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Lo peor: salen a pasear las cloacas del Estado

Me indignan las palabras del ministro Jorge Fernández Díaz, grabado en su despacho incitando al jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña a destapar casos de corrupción con un determinado sesgo político. Orquestando filtraciones dirigidas a tumbar personas y partidos. No es decente. No es presentable. No es higiénico. No está a la altura de un cargo político de mi país.

Estamos hablando del máximo responsable de la seguridad en España. Aquel que debe velar por el trabajo justo y ecuánime de Policía y Guardia Civil. El dicho lo deja muy claro: “corruptio optimi pessima” (la corrupción de los mejores es la peor de todas).

En este sentido se suele explicar que la perversión más dañina para una sociedad es la de aquellos servidores públicos que tienen la responsabilidad de gobernar, de juzgar o de vigilar: políticos, jueces, policías.

Porque todos ocupan una situación de privilegio. Sobre ellos los ciudadanos han depositado su confianza. Les hemos otorgado poderes concretos y extraordinarios, fuera de lo común: la capacidad de dictar leyes, de gestionar el dinero de todos, la administración de la justicia, la posibilidad de recortar las libertades y decretar prisión, el uso de las armas de fuego, la seguridad ciudadana, la autoridad.

Esos ámbitos tan importantes se debe actuar de forma escrupulosa y, además, la justicia y las fuerzas del orden deben quedar al margen de la política.

No se pueden usar estas dos instituciones del Estado para beneficio propio sino para que se investiguen TODOS los delitos, todos, sin poner especial énfasis en los que a uno le convengan.

Es un horror.

Sin embargo, apenas veo menciones a lo escandaloso que resulta a su vez que haya grabaciones realizadas en el despacho del ministro del Interior que se filtren seis días antes de unas elecciones.

Como contamos este miércoles en ECD, detrás de esta operación hay una clave interesante: una guerra de comisarios.

Es decir, alguien quiere subvertir el mayor ejercicio democrático que puede realizar un país, unas elecciones generales, con filtraciones interesadas.

¿A nadie le pone esto nervioso? ¿De verdad? ¿No les recuerda este episodio a los peores momentos de la historia reciente, cuando las cloacas del Estado nos mostraron su hedionda y nauseabunda sombra? ¿Por qué tantos tertulianos y opinadores ponen su grito en el cielo por lo primero (que lo merece) pero callan sobre lo segundo? ¿No es tan ‘boliviariano’ una cosa como la otra?

Insisto. Fernández Díaz debe dar cuenta de su deplorable actuación. Pero a un servidor también se lo llevan los demonios al conocer que alguien es capaz de grabar de forma ilegal a nuestros dirigentes y utilizar ese material para influir en unas elecciones. Esto también es gravísimo.

Una última cosa. Me entra la risa escuchando las críticas de Pablo Iglesias por este affaire de Fernández Díaz. Porque pregunto: ¿Para qué quiere Podemos apropiarse del CNI? ¿Para convertirlo en una ONG? ¿Para qué quiere Monedero controlar la Justicia? ¿Sólo para hacerse una toga a medida? Pregunto.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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