreto si digo que los sindicatos tradicionales están heridos de muerte. De tanto alienarse con los partidos políticos han perdido cualquier atisbo de ecuanimidad. Eso no ha pasado inadvertido a los ciudadanos. Ya no engañan a nadie. Encima han metido la mano en la caja. Por todo eso ya no movilizan. Por todo eso han perdido el favor de sus bases.

Ahora, cuando han perdido las prebendas económicas del Gobierno (es tiempo de crisis y no hay dinero para nada), se ha demostrado que sin ayudas públicas no se pueden sostener. Es decir, que su actividad sindical no es capaz de generar los euros suficientes que permitan sostener sus costosísimas estructuras. Señal clara de que algo no va.

Como sigue siendo indispensable una labor de contrapeso en las empresas, creo que vamos a un modelo distinto: los sindicatos profesionales hiper-localizados. Pegados al terreno, sin apenas liberados, sin consignas ideológicas, ceñidos al estricto debate laboral de cada sector concreto, en cada ciudad o región... Y muy flexibles, porque serán muy conscientes de que hoy para sobrevivir es preciso amoldarse a los cambios.

Por otro lado, los partidos políticos están podridos. Se financian de forma dudosa. Reciben créditos bancarios bajo privilegio. Se les condona la deuda por su capacidad de promover políticas gubernamentales afines a los condonados. Un pasteleo vergonzoso.

Además, se retroalimentan con dirigentes de carrera, con peones criados bajo el invernadero protector y cerrado de las propias formaciones políticas. No tienen apenas experiencia de trabajo fuera de la política: por eso algunos acaban convirtiéndose en auténticos chupópteros.

Y uno no los puede elegir. Los propios partidos se resisten a apostar por las listas abiertas. Claro, los líderes perderían poder y hegemonía. Serían los ciudadanos los que premiarían a sus mejores representantes, mandando a casa a los majaderos.

Por si esto fuera poco, escuchamos ahora predicar al PSOE en su última Conferencia Política que se van a ensañar con la Iglesia. Para recuperar votantes, preparan una ofensiva para exigir que se acabe con la financiación pública de los comedores sociales de Cáritas, de los Bancos de Alimentos, de los centros de atención a drogadictos y prostitutas que dirigen las monjas, de los hospitales para cuidados paliativos de religiosos...

¿Saben lo que les digo? Quizás haya llegado el momento de salir a la calle y reclamar una casilla para elegir, marcando con una [X], si uno quiere que el dinero que el Estado retrae de su nómina para emplear en gastos públicos vaya a los partidos políticos y los sindicatos.

Es lo más democrático. Así, todos quedarán retratados. Y se evitará la imposición de unos pocos sobre la mayoría de su concepción sobre lo que está bien y lo que está mal, sobre lo que se debe financiar y lo que no.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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