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Un helicóptero para controlarnos a todos

Lo que nos faltaba: llega Pegasus, el nuevo radar que la Dirección General de Tráfico va a instalar en sus 19 helicópteros para vigilarnos a todos. Por si fuera poco con la Agencia Tributaria de Cristóbal Montoro, ya tenemos aquí la siguiente vuelta de tuerca de papá Estado.

Reconozco que me pilla muy cansado. Porque ya está bien. Han querido embridarnos por tierra, mar y aire. El Estado hace tiempo que se declaró competente para inmiscuirse en la vida de las personas por el bien de... su salud, por ejemplo. Persigue el consumo del tabaco, la ingesta de macro-hamburguesas, el uso del todoterreno por los campos o el consumo de vino. Ya está bien.

Esta dinámica irrespirable me recuerda el libro escrito hace un par de años por una tal Juli Zeh, que introdujo en Alemania un interesante debate.

Su tesis es la siguiente:

Las sociedades europeas padecen la ilusión neurótica de la seguridad, de la salud, de la buena forma física, de la juventud. De ahí que se imponga un modelo de Estado basado en una dictadura paternalista que sustituye la religión por la ciencia. Un sistema totalitario cuyo lema embriagador es “solo queremos lo mejor para vosotros”.

“El método” (título del libro) es el nuevo sistema rector de nuestras vidas en el que ciencia y salud son los pilares básicos de los países. El régimen garantiza una vida sana en donde el bien individual está supeditado siempre al bien común.

En el diseño vital que hace Juli Zeh sólo hay tres modos de huir del “método”: el suicidio, el enclaustramiento o la rebelión. Sólo aquellos que sean capaces de quedarse en casa, de no navegar por Internet, de no leer periódicos, de no ver la televisión, de no ir a trabajar o de no tener hijos, podrán escapar de esa opresiva camisa de fuerza.

Como alternativa se propone la insurrección: “vive alegremente, fuma si quieres y come todo lo que te apetezca”. Es una rebelión fundamentalmente contra el miedo. Quien tiene miedo constantemente es manipulable. El miedo es un instrumento del que se sirve el Estado para controlar a sus ciudadanos y el mercado para vender sus productos. “Cuando los hombres están convencidos de que la seguridad es más importante que la libertad, han perdido el sentido de la vida”.

Los gobiernos deberían tener cuidado. Los ciudadanos se están cansando de este control asfixiante, instaurado –encima- “por nuestro bien”: por nuestro bienestar, por nuestra seguridad, por nuestro confort.

Algún día de estos, a los españoles nos dará por levantarnos para recuperar las cotas de libertad perdidas. Y entonces...

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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